Los recuerdos de un amigo del Che en una noche de nostalgias
Viajero. Calica Ferrer en Concepción del Uruguay. El compañero del segundo viaje del comandante por Latinoamérica disertó en La Histórica.
El salón de la Escuela Normal estuvo repleto. Es que el encuentro ya llevaba dos viernes de suspensión, y todos los interesados en conocer de primera mano las vivencias de alguien junto al Che Guevara estaban más que ansiosos.
Calica Ferrer tiene 79 años, “uno menos de los que tendría Ernesto, con quien nos conocimos desde que teníamos tres y cuatro años”, recuerda este cordobés de Alta Gracia.
Con una pantalla gigante detrás, y varias de las míticas imágenes del comandante guerrillero coronando la sala, la disertación de Calica discurrió desde la infancia hasta aquel viaje compartido por muchos rincones de América Latina.
“Nuestros padres nos mandaban a las fiestas de cumpleaños de las dos familias, y ninguno quería ir porque siempre terminábamos peleando”, recuerda Calica.
La familia Guevara de la Serna tuvo que emigrar a Córdoba por recomendación del doctor O´Donell, el padre de Pacho, por los serios problemas de asma que padecía Ernesto.
Admirador de su amigo, tampoco ahorra elogios para la revolución cubana y para Fidel Castro.
“Ernesto tenía una personalidad que esperaba una oportunidad, y conocerlo a Fidel desencadenó la figura y la fuerza de lo que sería el Che”, señaló.
De ese mismo tiempo resalta la humildad y el coraje de Guevara, “sólo hay que pensar en esa cantidad de gente en el mar en un barquito como el Granma llegando a Cuba, como decía Ernesto eso no fue un desembarco, fue un naufragio”.
Esta visita a Concepción del Uruguay estuvo organizada por la Casa de la Amistad Argentino Cubana, una organización que ha llevado adelante interesantes conferencias con personajes de la historia argentina.
El viaje
Uno de los párrafos más interesantes y esperados del encuentro fue el relato del viaje junto al Che, un derrotero que comenzó en La Paz, “cruzamos por el lago Titicaca, que Ernesto no lo conocía, y de ahí a Puno, Cuzco, Lima y toda la costa del Pacífico hasta la frontera con Ecuador. Cruzamos en pleno período de guerra hasta llegar a Guayaquil. Todo esto nos llevó tres meses porque viajábamos a dedo, como podíamos. Si teníamos que trabajar como changarines lo hacíamos sin problemas”, relató.
Gran parte de estas vivencias están escritas en un libro de su autoría titulado De Ernesto al Che, donde Ferrer relata gran parte de su vida compartida con el ícono de la revolución.
La última vez que se vieron fue en Guayaquil, “yo me fui a Quito mientras esperábamos un barco, y en ese transcurso el barco llegó y él se fue a Panamá, habíamos discutido por quién se llevaba las fotos y yo le dije que se las llevara él, aún estaban sin revelar. Sé que están en algún lugar de Cuba, pero yo me quedé sin ningún recuerdo de aquel viaje”, rememoró.
Su admiración por el amigo se mezcla con el orgullo de saber que aquel muchacho hoy pertenece a la historia de todo el mundo, lo pone triste la foto de Ernesto muerto en La Higuera, pero se reconforta con los buenos recuerdos y la lucha por los ideales de su amigo.
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