| LIBRO / Hacia el final de la economía de la abundancia
El profeta de las crisis
El profesor español Santiago Niño Becerra, conocido como “el profeta de las crisis” por sus certeros anuncios, describe en este libro las causas de la crisis económica global que se desató en septiembre de 2007, y anticipa que lo peor está por llegar y que la nueva crisis durará toda la década. Una crisis sistémica que marcará el hundimiento definitivo del capitalismo y que solamente puede compararse al crash de 1929.
Por Santiago Niño Becerra
Hacia principios del cuarto trimestre de 2009, la sensación será, previsiblemente, de que se está en el buen camino para solucionar los problemas, de que las medidas adoptadas están dando sus frutos, aunque en un entorno de escasez totalmente alejado de la percepción de bonanza del período 2003-mediados de 2007; esta sensación nacerá del hecho de que, aunque los recursos serán escasos, a base de regulaciones y sacrificios podrá disponerse de lo imprescindible. A partir de octubre de 2009, y debido a la sensación –oficial, sobre todo– de que se está en el camino de la recuperación, posiblemente se ponga fin a las políticas restrictivas y minimalistas que se hayan ido adoptando. A la vez irá tomando cuerpo la idea de que es preciso un nuevo planteamiento para salir de la situación en que se halla el planeta, por lo que se realizarán serios intentos de aumentar la cooperación a nivel internacional que, pese a los buenos deseos, tan poco había avanzado en meses anteriores. Sin embargo, de forma paulatina, y hasta mediados de 2010, se irán poniendo de manifiesto las contradicciones existentes entre la filosofía del actual sistema y la concepción de supervivencia propia de una situación de escasez. En gran medida debido a estas contradicciones, se irá extendiendo la percepción de que “las cosas no funcionan” tal y como, según la actual filosofía, deberían funcionar. Como hemos señalado, la Gran Depresión constituye uno de los mejores ejemplos de la combinación de dos de los peores aspectos que pueden darse en una economía: la sobreproducción y el subconsumo. A principios de 2010 se producirán las primeras manifestaciones evidentes de que una gran crisis está muy próxima, una crisis que no se debe a un sobreconsumo no satisfecho por una oferta limitada, sino a la escasez, tanto de recursos productivos como de capacidad de compra; ésta será una de las semejanzas entre las crisis de 1929 y la que se iniciará en 2010. A partir de mediados del año 2010 la situación se degradará aceleradamente. Se vivirá al día, por lo que el “que cada palo aguante su vela” será ley. El desencadenante de la crisis, lo que hará que se llegue a la conclusión de que la crisis es inevitable, será, probablemente, un hecho que afecte gravemente a la capacidad de obtención de recursos, caso de algún tipo de desastre natural o provocado. Debido a la entrada en crisis de los elementos fundamentales de nuestro sistema, se llega al agotamiento de la capacidad de competición, el espíritu que, desde su nacimiento, ha guiado al capitalismo. La razón será obvia: si el objetivo último es la supervivencia, ¿contra quién competir? Ello tendrá un efecto demoledor sobre los principios que daban sentido al concepto de emprendedor: ¿qué riesgo tomar para hacer algo nuevo si el reto consiste en sobrevivir? Paralelamente, se irá manifestando la falta de disponibilidad energética –petróleo, gas–, así como de la mayor parte de los recursos que son esenciales para la actividad económica, lo que acelerará la puesta en marcha de políticas tendentes a la determinación de las necesidades esenciales. Por eso probablemente se implantará la “regulación en el consumo” –el racionamiento– de muchos bienes y servicios que perfectamente puede ser complementado con alzas en sus precios a fin de forzar la reducción del consumo de los bienes y servicios racionados por debajo, incluso, de la capacidad de producción y suministro de la oferta; el objetivo será, claramente, el ahorro de recursos. Llegados a este punto se manifestará un problema que hoy ya ha sido abordado por algunos expertos: el excedente de factor trabajo de, sobre todo, media, baja o muy baja cualificación que en estos últimos años ha desempeñado tareas de bajo valor añadido y que, en gran medida, aunque no de forma exclusiva, se halla personalizado en la población de origen inmigrante; a esto se añadirán probables tensiones entre esta población y la autóctona debido a la escasez de empleos y recursos. La dinámica regulatoria y de delimitación en vigor puede decidir la conversión de ciertos barrios en lugares vigilados en los que aislar personas no necesarias y calificadas como potencialmente conflictivas y donde llevarán una existencia marginal. Esta política puede llegar a ser ampliamente respaldada debido a las protestas sociales que la situación llevará meses generando y que, en algunas zonas, podrá dar lugar a la aparición de guerrillas urbanas. 2011 será un año especialmente duro; de hecho será el peor de todo el período de crisis, lo que augura protestas sociales, tumultos y procesos reivindicativos. Debido a las carencias existentes, quienes posean activos tangibles, activos palpablemente útiles, tales como recursos o experiencia, tendrán auténtico poder. La especialización y la profesionalización serán, consecuentemente, muy valoradas, al igual que los inventos y las creaciones orientados a la eficiencia y a la optimización, por lo que la productividad aumentará. En un entorno como el descrito se exprimirán hasta el límite los recursos que se utilicen, incluido el factor trabajo, por lo que la sensación de “explotación” reaparecerá. Fácilmente se alcanzarán pactos y acuerdos a fin de coordinar políticas, aunque no excesivamente rígidos, caso del impacto sobre el clima de los procesos productivos realizados según el nuevo enfoque, pudiendo llegarse a tomar medidas correctoras, aunque no por filosofía ecológica, sino debido a las consecuencias negativas que el cambio climático tiene sobre los recursos y su disponibilidad. Debido a ello, es previsible que entre los años 2012 y 2015 se imponga un modelo de economía regulada en todos los países. La población asumirá las regulaciones debido a que éstas supondrán reducir su nivel de preocupación y de incertidumbre, pero también porque el paso en menos de cuatro años de una situación en la que los responsables económicos y los líderes políticos pregonaban las bondades del momento a otro de carencias generalizadas ha sumido a las ciudadanías en un auténtico estado de shock. La regulación de la economía supondrá, de facto, la implantación de una economía de subsistencia, en la que los intercambios se reducirán a un nivel muy primario, y se recurrirá, en muchas ocasiones, al trueque. En ese escenario, el apoyo de instituciones y Estados estará dirigido, de forma específica y concreta, a las técnicas y los procesos orientados a la transformación de los recursos a fin de aumentar su utilidad y su aprovechamiento. En este entorno, una de las figuras que experimentarán una transformación más profunda será la del Estado.
En efecto, durante los años de crisis la importancia de las corporaciones aumentará aceleradamente consolidando un proceso que ya empezó en los años ochenta; este protagonismo creciente de las corporaciones se producirá a costa del papel del Estado: aquéllas irán desempeñando roles que hoy éstos llevan a cabo; de hecho, el declive del papel del Estado será uno de los signos más significativos de que el sistema político aún vigente está muriendo, al haber evolucionado el Estado hacia una posición cada vez más prescindible.
Las corporaciones irán ganando poder en la vida económica y social, y la población lo asumirá y aceptará debido a su mayor operatividad en la gestión de unos recursos crecientemente escasos en comparación con unos Estados que se mostrarán impotentes para funcionar en un entorno que en nada se asemeja al que tenían que administrar apenas unos años antes; la población aceptará el poder de las corporaciones porque, de hecho, las corporaciones ya ostentarán el poder real cuando la población se aperciba de ello, debido a la creciente sensación de inseguridad económica producida desde septiembre de 2007, que ha ido preparando el camino a una olea da de absorciones empresariales que habrán ido alimentando ese poder corporativo.
En gran medida desarrollado por este poder corporativo, uno de los campos que a lo largo de estos años experimentarán un avance espectacular será la biotecnología en todos los posibles aspectos con ella relacionados, incluida la genética, lo que dará completo desarrollo al concepto de wetware (el hardware construido con elementos biológicos); el objetivo de tales avances será la mejora de elementos específicos de diversos subsectores bajo la óptica de la utilidad, la eficiencia y la productividad. A lo largo del cuarto trimestre del año 2012 serán visibles los primeros signos de que la fase más dura de la crisis habrá pasado. Se manifestará una mayor accesibilidad a algunos bienes y servicios baratos de primera necesidad que ayudará a sobrellevar la generalizada situación de carencia; en esta línea es posible que se legalice la marihuana del mismo modo que la Volstead Act, la Ley Seca, fue derogada en 1933, durante la Gran Depresión; tal vez también sea gratuito el acceso a múltiples canales de televisión orientados al entretenimiento de una población en gran medida desocupada. Entre los años 2015 y 2018, aunque todavía con innumerables problemas, se producirá una paulatina recuperación, pero no como hasta ahora ha sido tradicional tras los períodos de crisis, basada en el consumo: el binomio “crédito barato-dinero fácil” característico del período 2003-2007 está acabado, esa vía jamás volverá. En consecuencia, al basarse la recuperación en la eficiencia, es decir, en la productividad, los ingentes excedentes de factor trabajo tan sólo podrán ser mantenidos con la implantación de un subsidio de subsistencia que asegure a esa población excedente un mínimo vital. La recuperación, por tanto, deberá sustentarse en una re estructuración de las relaciones productivas, en el desarrollo de nuevos recursos energéticos y materias primas, a lo que contribuirán los espectaculares avances de la genética. A lo largo del 2018 se irá asentando la percepción de que la crisis estará finalizando. A finales del 2018 la crisis se dará definitivamente –oficialmente– por concluida; sin embargo, nada será ya igual que antes de su estallido en el 2010.
Una de las consecuencias que esta crisis sistémica va a tener es el fin (el principio del fin) del pensamiento en singular, en individual; a partir de esta crisis se va a empezar a pensar a nivel grupal, global, sí, pero no tanto desde una perspectiva de “el conjunto de todos hacen un todo” como de “la suma de cada uno forma un colectivo”. En el fondo una nueva forma de entender el sistema: un cambio en el sistema. Pienso que Inglaterra se halla especialmente preparada mental y prácticamente para abordar ese cambio. Su no pertenencia a ningún club le permitirá hacer lo que crea más conveniente; su mentalidad anticipativa le hará ver que la colaboración multidimensional con un administrador neutral –el Estado– puede ser muy provechosa (pienso que no es imposible que en el próximo gobierno británico sea de unidad para “superar los difíciles momentos en que está inmersa la nación”); su carácter eminentemente práctico le va a permitir tomar decisiones y actuar pensando tan sólo en el objetivo final, con todo lo que ello comporta, naturalmente. ¿Que para acompañar al té sólo se dispone de una galleta? Pues una galleta. ¿Que para que aquellas personas estén ocupadas han de barrer? Pues que barran. ¿Que la banca –la totalidad de la banca– debe ser nacionalizada de forma que todo el país sostenga las entidades que canalizan y posibilitan la circulación financiera? Pues se hace. Es la nueva versión de lo que una corporación debe ser.
En estos años de precrisis y en los venideros de crisis, los estudios que están captando una mayor atención son, y serán, los relacionados con el ámbito económico y los que tengan aplicación en el ámbito económico; a la vez, es previsible que la economía vaya adoptando el rol de ciencia que se ocupe de la mejor forma de administrar unos recursos que ya son escasos y que cada vez lo serán más.
Cabe finalizar este capítulo con una reflexión que, en gran medida, lo resume, una cita que podría ser calificada de premonitoria. Su autor es Xavier Mariscal, de profesión, escultor y diseñador gráfico. La pronunció comentando, en una entrevista realizada por Llàtzer Moix y publicada en el periódico La Vanguardia el 15 de diciembre de 2005, una de sus obras: Estallido de un Chevrolet Impala de 1959. Esta es la cita: “La época de despilfarro del capitalismo se ha acabado, o está tocando a su fin. Entiendo que en los 50 se diseñaran automóviles como el Impala, que era un alarde de belleza, de decoración. Pero me parece que en un mundo masificado todo eso es insostenible, que hay que ajustar los productos a las necesidades. Porque, al fin y al cabo, ¿qué es un coche? Pues es una sillita con ruedas para cuatro personas. No hace falta que se convierta en una falla ni permitir que consuma un litro más de lo imprescindible. Por eso he hecho este Impala en el momento de su estallido, para simbolizar un ‘hasta aquí hemos llegado’ de la civilización de la abundancia”.
http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0473/articulo.php?art=21964&ed=0473
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