| POLITICA
El sueño de la razón
Con una bienvenida ligereza de tono
y rigor en la investigación,
Sergio Kiernan repasa los disparates más inimaginables que
engendró la política nacional
Por Sergio Di Nucci
Delirios argentinos: las ideas
más extrañas de nuestra
política
Sergio Kiernan
Marea, 2006
196 páginas
Argentinos y argentinas miramos al resto de
los países
de Latinoamérica con una mezcla de compasión y zozobra
por escenarios y escenografías que encontramos barrocos,
excesivos, gratuitamente monstruosos. Pero si un país de
este lado del planeta hizo mayores esfuerzos por alcanzar esos
escenarios, fue Argentina. Si no lo sabíamos, nos enteramos
gracias a este lúcido ensayo de Sergio Kiernan, que narra
con sabiduría y con necesaria y bienvenida ligereza de tono
algunas de las más extremas inverosimilitudes, fatalmente
muy reales, que hemos forjado, o hemos padecido. Delirios argentinos
erige un catálogo —ágil, bien entretenido— de
los delirios que promovió Argentina, desde sus intelectuales
epónimos hasta ciertos partidos políticos y grupúsculos
de variado tinte ideológico. No hay que olvidar, según
señala Andrew Graham—Yooll en el prólogo, que
los delirios descritos con pasión de entomólogo por
Kiernan ocurrieron “en vida de muchos de los que vivimos
hoy, y también en vida de algunos de los que son nuestros
gobernantes”.
El volumen está dividido en dos grandes partes, separadas
por un breve interregno dedicado a las ideas que profesa un grupo
llamado Tradición, Familia y Propiedad, nacido en Brasil
pero bien arraigado y con desarrollos propios en Argentina. La
primera parte está dedicada a los delirios promovidos por
figuras y grupos tradicionalmente asociados a la derecha. Desfilan
los fascistas, o nazis, o antisemitas Juan José Hernández
Arregui, Hugo Wast (que fue director de la Biblioteca Nacional),
Jauretche, Julián Martel, el economista Walter Beveraggi
Allende, el chileno Alexis López Tapia, Alejandro Biondini,
Marcos Ghío, el sociólogo Norberto Ceresole (ex asesor
de Hugo Chávez).
El díptico estaría incompleto sin los delirios que
se promovieron desde la izquierda, aun cuando se tratara, en estos
casos, de efusiones mucho menos cruentas. A ellos está dedicada
la segunda parte. Desfila en primer lugar el llamado posadismo,
una corriente socialista que profesa el Pacto Galáctico
con la intención de superar el capitalismo y promueve sesudas
discusiones sobre la sociedad sin clases en otros planetas. No
falta un Partido, el Comunista Revolucionario, que es maoísta
y denuncia a los rusos como los verdaderos imperialistas, reivindica
a Seineldín y define a Página/12, con una ingenuidad
conmovedora, como “órgano del Partido Comunista”.
O el propio Partido Comunista prosoviético, cuya historia
se ha jalonado de decisiones inexplicables o delirantes, hasta
el punto que afiliarse a él durante la dictadura del Proceso
significaba, en palabras de Kiernan, un ambiguo salvoconducto para
la seguridad personal.
“¡Vienen por el agua! (y la tierra, y el aire): un
mito de la izquierda light” es el capítulo que cierra
con brío este libro. Porque el autor refiere las ideas hoy
tan oídas y repetidas que combinan xenofobia, horror religioso
hacia el consumo, y un nacionalismo que carga contra todo y todos:
que “en los ochenta “se llevaron” la industria,
en los noventa “se llevaron” la deuda y las empresas
nacionales, y en este dos mil “vienen por los recursos naturales
que faltan (agua, tierra, aire)”. Es esa otra afición
argentina la que Kiernan ejemplifica aquí ricamente: la
de cargar las responsabilidades en los otros, como si el argentino
fuese siempre una víctima ultrajada que no sabe qué ocurre.
Entre los méritos del volumen se cuenta el de intentar
comprender qué lleva a personas, grupos y sociedades a construir
delirios, a convencerse de ellos, y promoverlos. Porque es cómodo,
y falso, limitarse a postular la locura y la maldad de las gentes.
No es cierto que el motivo central de la invasión a Irak
haya sido el petróleo: existieron razones más de
fondo, unidas a convicciones mucho más idealistas, que desde
luego se combinaron con otras más materiales. Personas como
Camps, Videla, Bussi, creyeron que estaban haciendo las cosas bien,
que estaban haciendo “su revolución y tenían
su enemigo”. Tampoco invita Kiernan al escepticismo político,
a abandonar los fueros políticos en virtud de un panorama
desalentador por irracional. La apuesta es más bien por
la vocación de permanecer en la Historia sin por ello sacrificarse
a las ilusiones del Sistema, de los sistemas, siempre más
pobres que la rica realidad. No parece seguro que los delirios
argentinos dejen de reaparecer periódicamente y a veces
volverse pesadillas. Y justamente, ¿no será el de
las clases medias entrerrianas, según insiste el film No
a los papelones, el penúltimo de nuestros inevitables delirios
nacionales?
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-2419-2007-01-29.html
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