Historia

Simpatías por el biografiado

Por Pacho O Donnell

El loco Dorrego
Por Hernán Brienza
Marea/368 páginas/$ 38

 

Carlyle escribió: "Una vida bien escrita es casi tan rara como una vida bien vivida". A esa empresa se animó Hernán Brienza, apoyado en un personaje fascinante de nuestra historia que no ha merecido la atención de los historiadores tradicionales ni tampoco la de los revisionistas. El loco Dorrego le hace justicia al primer líder popular de nuestra patria, amado por la chusma de mulatos, gauchos, indios y orilleros, quienes veían entonces en él a alguien sensible a sus intereses. Es revelador que el general Iriarte, en sus Memorias , al referirse al aspecto desaliñado que a veces exhibía Dorrego, escribiera que lo hacía para ganarse el favor de los "descamisados". Fue la primera vez que esa palabra irrumpió en nuestra historia.

Brienza, quien a contrapelo de la clásica exigencia de objetividad historiográfica no oculta su simpatía por el biografiado, sigue la vida de Dorrego desde sus primeros pasos y su ingreso al Real Colegio de San Carlos, donde competía con condiscípulos de mayor alcurnia, a los que superaba en audacia e inteligencia. Luego vendría su activa participación en las invasiones inglesas, en las jornadas de Mayo y su compromiso con la independencia chilena. Con escritura fluida, el autor describe las andanzas del joven arrogante y apasionado, capaz de insolencias ante Belgrano o Pueyrredón, pero también jefe de caballería fundamental en los triunfos de Salta y Tucumán, y ausente añorado, por castigos disciplinarios, en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. Dejándose llevar por su inocultable subjetividad, el autor adjudica a don Manuel la creación de la guerra de guerrillas, relegando a Güemes al papel de continuador.

Hay pasajes de El loco Dorrego especialmente interesantes. La circunstancia de que, por ejemplo, a raíz de los intrincados vericuetos políticos y militares, Dorrego combatiera contra José Gervasio Artigas, quien más se le parecía en sus ideas federalistas. También está bien documentada la relación de Dorrego con Simón Bolívar, en cartas que lo revelan como un verdadero estadista, con ideas claras acerca del destino americano. Pero quizá lo más logrado del libro sea la recopilación de textos periodísticos y discursos de Dorrego en la Legislatura como acerado adversario de Rivadavia y sus partidarios, quienes adherían al centralismo y al elitismo en desmedro de las provincias y de la plebe; así anticipaban el desigual combate entre la supuesta civilización y la barbarie. Allí emerge con claridad su ideario republicano y democrático, que se adelantaba a su época: "Se dice que todos los gobiernos son igualmente buenos; pero es mejor para el país, estrictamente hablando, aquel que sea la expresión del voto público y que esté más en contacto con el pueblo, o para hacer su felicidad o para conocer los males que se sienten y poderlos remediar." Acierta el autor cuando escribe que el 13 de diciembre de 1828 -fecha de lo que debe llamarse el asesinato y no el fusilamiento de Dorrego- "mueren definitivamente los principios que sostuvieron algunos de los hombres más esclarecidos de Mayo de 1810 y el golpe decembrino no es más que una matriz de los posteriores golpes de Estado".

El infortunado Dorrego representó, sin duda, el mayor intento de hacer de Mayo un movimiento asentado en la voluntad popular. Se percibe en la atractiva escritura de El loco Dorrego , título no especialmente feliz, la experiencia del autor en el género biográfico, en el que ya había incursionado al escribir sobre Alfredo Palacios, John William Cooke y Mario Santucho. Además de otra de oscura actualidad, la del sacerdote Christian Von Wernich, en la misma editorial Marea, que viene distinguiéndose por sus cuidadas ediciones.

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