La Patagonia vendida

Gonzalo Sánchez tiene 29 años y es periodista. Trabaja en la revista Noticias, donde escribe de política e información general. Fanático de la Patagonia, viajó al sur más de diez veces en los últimos años para investigar cómo, cuándo y porqué más de media docena de millonarios extranjeros (Ted Turner y Benetton, entre ellos) se quedaron con cientos de miles de hectáreas de tierras, lagos y montañas de postales. Lo que sigue es una charla con Sánchez, que acaba de publicar el libro La Patagonia vendida (Ed. Marea), donde cuenta todo lo que descubrió en el sur.
-¿Cómo y cuando se te ocurrió el libro?
-Hace dos años y medio, cuando la Justicia de Chubut falló a favor de Benetton en un conflicto por la tierra con una familia mapuche, descubrí que el fenómeno de extranjerización de la Patagonia era cada vez más agudo y que así como Benetton se había convertido en el terrateniente más grande de la Argentina, otros hombres, todos multimillonarios, se habían instalando en el sur del mundo. Perseguían distintos objetivos, pero a todos los fascinaba lo mismo: instalarse en un lugar único por sus bellezas naturales y por sus recursos, comprar tierra maravillosa a un costo bajísimo y sentirse el primer hombre en una región prácticamente despoblada, donde está todo por hacer.
-¿Qué plantea el libro? ¿Qué intenta reflejar, contar, mostrar?
-La idea inicial era contar quiénes son estos hombres, qué compraron en el sur del país y cómo lo hicieron. Quiénes fueron sus intermediarios, cómo conocieron la Patagonia y cuáles son sus planes. Pero me propuse contarlo como una gran crónica de viajes. Porque de movida, el plan fue ir a cada una de las tranqueras de estos nuevos terratenientes. Creo que funcionó.
-¿Cúál de todos los magnates que entrevistaste te cayó mejor? ¿Porqué?
-Douglas Tompkins. Es seguidor de un movimiento llamado Ecología Profunda y sus proyectos en la zona tienen que ver con la nacionalización de tierras y no con la extranjerización, como se cree. El hombre compra tierras para conservar. Y no son sólo palabras. En Chile hizo una donación importante, de casi 700 mil hectáreas. Y en Santa Cruz también: donó las 60 mil hectáreas que forman el Parque Nacional Monte León, el único sobre la costa continental argentina. Es un personaje riquísimo para narrar y también polémico.
-A pesar de sus diferencias, ¿existe un denominador común en ellos?
Sí, dos: sus fortunas, todas siderales, y la misma fascinación por las bellezas patagónicas.
-¿Cuál fue el mejor momento de la investigación? ¿Porqué?
-Cada vez que me subí a un micro para ir en busca de uno de estos tipos, sentí que entraba en otra sintonía. En una forma de hacer periodismo de campo que ya no se hace: el cronista que viaja para contar. Lejos, un día Lewis me pidió que lo esperara a las doce del mediodía en la tranquera de su campo, en El Bolsón, y ahí fui. Estaba esperando en el medio de la Patagonia y de repente apareció Lewis en su helicóptero Bell. Increíble. Bajó, me hizo subir y volamos hasta su mansión a orillas del lago Escondido.
-Después de varios años investigando, ¿Qué conclusión te dejó el libro? ¿Qué es hoy la Patagonia?
-Lo que digo en la primera línea: “La Patagonia es argentina sólo por casualidad”. Durante muchísimos años, los gobiernos locales le dieron la espalda, mientras viajeros llegados de todo el mundo se asentaban para poblarla. Así pasó en Tierra del Fuego, en Santa Cruz, en Chubut. Los primeros hombres fueron salesianos llevando la cruz, ingleses decididos a gobernar el comercio marítimo, daneses, galeses, polacos y chilenos. Los argentinos comenzaron a poblarla mucho tiempo después. Y ahora pasa algo parecido. Quienes pusieron rumbo sur, son los hombres más ricos de la tierra y pareciera como que los argentinos, otra vez, nos acordamos tarde. La Patagonia, más allá de esto, es increíble y fabulosa y creo que se puede coexistir plenamente con los nuevos vecinos.
-¿Podemos decir aún que la Patagonia es “nuestra”?
-Sí, claro. En lo formal sí.
-Hoy el conflicto pasa, por un lado, por los intentos de cortar los alambres por parte del impresentable D´elía y por el otro, las denuncias alarmistas de Carrió (”vienen por el agua”). ¿En dónde podemos situarnos frente a la cuestión de las tierras, los recursos naturales, etc?
-Creo que los argentinos somos especialistas en inventar paranoias. Y que hay mucha información tendenciosa alrededor del tema. Nadie está envasando agua mineral y por otro lado, el acuífero guaraní llega hasta la Pampa Bonaerense. Quiero decir, no sólo Tompkins está encima de esa resrva de agua. También vos y yo en este momento estamos encima del acuífero. No creo que expropiar sea una solución. Creo la discusión recién empieza. Yo inicié está investigación cargado de prejuicios, creía que venían por todo y después descubrí que hay matices intermedios que describen otra historia..

 

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