LOS PLACERES Y LOS LIBROS

Amores literarios y gula noble

 

"Hace unos meses se lo vio a Enrique Vila-Matas recorriendo un tanto nervioso la ciudad de Buenos Aires. La cuestión es que lo acompañaba un grupo de gente genial pero muerta": esto es una nota no al pie sino al costado de la página en el curioso libro "Los viajes de Eros", de la argentina Malele Penchansky, periodista y gurmetesa que ha sabido aunar literatura y cocina de un modo divertido e ilustrado. Cocina y letras, he ahí una fórmula que han intentado desde Isabel Allende a Laura Esquivel. Más gracia tiene, según mi paladar, este libro de Malele. Cerca de esas palabras sobre el posero de Vila-Matas, Malele brinda la receta de unos mejillones a la clem para cuatro personas, agregando que conviene un Sauvignon-Blanc, y unos cantos de la mallorquina María del Mar Bonet.

"Cuando en 1992 Mia Farrow descubrió en la casa de Woody (Allen) las fotos de Soon-Yi, sin bombachita, en poses parecidas a las de las chicas de la revista Penthouse", habría gritado algo así como "I’ll kill you". Soon le había convidado a Woody un cerdito vietnamita agridulce (no es metáfora de sus partes pudendas) que el célebre jazzista amateur saboreó sin dios ni ley. De muchas cosas, apócrifas o verídicas, nos vamos informando en estas páginas. Dícese que Italo Calvino, nacido en Cuba pero norditaliano, apasionóse por "la actriz Elsa De Giorgi, una gordezuela exuberante e hiperbólica a quien Rafael Alberti definió en algún momento como ‘la contessa obesa’". Calvino, nada calvinista, le habría escrito esto: "Cara, levadura de mi vida, color de mi retina, perfume, sol, cuando te poseo me parece que siempre he de caminar por sobre el mundo como si anduviese a caballo". Confiesa desear "besarte", "comprimirte", "poseerte". Y Malele nos indica cómo preparar un tocino del cielo al modo andaluz, escuchando durante su deglución a Gabo Ferro. Ustedes sabrán quién es.

Dice la contratapa que "Eros sale de viaje y se lleva consigo a grandes personajes de la literatura, el arte y la cultura", quienes no sólo crearon sino que amaron sensualmente y comieron lo suyo. A las artes culinarias se agregan otras de parecido nombre para ir aderezando anécdotas de alto corte intelectual y/o filosófico, cuando no musical o pictórico. Malele, experimentada matrona, nos deja telele y con punzante apetito. Para quienes gusten del roedor de orejas largas, veloz copulador, se ofrece un guiso de conejo amalelado, sin escatimar vino blanco, ajo, panceta (tocino), aceite de oliva, sal y azúcar. Y, luego, a compenetrarse en una siesta dual.

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