En el caso Belsunce llegué a llenar mi bañera para ver mejor la escena del crimen”

Florencia Etcheves. Dueña de una memoria envidiable, la periodista de policiales se reconoce obsesiva y dice que es una médica forense frustrada.
Escucharla haciendo el relato de una nota, mencionando nombres, juzgados, jueces y fiscales sin recurrir a ninguna anotación es realmente sorprendente. Ella, Florencia Etcheves, sabe que ese detalle no pasa inadvertido. “Mi memoria es mi mejor capital”, reconoce cuando se le hace mención a su gran capacidad para recordar datos.

Etcheves se encarga de cubrir notas policiales para el noticiero de canal 13 y Todo Noticias, y en sus comienzos tuvo como maestro nada menos que a uno de los grandes del periodismo policial de la Argentina, Enrique Sdrech. Ahora afianzada reconoce que “El turco”, como le gusta nombrarlo, la marcó en muchas cosas a lo largo de su carrera. “Fue mi maestro, era muy generoso y siempre bajaba una línea de responsabilidad, era muy apasionado y obsesivo y eso me lo pegó mucho. Hoy a la distancia cuando me vuelvo muy loca con algún caso digo, estoy como El Turco”, reconoce con un poco de nostalgia.

Pero la memoria es una virtud que descubrió hace tiempo y fue manejando desde su época en el colegio. “Cuando estudiaba, me daba cuenta de que con leer una o dos veces me alcanzaba, porque tengo mucha memoria visual y fotográfica. Como mi memoria es tan minuciosa me pasaba que si tenía que escribir todo lo que recordaba, se me cansaba la mano, entonces trataba de que me tomaran oral. Para eso, se me ocurrió hacer letra muy fea para que no se entendiera y así me tomaran oral. Eso lo logré, pero me quedó una letra horrible para siempre”, dice entre risas.

En lo cotidiano la cosa no es muy diferente, si bien usa agenda cuenta que anota las cosas que tiene que hacer pero que después no abre la agenda porque le queda todo grabado después de escribirlo. Pero su prodigiosa memoria no fue suficiente para realizar su trabajo de la mejor manera, tal cual lo hace hoy. “Me tuve que relajar un poco porque entre que hablo mucho, rápido y a veces tengo voz de pito se tornaba insufrible. Ahora trato de recrear las situaciones y contar las historias con los datos que tengo, antes recitaba las causas”, explica.

Sin embargo, detrás de la seriedad que muestra a diario en la pantalla del noticiero, Florencia posee un gran sentido del humor y se divierte con las fotos que le propone Semanario. Verborrágica pero precisa a la hora de explicar, reconoce que en algunas oportunidades se ha llegado a obsesionar con casos que le tocó cubrir. “La muerte de María Marta García Belsunce me atrapó de una manera especial, recuerdo que una vez llegué a mi casa y llené la bañadera para tratar de reproducir lo que había pasado en el baño de María Marta y analizar cada una de las cosas que se decían habían sucedido. Otra vez fui a ver a una bruja para que me tirara las cartas y me dijera qué iba a pasar con Carrascosa...¡y acertó! Me dijo que lo veía salir esposado.”

Florencia sentía curiosidad por los hechos policiales, desde chica, aunque en ese momento pensaba en estudiar medicina. “Soy una frustrada médica forense. No estudié medicina porque la carrera tiene mucha física y química, y con los números soy un desastre, me atrae eso de que un cuerpo que ya no está vivo termine hablándote, es como ser psicólogo de los muertos; me parece muy interesante”, reflexiona.

Se siente una privilegiada de cobrar por hacer lo que en realidad más le gusta y asegura que cuando está en una nota donde hay mucho para contar, es capaz de no sentir ni el frío ni el calor. “A veces me emociono tanto con lo que estoy haciendo que no me doy cuenta de que hace 40 grados, realmente me apasiona mi trabajo. Además creo que mi mejor versión es la de estar en la calle, por ahora no me imagino trabajando adentro de un estudio de televisión, la calle tiene una adrenalina muy particular”, cuenta convencida.

El gusto por el trabajo que realiza la ha llevado a publicar su primer libro junto a dos colegas, con los que le tocó compartir su trabajo. “No somos ángeles” es el nombre del libro que escribió junto a Liliana Caruso, y Mauro Szeta. “El libro salió de una manera muy loca, al cubrir notas policiales te vas enterando, de cosas que no tienen que ver con las causas, de historias paralelas, de esas que hablan los jueces y los fiscales cuando van a tomar un café. Yo las escuchaba y las anotaba. Después conocí a Mauro y Liliana, que hacían lo mismo, entonces nos empezamos a juntar a intercambiar todo el material que teníamos, hasta que lo transformamos en un libro, porque nos parecía muy divertido”. A la hora de contar una de las anécdotas que se cuentan en el libro, piensa un poco y comienza a reírse antes de empezar. Sí, tiene que ver con el caso María Marta. “El día de la sentencia de Carlos Carrascosa era un lío bárbaro, la nota que había que tener era la palabra del fiscal Molina Pico, pero él salió serio y no habló con nadie, se fue caminando hasta la esquina, se subió a un auto azul y desapareció. Todos pensamos que era algo que tenía planeado de antemano. Después nos enteramos que salió tan conmocionado con todo lo que pasaba que cuando llegó a la esquina vio un auto, abrió la puerta y se subió, pero no conocía al que conducía. De hecho el que manejaba era un vecino que pensó que lo querían asaltar. Soy el fiscal Molina Pico, por favor sáqueme de acá, le dijo al hombre que lo sacó, pero a cambio lo tuvo dando vueltas para que le contara lo que había pasado en el juicio”.

Cuando se le propone pensar en el futuro Florencia proyecta la vida de su hija, y la propia junto a su pareja actual. Con el periodismo pasa lo mismo. “Seguramente estaré haciendo periodismo, de una u otra manera. No me imagino en la fantasía de vivir en el medio del campo”, termina.

Esteban Veiga
Fotos: Marcelo Escayola

 

 

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