| Revista
Noticias – 24 de julio de 2004
Escritura y libertad
Por Maximiliano Tomas
**** En julio de 1963, ya alejado de la Argentina
donde había vivido, un escritor polaco provocaba, a través
de una carta, a sus ex compañeros de tertulia literaria que
a la distancia le censuraban ciertos aspectos de su vida privada:
“Sus vociferaciones de inmundicia me suenan archiburgesas.
Ustedes en general son unos pitucos y también, creo yo, unos
reprimidos e hipócritas, y les aconsejaría a todos
que, en vez de dedicarse a interminables discusiones acerca de mi
homo (el tema les interesa, según parece) se acostasen entre
sí un día de estos para ver cómo es esto. Qué
triste país, tan puto y tan torcido, donde nadie se atreve
a darse el gusto”. La firma al pie de la página –que
destila un fino desprecio por cualquier intento de estigmatización
sexual– es de Witold Gombrowicz, por entonces un incomprendido
y hoy considerado uno de los escritores más importantes de
la literatura nacional del siglo XX. El espíritu de la carta
respondía al pensamiento profundo de Gombrowicz, que tiempo
antes había escrito: “¿Quieres saber quién
eres? No preguntes. Actúa. La acción te definirá
y determinará. Sólo una acción directa es auto
creación. El resto es retórica, cumplimiento de esquemas,
bagatela”.
Como propulsado por esta sentencia –muy similar, por cierto,
a la “moral de acción” propuesta por Sartre–
el escritor y periodista Osvaldo Bazán encaró una
obra, en muchos sentidos, monumental: una historia de la homosexualidad
en la Argentina, desde la Conquista de América y hasta nuestros
días. El resultado es este libro, necesario en un país
donde la bibliografía sobre sexualidad pocas veces escapa
de lo previsible o lo académico. Más allá del
título, que puede sonar un poco decimonónico (¿se
puede contar la historia, cualquier gran historia, después
del declamado fin de la modernidad?) Bazán asume un desafío
al que nadie antes se había animado, y construye un relato
que con el correr de las páginas gana en ritmo e interés.
Y en rigor de verdad, más que la historia de la homosexualidad,
lo que cuenta es una “historia de las persecuciones”
que sufrió el ejercicio de la sexualidad a través
de los siglos, por parte del poder establecido. Una crónica
aterradoramente entretenida, que no pretende iluminar a los entendidos
–que son tan pocos– sino dirigirse al público
en general. Así, en capítulos cortos de prosa ágil,
el lector se encontrará, por ejemplo, con el marcado tinte
sexual que asumían los métodos de tortura de la Mazorca
en los tiempos de Rosas; con anécdotas poco conocidas del
mundo del tango, los compadritos y el gran prostíbulo que
era –incluso a metros de la Casa Rosada– la Buenos Aires
de principios del siglo pasado. O se topará con la vida de
Gabriel Iturri, un joven tucumano que sería amante de un
conde francés en París, despertaría los celos
de Paul Groussac, y a quien Marcel Proust convertiría en
uno de los personajes de “En busca del tiempo perdido”.
Tal vez muchos vean en la intención totalizadora de Bazán
uno de los pocos defectos del libro, y no estarán errados:
esta pretensión lo lleva a dedicarle un tratamiento similar
a tópicos dispares, cuando ciertos temas habrían exigido
un mayor análisis y desarrollo. Y otros, inevitablemente,
se le escaparán. Aunque nada de esto invalide su importancia.
Porque, si como señalara Sartre, los actos de los hombres
deben tener como última significación la búsqueda
de la libertad (y escribir es, a la vez, “un modo de querer
esa libertad”) Bazán ha dado, desde su doble condición
de escritor y militante gay, un gran paso en esa dirección.
|