Me resistí a tocar este tema, pero me es inevitable. Tengo que hacerlo porque, aunque confieso que me tuvo confundido por mucho tiempo, hoy estoy contento por la ley de matrimonio homosexual. Creo que es un derecho básico el poder elegir con quien casarse, y además estoy seguro que le hace bien a la familia tal y como la conocemos. Contra lo dicho en la marcha naranja, creo que esto no hace más que reforzar el concepto de familia en momentos en que -estoy casi seguro- la familia se está yendo al carajo. Brindo por que se integre a esta minoría, que no por minoría deja de ser parte de la sociedad. Me enoja que algunos crean que una familia es mamá + papá, porque lo cierto es que no es así y me baso en las miles de madres y padres solteros de nuestro país, en los miles de chicos y chicas menores de edad que huyen despavoridos de sus casas por culpa de sus padres y sus madres que de tan heterosexuales llegan al abuso. Sobran los ejemplos, me tocó conocer varios casos y juraría que esos chicos estarían a salvo con dos papás y con dos mamás en vez de la pareja mixta que les tocó en suerte. Quizás es casualidad, pero de las varias parejas gay que conozco, la mayoría lleva al menos diez años de convivencia. A mis 32 años, jamás superé los tres años “de novio”. Sí, hay de todo en la villa del Señor, pero justamente por eso me niego a estigmatizar a un grupo.
Creo que esta ley es casi simbólica (una “lucha nominal” leí hoy, de pura retórica y de puro poder), dudo que los gays vayan masivamente al registro civil a casarse, pero estoy seguro que me va a obligar a a explicarle sin vueltas a mi hijo (el día que lo tenga) que existe mamá y papá; papá y papá; y mamá y mamá. Y sé que lo voy a hacer bien, sé que lo va a entender bien y que nada malo le va a pasar por tener que vivir en esa realidad.
Creo que fue mucho más violenta la primera vez que vi a dos hombres besarse, fue como un cross a la mandíbula, una revolución en la panza: a mí nadie me había dicho que eso existía. Después pregunté y cualquier descalificación fue poca, y confieso que aún hoy a veces me choca la imagen. Y sí, durante toda mi adolescencia fui un homofóbico de ley, me repugnaban los gays aunque, obvio, me calentaban mucho las lesbianas. Por suerte crecí, y todo cambió.
Recuerdo una pregunta que le hice a mi viejo, hombre católico y conservador como pocos, sobre cómo tenían sexo las lesbianas. Yo tendría unos doce años y fue gracioso porque fue la única pregunta que le hice sobre el tema a mi papá; digo, jamás hablé de cómo iba a tener sexo yo mismo o que hacer con mi propio pito: fui a las lesbianas derecho, y el hombre, aunque nervioso, atinó a un “Hay otras maneras de estimularse” y siguió mirando tele (y me imagino, implorándole a todos los santos que el crío deje de preguntar). Ahora recuerdo que no condenó nada, no me dijo que era una monstruosidad o una deformación, sólo que “hay otras maneras”. Por estos días, muchos años después, dio algunas otras explicaciones de orden jurídico y filosófico, aunque jamás le escuché una condena o descalificación en serio. Se ríe, se burla, busca mi indignación y es interesante lo incorrecto que puede ponerse. Es casi transgresor y me gusta. Es que creo que tampoco hay que hacer de la homosexualidad un culto, es un hecho, algo que ocurre y ya, hay que naturalizarlo y dejarse de joder. No es tan grave… Creo que a mi viejo los años le pegaron bien, aunque posiblemente esta ley le indigne por otros motivos.
En fin, brindo por esas “otras maneras” que hoy tienen los mismos derechos de quienes por naturaleza (como ellos, como todos) tenemos “las maneras” de la mayoría, porque somos un poco más iguales, al menos ante la ley. Lo que lamento, entre tantas cosas que lamento, es que la Iglesia todavía los haga a un lado y espero que alguna vez cambie su posición. Y realmente lo espero porque todavía escucho lo que tantos curas en quienes confío me dijeron hasta el hartazao: “Dios es amor”.
Próximo libro a leer, apenas termine mi pilita de la mesa de luz: “Historia de la homosexualidad en la Argentina”, de Osvaldo Bazán, periodista a quien miro de lejos por pura timidez, pero a quien le reconozco varios aciertos y espero entrevistar en breve.
Quizás cuando pase un poco el temblor. Sé que el hombre luchó a pulmón por esta ley y ahora está algo exitado con el triunfo (juega a decir que es “la ley Bazán” en Facebook) y está desparramando boludeces propias de su felicidad. Ojo, que cuando habla en serio, más vale prestar atención…
Este periodista y escritor, quizás el mejor representante que tiene la comunidad homosexual en el país, tiene un par de cosas para enseñarnos a muchos heterosexuales.