| MEDIOS: GUSTAVO SIERRA, CORRESPONSAL
DE 'CLARÍN' EN BAGDAD Y KABUL: 'LA GENTE QUIERE QUE LE CUENTES
HISTORIAS'
CON MOTIVO DEL LANZAMIENTO
DE SU LIBRO 'KABUL-TEHERÁN-BAGDAD.
RELATOS DESDE LOS CAMPOS DE BATALLA' (EDITORIAL MAREA, 2006), SUDESTADA
SE ENCONTRÓ CON SIERRA EN LA REDACCIÓN DE "CLARÍN" PARA
ESCUCHAR EL RELATO DE SUS VIVENCIAS EN MEDIO ORIENTE.
No sólo fue el único periodista argentino y uno
de los tres latinoamericanos que cubrió la guerra desde
Kabul y Bagdad; Gustavo Sierra fue también el responsable
de acercarle al lector argentino la crudeza de la guerra desde
su costado más humano.
Tu trabajo se caracteriza por mantenerte lejos
del escritorio digamos. ¿Al principio, se trata de una elección
voluntaria o una necesidad?
Tengo 30 años en esta profesión pasé por
todos lados. Empecé con el periodismo gráfico, hice
televisión, radio, y ahora hago multimedia. No me gusta
para nada el trabajo de escritorio. Me siento mal, me siento un
burócrata encerrado ahí, pero hay gente a la que
le gusta ese trabajo quiere ir a la calle. Pero a mí me
interesa más la calle y el contacto con la gente porque
ahí está la información. Yo tengo mucho oficio
porque fui durante mucho tiempo editor, pero si hoy tengo que elegir,
elijo siempre la calle. Yo me crié en un barrio en Loma
Hermosa, en el partido de 3 de Febrero y si bien cuando yo vivía
allí era un lugar mucho más tranquilo que lo que
es hoy, eso te da una buena experiencia porque ahí aprendí todo
lo que necesitaba para manejarme en la calle desde muy chico.
En tus notas priorizás la historia de vida antes que la
crónica periodística...
Creo que un estado de guerra te lo describe
mejor la historia de una persona en lugar que una sesuda nota
de análisis,
o la descripción del armamento que utiliza un ejército.
El contacto
con la gente te da más posibilidades de acercarte a la realidad.
Todos tenemos ciertas visiones imaginarias
sobre algunos temas que surgen del cine, la televisión, o de los diarios por
ejemplo. Para modificar esas imágenes, que de última
son prejuicios que ya están impuestos, lo mejor es acercar
al lector a la realidad a través de otra persona porque
allí se puede reflejar en las cosas cotidianas. Ahí es
donde la gente se acerca, se modifica y empieza a pensar realmente
en la vida de otra gente. Eso me interesa más, porque me
interesa que la gente modifique esos preconceptos, que a veces
toman como propios. Muchas veces la gente cree lo que quiere creer
y entonces la única forma de modificar eso es ir por otro
costado.
¿Oué cambios te generó el
11 de septiembre como periodista?
A mi me cambió la vida. Hasta ese momento yo estaba pensando
en la relación entre Estados Unidos y América, y
ahí era donde tenía el foco de atención. El
11 S me cambia el foco, me manda a Medio Oriente y Asia Central,
y no sólo al antiquísimo conflicto árabe-israelí sino,
sobre todo, al tema del terrorismo que se abre como el gran elemento
a analizar en el mundo contemporáneo. Dos meses más
tarde estaba en Pakistán listo para entrar en Afganistán
en un pequeño avioncito de la ONU.
Eso inició el camino: cuando volví de Afganistán
ya había cambiado bastante mi perspectiva profesional y
también personal Yo decidí que ese era el momento
para intentar hacer otro tipo de
periodismo. Empecé a buscar la visa para entrar a Irak,
aunque en el diario había varios editores que creían
que no iba a ver guerra o que los europeos iban a frenar todo.
Yo estaba convencido y por eso fui a buscar la visa a la embajada
iraquí más cercana, que estaba en Brasilia. Y cuando
finalmente me dieron la visa tuve que convencer a mis jefes de
Clarín de la necesidad de ir. Dieron vueltas hasta último
momento, dudando, porque no querían gastar ni un dólar
de más...
¿Daban vueltas sólo por el tema
de los costos?
Claro, por supuesto. Finalmente, logré ir y llegué unos
15 días antes del inicio de la guerra. Me encontré allí con
un compañero que había conocido en Afganistán
y nos habíamos hecho muy amigos, y otro grupo de corresponsales.
Sin ese grupo de gente yo no habría aguantado, probablemente,
en buenas condiciones.
¿Cómo era esa relación entre los corresponsales
en el día a día?
Antes del inicio de la guerra, nos dicen que
los periodistas sólo
pueden estar en el Hotel Palestine. Un cambio de hotel en Bagdad
era algo realmente engorroso. Y ahí corriendo con todo de
un lado a otro, con comida acumulada, combustible, y cuando llegamos
ya estaba todo completo. Unos mexicanos de Televisa habían
mantenido sus habitaciones y nos ofrecieron meternos con ellos.
Eran habitaciones de dos ambientes, el grande lo usábamos
como lugar de trabajo y dormíamos en el otro más
pequeño, donde nos tirábamos como podíamos.
Durante la guerra no hubo ni un solo servicio por parte del hotel,
por lo tanto siempre tuvimos las mismas sábanas, por ejemplo.
Ahí juntamos un grupo de periodistas españoles, italianos,
portugueses, tres latinoamericanos y yo, y lo que hacíamos
durante el día era intercambiar información. Yo salía
todos los días a la calle, aunque no te dejaban y te querían
meter un agente del gobierno para cada salida. Me iba a un barrio
me metía en la cola del pan, hay alguien que habla un poco
de inglés o iba con mi traductor, y de esa manera conseguía
información de la gente. Así puede ver que eso de
la resistencia del pueblo irakí de la que hablaba Saddam
no iba a ser cierta, porque a la gente solo le interesaba defender
su casa y su familia.
Entre todos los enviados se compartía la información,
no competíamos entre nosotros. Además, habría
sido imposible que cada uno de nosotros hiciera un trabajo individual.
Ahí se derribaron todas las barreras de competitividad y
se creó una relación de amistad profunda con todos
ellos, gente a la cual yo estoy seguro que puedo hoy llamar y pedirles
una mano. También nos unió mucho la lamentable muerte
del periodista española José Couso.
¿Cómo fue seguir trabajando después
de ese ataque (cuando las tropas estadounidenses dispararon contra
el Hotel Palestine)?
Ese día fue muy difícil y lo que hice fue terapia,
porque cuando escribo hago terapia. Es lo único que pude
y hacer en ese momento y eso me permitió continuar. Otros
compañeros decidieron, inmediatamente, irse porque ya no
aguantaban más. Pero yo me quedé unos días
más con otros compañeros. Fue muy difícil
toda esa etapa. Pude e seguir trabajando porque era casi como e
un homenaje. Pero fue muy duro, sobre todo ahora que lo veo a la
distancia. Esas fueron las circunstancias más duras, que
te ponen a prueba totalmente, y sin 30 años de periodismo
como tenía encima no sé como me habría agarrado.
Logré superarlo en ese momento y terminé mi trabajo.
Pero las cicatrices quedan.
¿Oué recuerdos te quedaron de
tus recorridas por los barrios en plena guerra?
En la mitad de la guerra hubo un bombardeo
en un barrio con esas bombas "racimo", esas que explotan en el aire y reparten
otras pequeñas bombas hasta a un kilómetro a la redonda.
Era una zona donde habia muchas viviendas, y cuando llegamos era
un desastre. Llegué a una casa donde alguien explicaba que
allí habían matado a una mujer y a su hija. Ahí estaban
varios periodistas y yo aproveché para dar la vuelta y ver
la casa bombardeada desde atrás. Cuando doy la vuelta entre
medio de los escombros, me encuentro con un hombre que estaba en
el lugar observando el desastre muy ensimismado. Yo me puse en
un costado y el tipo se dio vuelta y empezó a explicarme
algo en árabe, se puso a llorar y me abrazó. Y yo
me puse a llorar con él. Yo no sé si ese tipo era
el marido o el padre de la chica, pero le entendí todo.
Entendía el dolor de ese hombre, que era de mi edad. Esas
son las cosas que te llevan a ver que lo que está detrás
de la guerra es el ser humano, no es el tanque, el avión,
Bush, Saddam. Es un tipo igual que vos, una mujer igual a tu hermana,
a tu hija, que está sufriendo.
Pero lo más dificil de todo para mí fue ir a un
hospital y visitar la sala de chicos, eso es terrible. Me acuerdo
que los irakíes nos llevaron a un hospital en Hila, unds
100 kilómetros al sur de Bagdad, donde hubo bombardeos muy
fuertes. El hospital estaba repleto, con gente tirada en los pasillos,
muy mal heridos. Eso también es la guerra. Vas viendo a
la gente, conversando, y cuando llegás a la sala de chicos
se te cae todo…
Es muy difícil. Es muy difícil salir de ahí y
mantener un equilibrio profesional. No podés salir de ahí y
escribir un brulote, y para eso lo mejor es contar. Contar y contar,
como cuenta una vecina de barrio. La gente quiere que le cuentes
historias. Tenemos que volver a la esencia del periodismo que es
esa: la de contar historias, basta de todo el resto. Cuando vos
contás lo que viste ya está, no necesitás
más nada ni averiguar más nada. Contás: había
dos hermanitas heridas en tal cama... No importa si no sabés
qué avión bombardeó, qué armamento,
ya está. Contando esa vos describís la guerra.
¿Qué cosas cambiaron en tu vida
a partir del laburo en Irak?
A nivel profesional esta experiencia me puso
una obligación
encima. La obligación de seguir contando estas historias.
Yo fui testigo de un hecho extraordinario y por lo tanto, tengo
que dar testimonio. Después de ver estas cosas y enfrentarte
con estas situaciones, vos no podés tomar todo a la ligera
y olvidarte pensando que ya pasó, y volver al escritorio
o dedicarme a hacerla noche de Buenos Aires, qué sé yo.
Yo me siento obligado a seguir haciendo ese tipo de periodismo.
No es que tenga ninguna adrenalina con la violencia ni con nada,
en absoluto, eso lo rechazo enormemente.
Hay médicos que tienen sus consultorios en los barrios
más altos de las ciudades y ganan millones de dólares
haciendo cirugías estéticas, y al mismo tiempo hay
médicos que van a las guardias de los hospitales a trabajar.
Y entre los periodistas también hay de todo, algurtos buscan
hacer su negocio y otros que creen que no, que esta profesión
tiene deberes. No es lo habitual, esto no se discute a nivel profesional
hoy en Argentina. Y sobre todo, no se discute en las universidades,
que es lo peor de todo. Los chicos que hoy estudian periodismo
no discuten la ética. De esa forma, se deja de lado la esencia
da profesión.
Por Hugo Montero
Fuente: revista "Sudestada"
Más información: www.revistasudestada.com.ar
http://www.gacemail.com.ar/Detalle.asp?NotaID=6072 |