Lunes 5 de Septiembre de 2004 -La Nación
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Medios y sociedad: el fantasma
conspirativo
En La noticia deseada (Marea), el filósofo
y periodista Miguel Wiñazki analiza cómo y por qué
la opinión pública suele construir y creer en historias
de supuestos complots que los datos de la realidad contradicen
Los muertos de las Malvinas, Carlos Menem Junior, Yabrán,
Copito... Están muertos. Pero están presentes. Son
fantasmas. Convocaron o convocan al delirio tribal.
Como explicó el filósofo italiano Giorgio Agamben:
los monjes medievales "veían" fantasmas. Estaban
solos, la mayor parte del tiempo encerrados en sus celdas de clausura
y entonces "veían" a los muertos. Alucinaban historias
"vividas" con ellos que consideraban reales. Hablaban
con los difuntos, amaban sus apariciones. Eso creían, que
los muertos vivían, y que hablaban y que las historias que
los muertos contaban eran verdaderas como la palabra de Dios. Los
fantasmas los llevaban a la locura.
(...) La necrofilia imaginativa se articula con la soledad. La multitud,
la tribu masiva, florece en la paranoia y el aislamiento encerrada
en el círculo de sus propios delirios.
Es una hipertrofia de la imaginación, una victoria de las
sombras y de las apariciones, una vampirización del propio
imaginario. La tribu masiva bebe la sangre derramada en sus propios
extravíos. Absorbe los flujos funerarios y uteromórficos
de sus alucinaciones endógenas.
Son conocidas la urnas funerarias uteromórficas. Eran comunes
entre los griegos y entre los pueblos precolombinos. Los muertos
eran depositados en "uteros" cerámicos donde postmortem
permanecían, permanecen, en posición fetal. Las tribus
construían su propia imagen de la muerte, reconfigurada como
placidez originaria. Era una ginecología artesanal y mitológica
inversa, que procuraba un pre-nacimiento eterno y deseado, frente
a la muerte indeseada.
Lo substancialmente indeseado es lo azaroso, lo inexplicable de
la condición humana, el accidente propiamente dicho. Aquello
que no coincide con las creencias. Resulta insoportable, absurdo
y horroroso. Resulta preferible elaborar un organon sistémico
funcional al deseo tribal. La muerte se inscribe entonces en un
modelo lógico que la explica. El modelo conspirativo, aquel
que todo lo refiere a un plan urdido en las tinieblas, por inteligencias
malignas e inevitablemente extrínsecas a la tribu, resulta
siempre funcional al deseo social. Porque explica lo inexplicable
y conjura el absurdo.
Pero no siempre es real. La noticia deseada es una construcción
uteromórfica plural, un sistema de representaciones sin articulación
empírica en el que la sociedad, la tribu, se inserta como
quien se sumerge en aguas uterinas, propias, como protección
contra la realidad misma. Con los ojos cerrados, el pulgar en la
boca y los sentidos adormecidos por la situación no objetal,
prenatal, en la que se encierran, las masas infantilizadas encuentran
sus úteros masivos.
La paradoja es que se encierran allí los vivos con los muertos
y todo se vuelve fantásmagórico. Inmaterial, irreal
y divagante. Ese amurallamiento enajenado, refractario a los que
no deliran, es el aquelarre social que desata el imperio de la combinación
gótica entre la tragedia y la noticia deseada.
Esa fuga deseada es una pasión inútil.
Máquinas de persuadir
Petitó significa en griego "persuasión".
Es la "peitarquía", y no la democracia, el modelo
de poder dominante en Occidente. La peitarquía es el gobierno
a través de la persuasión, de la constitución
permanente de opinión pública. De la producción
de adhesiones por los caminos del espectáculo. El siglo XXI
ha fragmentado y a la vez globalizado los canales persuasivos. Los
nuevos medios determinan nuevas formas de persuadir. Nuevas maneras
de estructuras-diálogos a través de máquinas.
Porque la persuasión es un flujo comunicacional inconmensurable.
Persuaden los formatos mediáticos más que sus contenidos.
Efectivamente, aunque suene trillado no por eso es menos cierto:
"El medio es el mensaje".
El hardware impone el software, pero el software mental. Determina
mentalidades y propicia conductas. Una generación global
unida a los teléfonos celulares está formada, "configurada"
-en el sentido informático de la palabra- de otra manera
que una generación comunicada a través de teléfonos
tradicionales.
(...) Pero el teléfono celular llevó la reversibilidad
al extremo. Es micrófono y es auricular, pero a la vez, cámara
fotográfica y emisor de imágenes estáticas
o móviles, incluyendo las televisivas. Recibe mensajes escritos
y los emite. Es proveedor ilimitado de flujos de información
y vasto destinatario de lo mismo.
Los rituales prácticos de la acción periodística
se desenvuelven hoy en un nuevo hábitat tecnológico
con jurisdicciones ilimitadas.
Los cronistas del siglo XXI portan una máquina ínfima,
íntima como todo lo que puede acurrucarse en una mano y con
inmensos poderes, como si fueran varitas mágicas, parlantes,
receptivas y animadas, pero reversibles.
La reversibilidad personalizada colocó a escala individual
el sistema de vínculos con los medios. Provocó y provoca
un estadio de intimidad mediática. Pero es una intimidad
paradójica. Como diría Lacan, es una "extimidad".
Un interior que se toma exterior. La mentalidad individual se vuelve
social. Se materializa como mente externa. Se globaliza la reversibilidad
y se esfuma la polarización emisor-receptor. Por eso la construcción
de la noticia deseada es una co-producción donde la secuencia
emisor-receptor es mudable, cambiante y volátil, según
el poder del deseo.
(...) La transformación tiene tal magnitud que deposita en
el pasado la categorización de Pippa Norris, prestigiosa
analista simbólica de la Universidad de Harvard. Para ella,
existen dos tipos de países en Occidente: los "tevecéntricos"
y los "diario-céntricos". Según sus investigaciones,
las sociedades diario-céntricas tienen democracias más
sólidas y consolidadas. Se caracterizan por tener un índice
muy alto de lectores de diarios y por ciudadanías que le
prestan menor atención a la televisión y a los géneros
vinculados con el entretenimiento.
De acuerdo con Norris, los países que más lectores
de diario promedio tienen en el mundo son Noruega, Japón,
Islandia, Finlandia y Suecia. En ese orden. En Noruega, de cada
cien habitantes, 75 leen el diario cada día. La tasa de información
escrita que se genera y consume es considerablemente mayor que la
tasa de información televisiva que se consume.
Los países "tevecéntricos" son, por ejemplo,
Grecia, Turquía, México y Polonia. Tienen menor calidad
y tradición democrática y mayor injerencia de los
gobiernos sobre la prensa. (...) El ejemplo más complejo
es el de los Estados Unidos. Es una sociedad "tevecéntrica"
pero atípica. El 83 por ciento se informa sobre todo a través
de la televisión. El 42 por ciento de los norteamericanos
lo hace a través de los diarios. (...) Pero en los momentos
críticos, como el del atentado del 11 de septiembre, los
norteamericanos se volcaron masivamente a la lectura de diarios
y revistas tradicionales, y revirtieron entonces, durante esos períodos
de extrema tensión, el normal liderazgo televisivo como primer
vector informativo.
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