| DERECHOS HUMANOS-ARGENTINA:
Sacerdote enfrenta el juicio final
Por Marcela Valente
BUENOS AIRES, 5 jul (IPS) - La justicia argentina responsabilizó por
hechos "aberrantes, atroces y masivos" al sacerdote Christian
Von Wernich, paradigma del compromiso de un sector de la Iglesia
Católica con el terrorismo de Estado durante la dictadura
militar que gobernó el país entre 1976 y 1983.
El sacerdote de 69 años, detenido desde 2003, comenzó a
ser juzgado este miércoles por el Tribunal Oral Federal
Nº 1 de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires.
Von Wernich se ubicó en la sala detrás de un vidrio
reforzado que lo separaba del público, integrado principalmente
por miembros de la organización de derechos humanos Madres
de Plaza de Mayo.
El acusado tenía puesto un chaleco antibalas y el cuello
blanco de sacerdote. Von Wernich se rehusó a dar testimonio. "No
voy a declarar ni voy a aceptar preguntas", dijo. El sacerdote
se considera un "prisionero de guerra" sometido "a
todo tipo de torturas", según una carta suya difundida
en marzo de este año por la revista ultraderechista Cabildo.
Von Wernich, quien se desempeñaba como capellán
de la policía de la provincia de Buenos Aires en la década
de 1970 con grado de oficial, está acusado por siete homicidios,
42 secuestros y 31 tormentos. Según testigos, el religioso
visitaba los centros clandestinos de detención y exhortaba
a los prisioneros a colaborar con sus carceleros.
La policía del distrito era comandada entonces por el extinto
general Ramón Camps, que recibía asesoramiento espiritual
de Von Wernich.
El también fallecido periodista Jacobo Timerman, fundador
y director del diario La Opinión, señaló a
Camps como el principal responsable de su secuestro en 1977 y describió las
tendencias antisemitas de su captor en el libro "Prisionero
sin nombre, celda sin número".
El juicio se inició con la acusación y culminará a
mediados de septiembre, una vez que hayan comparecido cerca de
130 testigos, la mayoría sobrevivientes de campos clandestinos
de detención que tuvieron contacto con el religioso en sus
lugares de cautiverio. El sacerdote buscaba ganarse la confianza
de los detenidos para que delataran a sus compañeros.
En la lectura de cargos, la fiscalía aseguró tener "elementos
suficientes" para probar que imponía "tormentos
psicológicos" a los detenidos y asistía a sesiones
de tortura. Todo lo hacía en forma "voluntaria",
previo acuerdo con los represores a fin de "quebrar" la
voluntad de los cautivos.
Organismos de derechos humanos estiman que
alrededor de 30.000 personas fueron secuestradas y asesinadas
por la dictadura militar argentina. Una comisión especial establecida por el ex presidente
Raúl Alfonsín (1983-1989) recibió denuncias
personalizadas que dieron testimonio de al menos 8.500 "desapariciones".
En diálogo con IPS, el periodista Hernán Brienza,
autor del libro "Maldito tú eres" sobre la vida
de Von Wernich, sostuvo que es apenas "la figura más
emblemática" del conjunto de 30 capellanes militares
que fueron vistos en diversos campos de detenidos durante la dictadura.
"Me llamó la atención desde el punto de vista
humano que alguien que proclama la palabra de Jesús y que
habla a los feligreses desde el púlpito sea capaz de hacer
las cosas que hizo este hombre. Evidentemente fue una política.
Si no fue de la Iglesia, sí lo fue de las capellanías
militares que fueron cómplices de la represión",
señaló Brienza.
El premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, quien
fue citado a declarar como testigo, comentó a IPS que durante
el régimen "hubo representantes de la Iglesia comprometidos
con el Evangelio y otros con la dictadura" y citó al
entonces obispo de La Plata, el ultraconservador Antonio Plaza,
a quien respondía Von Wernich.
Sacerdotes y obispos enfrentaron a la dictadura
militar, aunque quizás en menor número que sus
pares de Brasil y Chile.
Cinco sacerdotes palotinos fueron masacrados
en Buenos Aires y el obispo de la provincia de La Rioja, monseñor Enrique
Angelelli, murió el 4 de agosto de 1976 en un accidente
automovilístico que está considerado como un asesinato
organizado por los militares para silenciar sus críticas.
Pérez Esquivel destacó que "es la primera vez
en el mundo que un sacerdote es acusado por crímenes de
lesa humanidad" y consideró que se trata de "un
hecho muy significativo" que debe hacer reflexionar a toda
la sociedad acerca de la participación que tuvieron otros
jerarcas religiosos en la desaparición forzosa de personas.
Este mismo punto fue destacado por el presidente
Néstor
Kirchner. Calificó al proceso contra Von Wernich como una "jornada
histórica" y dijo que el sacerdote "deshonra a
la Iglesia".
Brienza recogió el testimonio de sobrevivientes y familiares
de víctimas que pasaron por cinco centros de detención
de la provincia de Buenos Aires en los que fue visto Von Wernich.
Uno de ellos es Osvaldo Lovezzano, quien contó que durante
su cautiverio de cuatro meses en la Brigada de Investigaciones
de la policía de Buenos Aires presenció cómo
el sacerdote recomendaba "hacerle masajes" a un prisionero
que se quejaba del dolor que le habían provocado las torturas
con picana eléctrica.
Otro testigo que sobrevivió a la represión y que
conoció al religioso fue Luis Velazco. Recordó que
Von Wernich decía: "¿Saben qué pasa,
muchachos? Ustedes le hicieron mucho mal al país con tanto
terrorismo, tantas bombas. Atentaron contra la patria y contra
Dios, y con eso no se juega".
La amplia mayoría de las víctimas de la represión
militar no formaban parte de los grupos guerrilleros que actuaron
en ese periodo. Eran simplemente opositores a la dictadura que
jamás empuñaron un arma o colocaron una bomba.
Velazco señaló que otro detenido, quien permanece
como desaparecido, Héctor Baratti, le preguntó a
Von Wernich qué culpa tenía su pequeña hija,
nacida durante el cautiverio de su madre, Elena de la Cuadra, desaparecida
al igual que la niña. "Los hijos pagarán la
culpa de sus padres", respondió el sacerdote.
Según el relato de jóvenes que cumplían con
el servicio militar obligatorio en esos años, capellanes
de las unidades del ejército decían que matar a una "subversiva" embarazada
no era pecado, ya que el bebé también iba a ser un "subversivo".
Von Wernich está acusado por siete homicidios de militantes
de la agrupación guerrillera Montoneros, identificada con
la extrema izquierda del Partido Justicialista (peronista). Familiares
de las víctimas coincidieron en declarar que él se
encargó personalmente de recolectar dinero, 1.500 dólares
por cada familia, según Brienza, para que los detenidos
fueran sacados del país.
Fue una trampa, todos fueron asesinados. En
1984, el policía
Julio Emmed declaró ante la Comisión Nacional sobre
la Desaparición de Personas que estuvo junto a Von Wernich
en el momento en que el médico policial Jorge Bergés
les aplicó una inyección letal a cuatro de los militantes.
A pesar de los testimonios en su contra, el religioso vivió en
libertad hasta 2003. En 2005, en vísperas de la declaración
de inconstitucionalidad de las leyes de amnistía que beneficiaron
a represores, Brienza encontró al sacerdote en Chile, donde
se desempeñaba como párroco con el apellido "González".
Pocos meses después, el sacerdote se entregó a la
justicia argentina. En ese momento admitió que visitaba
a los detenidos, se amparó en el secreto de confesión
y dijo no recordar las referencias de los testigos acerca de su
complicidad en las sesiones de tortura.
También reconoció que bautizó a una niña
nacida durante el cautiverio de su madre, la desaparecida Liliana
Galarza, y que para hacerlo pidió permiso al obispo Plaza.
El juicio es el tercero que se realiza desde
2005, cuando se declararon inconstitucionales las leyes de amnistía que habían
sido sancionadas a mediados de la década de 1980, en momentos
en que los militares aún constituían una amenaza
para la democracia y habían protagonizado dos alzamientos
contra el gobierno constitucional de Alfonsín en protesta
por el juzgamiento y condena de represores.
El primero fue contra el suboficial de la
Policía Federal
Julio Simón, condenado en 2007. Poco después se sentenció a
un ex comisario de la policía de la provincia de Buenos
Aires, Miguel Etchecolatz. En el marco de este proceso desapareció el
testigo Jorge Julio López, de 77 años, quien testificó en
contra del acusado. Se intenta ubicar a López desde hace
nueve meses.
El fantasma de esa desaparición generó un
clima de temor entre los testigos del juicio a Von Wernich. Dos
de ellos se negaron a hablar con IPS luego de que se conociera
que el domicilio de la testigo Felisa Marilaf fue violado por
desconocidos que se llevaron documentos que iban a ser utilizados
en el proceso judicial.
Entidades de derechos humanos responsabilizaron
al gobierno por la integridad física de los testigos de este nuevo proceso.
La organización Justicia Ya, que reúne a una decena
de entidades humanitarias, señaló que la falta de
esclarecimiento sobre la desaparición de López "sólo
genera más impunidad".
Para proteger a los testigos, el Ministerio
del Interior creó este
año el programa Verdad y Justicia y designó como
responsable al funcionario Marcelo Saín. Pérez Esquivel,
sin embargo, señaló a IPS que ese programa aún
no cuenta con un lugar físico donde funcionar y carece de
personal y presupuesto. (FIN/2007)
http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=41436
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