"EL PALABRISTA", TESTIMONIOS DE JORGE
LUIS BORGES
Por ANDRES CARDENAS
BUENOS AIRES, 7 (ANSA)- El poeta y periodista Esteban Peicovich
publicó en
Buenos Aires "El Palabrista. Borges visto y oído",
un libro en que recoge fragmentos de entrevistas propias y ajenas
al narrador y poeta, al que define como un "exquisito escritor
metafísico" y, a la vez, un "provocador adolescente".
A veinte años de la muerte de Jorge Luis Borges, "el
palabrista", como lo bautizara Peicovich en su lejana entrevista
inicial, el autor se precia de haber plasmado una primera compilación
no exhaustiva de testimonios orales directos, diluidos en hemerotecas
de América y Europa.
Se trata de la primera edición argentina (Marea Editorial),
de un libro que ya conoció tres versiones españolas,
la primera de 1980, con aquiescencia del propio Borges.
"Es el trabajo de un escriba errático, como lo es un cronista.
Dar con Borges, para un periodista interesado en la literatura es algo único,
a lo que se suma que mis distintas entrevistas se dieron en los lugares más
diversos, como Marruecos, Macchu Picchu, Andalucía, Madrid o Barcelona",
rememora el autor en diálogo con ANSA.
"El Palabrista" juega desde el título con la capacidad única
de Borges de hechizar auditorios colmados con esa sola herramienta: la palabra,
que en el libro cobra la dimensión irremplazable de la cita
textual.
La obra se inicia con dos entrevistas de mediana duración,
del propio Peicovich, y luego pasa a enumerar sencillamente, a
modo de perlas o grageas, las frases de Borges.
Al modo de los fragmentos de los filósofos presocráticos,
una serie de números correlativos estructura las citas, sin
dar referencia exacta de fecha de publicación y medio.
Una estructura ágil que revela la veta poética de Peicovich,
una moción de confianza hacia los lectores, que deja en suspenso
la mentada precisión de las investigaciones periodísticas
tradicionales y expone las ideas en su esencia desnuda.
"La intención simplemente de numerar las citas no deja de tener
una intencionalidad poética, si se quiere un respeto por el fragmento...
en cierta forma por la vida tal como es", reflexiona el autor.
"Borges era ciclotímico, de pronto proponía la máxima
complicidad en una charla y largaba un misil crítico, y a veces imponía
una distancia glacial y al sorprenderse por una pregunta, podía llegar
a decir '¿Ud. cómo se atreve a preguntar eso?",
recuerda.
"Tenía una fijación casi femenina, pícara, por el
chisme literario o por una crítica medio ladina. A veces, se escudaba
en su admirado colega, el escritor Macedonio Fernández, para decir cosas
como que Uruguay era una provincia argentina enclavada en territorio brasileño...",
agrega.
El libro se destaca, ante todo, por entremezclar al Borges más
prosaico, opinando sobre sus gustos gastronómicos, imprecando
contra el fútbol y el peronismo o hasta hablando de temáticas
sexuales, para llegar a su costado más profundo.
"En él existía una marcada dicotomía entre lo pulido
y exquisito de lo que escribía y publicaba y el calibre de muchas de
sus declaraciones públicas. A veces, se transformaba casi en un provocador
adolescente cuando hablaba en los medios", explica Peicovich.
Una verdad, a juzgar por citas textuales tales como: "Ese edificio
pomposo es inútil. Sí, el Congreso" o "Creo
que las mujeres dan mucha importancia al mundo, e incluso a todas
las cosas y a ellas mismas" o "El gaucho no tuvo ninguna
idea de Patria" o "Los negros tienen un organismo muy simple,
no sienten el dolor ni las heridas"...
"Borges carecía de lo que hoy llamamos corrección política
y las personas que gustan de interpretar las cosas en un sentido llano y literal
se indignaban y se indignan con algunas de sus declaraciones públicas",
reflexiona el autor.
Esta falta de "corrección" le valió que
nunca le concedieran el Premio Nobel, pese a una candidatura casi
permanente, cree Peicovich.
En 1977, la versión firme era que lo obtendría, ex
aequo, con el español Vicente Aleixandre, pero tras ser condecorado
por el dictador chileno Augusto Pinochet, el Comité evaluador,
dirigido por el socialista sueco Artur Lundkvist, lo rechazó de
plano.
En cuanto a la filiación política de Borges, Peicovich
cree que "si bien era un conservador en las formas y especialmente
en el sentido de su pertenencia social, sus ideas más profundas
eran las de un ácrata, un anarquista sublime que sin poner
bombas en un plano real, las sembraba con su imaginario".
"Borges simboliza la división de la sociedad argentina. Vivimos
haciendo símbolos y veo a Borges como una especie de gran opa, al estilo
de los pueblos provincianos, el chivo expiatorio en el que la comunidad descarga
sus frustraciones, un poco la sentina de la aldea rioplatense",
agrega.
"El hace la gran reconversión de esta Argentina incongruente, caprichosa,
iluminada. Sintetiza lo que produjo la inmigración europea que no tenía
cultura precolombina... en la que surgieron personas de una vasta cultura europea,
que a la vez era sintética de diversos países como España,
Francia e Inglaterra".
"El podía asimilar a un episodio gauchesco el asesinato de Julio
César con una prosa exquisita", concluye.
Peicovich nació en 1930, es autodidacta, poeta y periodista.
Entre sus obras se cuentan "Palabra limpia de mí" (1960), "La
vida continúa" (1963), "Hola Perón" (1965), "Instrucciones
al pavo real" (1993), "La bañera azul" (1995)
y "Así nos fue" (2002), entre otras. Actualmente
es columnista del diario La Nación de Buenos Aires.
07/11/2006 20:07
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