LIBROS
Entre Dallas y Texas

"La Patagonia vendida. Los nuevos dueños de la tierra" de Gonzalo Sánchez. Marea, 278 págs. $ 40 * * * *

La Patagonia es argentina sólo por casualidad", dice, en la primera línea, un entrevistado. El recorrido que emprende Gonzalo Sánchez a partir de esa conciencia de ajenidad presenta un abanico variado de "nuevos dueños de la tierra". Son los multimillonarios procedentes de países desarrollados, que encontraron en el Sur argentino a la vez el paraíso perdido y una probabilidad de salvarse en caso de sequías, escaceses o desastres futuros. O, también, la oportunidad de multiplicar aún más sus ya cuantiosas fortunas.
El inglés Joseph Lewis aparece como un filántropo de cuño especial, cuyos lujos (helicópteros, lagos escondidos, campeonatos de fútbol en medio de la soledad), hipnotizan a una buena proporción de los habitantes locales. Allí aparece por primera vez un esquema que se repetirá en otros casos: la esquivez a sentarse tranquilo con un periodista (Lewis contesta mientras camina), una bonhomía y felicidad general que se fracturan con gran facilidad en cuanto aparece una fisura mayor o menor en la imagen intacta. En este caso basta que le mencionen que sus compras sucesivas de grandes extensiones pueden terminar en el monopolio del nacimiento de algunas corrientes de agua, para que Lewis retire con fastidio su propuesta de compartir el costo de un hospital.
Douglas Tompkins presenta el perfil del "gurú" ecologista con visión global: sus terrenos se extienden a ambos lados de la cordillera, y tiene distinta imagen en Argentina y Chile. Con la agilidad y capacidad de reacción ante lo real del buen cronista, que avanza sin una agenda de sentido predeterminado, sino dispuesto a contar lo que ve, Sánchez incursiona por los esteros del Iberá, parte de una de las reservas de agua más extensas del planeta.
Tanto la materia como el modo de tratarla electriza con una doble faceta: ese mundo al estilo de la vieja serie "Dallas", poblado de ricos de contornos hollywoodenses que, al mismo tiempo, ven la Patagonia como una nueva "Texas de los ‘50". O sea: el melodrama y la ilusión de la gran riqueza unida a la sensación tan escasa hoy de ser pioneros en tierra virgen. El capítulo sobre Benetton es el más extenso, porque se demora en el enfrentamiento con los indígenas originales, considerados fantasmas un tanto molestos en esta nueva realidad de adquisiciones infinitas y turismo "Premium" multiplicado.
En todos los casos, hay un telón de fondo de imprevisión y grietas legales, y por parte de los locales (sobre todo oficiales) una acendrada voluntad de vender todo lo que se pueda a toda velocidad al máximo precio posible. Esa doble mirada, a la superficie fascinante de la vida de los ricos, y a la serie de rasgos inveterados de una corrupción nacional relativa o total, se maneja con buen control de la estructura. Se comunica además con nitidez el paisaje y el "aura" del lugar, tal vez lo que se compra de hecho. Hasta que el "desarrollo" termine por arruinarlo. Aunque las grandes extensiones -blancas, grises o multicolores- parecen inagotables.
El último capítulo se centra primero en Ted Turner y Ward Lay, y después se dispersa, con buen criterio, entre los compradores pudientes pero intermedios, y descubre el modo en que cierto "kirchnerismo" ha ido acorralando cada metro cuadrado de El Calafate, a través de "el intendente Méndez", personaje con ribetes dignos de García Márquez.
Sánchez es un viajero inveterado por la Patagonia, hecho que le da un tono especial a sus descripciones. Y en el último capítulo señala con claridad la responsabilidad: "el poder municipal hace caja a fuerza de negociados poco claros(…), la tierra fiscal se entrega a grandes cadenas hoteleras que llegan para quebrar el carácter montañés de su fisonomía o se reparte entre amigos, los impuestos aumentan, la vida es costosa y difícil, y la deuda social, sobre todo con los jóvenes, peligrosamente grande."

 

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