Gonzalo Sánchez y su libro “La Patagonia Vendida”

Periodista Argentino Desnuda Andanzas de Tompkins

Relato da cuenta del plan de apoderamiento, incluso con ayuda de Kirchner, de la Patagonia. Tarea que han emprendido grandes millonarios del mundo que han cercado y cerrado el paso a área naturales que antes estaban abiertas y accesibles a todos. Hoy se puede ingresar, pero hay que llevar un buen fajo de dòlares.

La reedición de “La Patagonia Vendida” (Editorial Marea) de Gonzalo Sánchez es la excusa para revisar el imaginario que construyen los últimos relatos sobre la Patagonia en los medios, donde se iluminan vulnerabilidades, claroscuros y la extranjerización de la tierra. Aunque este periodista advierte que no hay que caer en esa idea maniqueísta de “extranjeros malos y argentinos víctimas”.

En un artículo de Julián Gorodischer y publicado en Página 12 se explica que Sánchez, sobre la extranjerización de la Patagonia, dice que “es la continuación de un fenómeno de larga data que se agudiza en estos últimos veinte años” y donde “el menemismo fue la cacerola donde todo se cocinaba. Menem decía: Vengan a la Argentina que acá lo que sobra es tierra, en medio de discursos de revolución productiva.”

Por eso, prosigue Sánchez, si hay un culpable es la vacante dejada por el Estado argentino para que surgieran nuevos líderes demagógicos y terratenientes (Joseph Lewis, Douglas Tompkins, Ted Turner, la familia Benetton) que se apropian de extensiones encerrando lagos, acuíferos o bellezas naturales e imponiendo sus leyes.

De lo narrado hasta el momento, la documentalista Mausi Martínez (en Sed, 2005) “recogió el comentario popular, asume Sánchez, porque su propuesta no fue chequear con evidencias de que Tompkins esté realmente por el agua: vas a buscar la prueba y la prueba no está, es creer o reventar, porque Tompkins no está envasando agua, pero está cerca del recurso. Y lo real es que están encima de los recursos”. Sobre la TV, que se interesó por el fenómeno desde las expediciones de La liga (con Daniel Malnatti y María Julia Oliván) o Telenoche investiga, opina que “muchas veces se queda a mitad de camino, demoniza demasiado. Nadie se plantea hacer el recorrido que hizo Diego Alonso en La liga. Es cierto que Lewis bloquea el acceso a lago Escondido, pero antes estaba la familia Montero, unos paisanos bravísimos que si entrabas te desplumaban. Y el lago se hizo famoso por la llegada de Lewis”.

Comenzó a andar con la certeza del despojo y fue cuestionando su propia hipótesis en el proceso de la búsqueda. “Todos los lugares que se compraron no eran de acceso para la gente. La compra de Tompkins en los esteros del Iberá es de tierras que pertenecían a la familia Blaquier. La tierra de Turner es privada desde 1930”, explica Gonzalo Sánchez, quien asegura que de esta forma lo que era terreno abierto y libre se ha ido convirtiendo en un barrio privado, alambrado con montañas y lagos. Pero más grave: para acceder e ingresar hay que contar con una buena cantidad de dólares a tarifas prohibitivas para los argentinos. “Caminar sobre el glaciar Perito Moreno cuesta 100 dólares. Para la familia tipo son mil pesos. El operador inmobiliario está interesado en extranjeros, que vienen y gastan. El refugiero ya no quiere mochileros”, sigue Sánchez.

De Douglas Tompkins Sánchez recuerda “rasgos de gurú, una cosa mística muy poderosa: habla muy pausado y para todo tiene una respuesta. Nunca es hostil; te lleva a terrenos de confrontación pacífica”. En el diálogo le ofrecía una explicación para todo, resaltaba su propia conciencia ambientalista. Le dijo que compraba tierras para donar o conservar. “Que un americano que hizo su fortuna en el mundo capitalista diga que ahora compra para luego donar al Estado te descoloca.

“Tompkins adhiere a una corriente extrema del pensamiento ecologista que incluye hasta el control de la natalidad. El tipo te habla de todo eso, te dice que en su casa de Seattle se planificaban las revueltas contra el Grupo de los 8, y por momentos te parece simpático. Me hace ruido cuando descubrís que tiene algunos negocios agropecuarios. Pero cuando Kirchner era gobernador donó tierra, y ésa es una prueba sólida. No tiene zonas de frontera, no compra tierra fiscal. Se decía que quería armar un corredor desde la Patagonia chilena a la argentina, pero no pasó. En el afán por demonizarlo surge una idea maniqueísta. Extranjeros malos y argentinos víctimas: es el mejor atajo”, asume Sánchez.

 

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