| No
necesariamente es bueno que haya inversión
extranjera
En los 90’s, los voceros del Liberalismo Económico
proyectado desde EEUU y Europa Occidental hacia los países
de América Latina, promovieron la apertura de sus economías
y las inversiones extranjeras (incluidas en las privatizaciones),
como indispensables para el crecimiento y desarrollo.
En el marco de la creencia del ‘pensamiento único’ (un
concepto tan retrógrado que rememora las peores épocas
del oscurantismo medieval) se afirmaba entre otras cosas, que para
la mayoría de las economías emergentes, las inversiones
extranjeras son necesarias para proveer el capital para el desarrollo,
que no disponen las fuentes financieras locales. También
se decía, que promueven la producción y crean puestos
de trabajo con salarios elevados, y que difunden el conocimiento
tecnológico estimulando la investigación y desarrollo
local (1).
Sin embargo, los hechos vienen demostrando
que tales conjeturas están resultando en gran parte falsas, aunque aún
hoy no son muchos los especialistas que se atreven a cuestionar
las ‘bondades’ de la inversión extranjera (2)
Lo notable es que históricamente, ninguna potencia incluyó significativamente
a la inversión extranjera en los comienzos de sus procesos
de desarrollo.
Las elites de poder de Inglaterra, aplicaron
el proteccionismo de sus manufacturas durante unos doscientos
años para poder
llegar a ser potencia económica e industrial. A tal punto
se hizo, que para proteger su industria textil las autoridades
amputaban la mano derecha de cualquier ciudadano que sorprendieran
exportando lana sin elaborar, y si reincidía lo ejecutaban.
Ya fortalecida hacia el siglo XVIII, Inglaterra comenzó a
condenar fuertemente el proteccionismo para los demás países,
y a difundir la doctrina del libre comercio.
Otro tanto sucedió en EEUU después de la guerra
civil de Secesión. Así con el triunfo en la batalla
de Appomattox (1865) del norte desarrollista y proteccionista,
sobre los terratenientes del sur librecambistas de productos agrícolas
con bajo valor agregado, el vencedor general Grant manifestaba: ‘...Durante
siglos Inglaterra ha confiado en el proteccionismo, llevado hasta
sus extremos y ha obtenido resultados satisfactorios. No hay duda
que debe su fuerza presente a este sistema, pero después
de dos siglos ha adoptado el libre cambio porque ya la protección
no puede ofrecerle nada.
El conocimiento de mi país me lleva a creer que dentro
de doscientos años, cuando nosotros hayamos obtenidos todo
lo necesario de la protección, adoptaremos también
el libre comercio...’ (3).
Procesos similares ocurrieron en otros países que llegaron
a ser desarrollados, como Alemania y Japón en el el siglo
XIX, o la URSS en el siglo XX.
El ingreso masivo de grandes inversiones no
necesariamente puede contribuir al progreso y desarrollo económico de un país,
ni al bienestar de su pueblo, como quieren hacer creer renombrados
economistas y divulgadores de la economía de mercado, comprometidos
con esos intereses.
Inversamente, el efecto puede ser perjudicial, y producir un drenaje
neto e incluso hasta un saqueo de riquezas hacia el exterior, junto
con una bonanza sin precedentes para ciertos grupos locales privilegiados.
Hay numerosas evidencias que lo prueban.
La posible utilidad de esta clase de inversiones
depende de una larga serie de factores correlacionados en forma
no trivial. Algunos de los cuales son: el grado de apertura;
que las inversiones no sean en realidad préstamos encubiertos; así como
las condiciones que el gobierno determine para hacer al país ‘atractivo
y seguro’: incentivos, normativas, impuestos y otros beneficios.
Depende también de la renta neta que realmente perciba el
Estado Nacional, qué parte es transferida para bienestar
de la población, que parte es aplicada para el desarrollo
productivo propio o endógeno del país, y que impacto
tienen las inversiones sobre la inhibición del mismo.
Para un país emergente, con un proyecto geoestratégico
que aspire a aumentar significativamente sus grados de libertad
y hegemonía en el contexto mundial, un mínimo de
inversión extranjera podría ser de conveniencia,
pero con normativas y controles tales que tengan en todo momento
como única prioridad, un significativo beneficio de los
intereses económicos y estratégicos del país
y su pueblo, condiciones que en la práctica ninguna dirigencia
latinoamericana respeta, salvo excepciones como podría ser
Venezuela y como intenta Bolivia.
El caso de Cuba es un peligroso ejemplo que
viola las reglas de la Globalización, ya que después del colapso de la
URSS, el bloqueo impuesto a la isla desde hace 40 años por
EEUU demuestra que es posible a un país sobrevivir y desarrollarse,
casi con sus propios recursos y sin ‘ayuda’ externa.
Se pone así en evidencia que ‘la necesidad imperiosa
de insertarse en el mundo’ como proclaman las potencias dominantes,
es un mito.
En Argentina, el gobierno neoliberal menemista
consolidó la
apertura a la inversión extranjera en los 90’s. Los
gobiernos posteriores se diferenciaron en lo político y
social, pero ya sea por corrupción y negociados, por condicionamientos
de las instituciones financieras internacionales y supervivencia
de las élites locales, o bien por ideología, siguieron
mantenido en lo económico una buena parte de los dogmas
estructurales liberales.
Así la devaluación de la moneda argentina en el
2002 restringió de por sí, la apertura de las importaciones
concomitantes con el Capitalismo liberal de mercado, pero no implicó necesariamente
un cambio doctrinario profundo de mentalidad, por parte de la dirigencia
(4).
Los inversores extranjeros nunca vienen solos
No es que el actual gobierno nacional y los
provinciales carezcan de planificación, ya que son estos argentinos los que mantienen
abierto el país a la libre entrada de las inversiones extranjeras
en áreas bien definidas, como recursos naturales: minería,
combustibles, pesca, recursos forestales (5).
Aunque probablemente una gran mayoría de ciudadanos lo
desconozca, lo anterior define un proyecto de país en el
largo plazo, pero con muy pobres aspiraciones en el contexto de
la construcción de su hegemonía mundial.
Un informe de la Fundación Rockefeller de fines de los
90’s, que toma en cuenta recursos naturales, agua potable,
tierras fértiles y nivel educativo de la población,
estima que para el 2007, después de Canadá será Argentina
el país mas atractivo para habitar e invertir. Un estudio
de sustentabilidad ambiental de las universidades de Yale y Columbia
(EEUU), sitúa a Argentina en el noveno lugar (entre 150
países) por las ventajas competitivas que ofrecen sus recursos
naturales (6)
Pero no es que los inversionistas extranjeros
simplemente ‘vengan’ espontáneamente.
Es que hay un grupo de argentinos que los están llamando
y muy vigorosamente, dando garantías e incentivos tales
como que no haya ninguna restricción para el giro al exterior
de las utilidades y dividendos de las inversiones, así como
su libre repatriación (7); o bien simplemente manteniendo
las leyes de mercado del Capitalismo.
Por otro lado, los grandes inversores operan
en ‘simbiosis’ con
los gobiernos de sus países de origen, que son los de los
países desarrollados en el caso de las grandes corporaciones
internacionales.
Es conocido que la apertura a las grandes inversiones provenientes
de una potencia dominante, pueden constituirse en una forma sofisticada
de ‘invasión’ del país emergente, con
su correspondiente dependencia (8).
Las primeras consecuencias visibles de la apertura al capital
extranjero
En realidad, las demandas de los ciudadanos
involucrados directamente en la contaminación ambiental, producida por las grandes
corporaciones multinacionales extranjeras (como las mineras, pasteras,
etc), o los conflictos sociales ante el avance compulsivo de la
propiedad privada del Sistema que expulsa a los pobladores originarios,
son las primeras consecuencias visibles del llamado y la libre
entrada en gran escala de las inversiones extranjeras lejanas a
las grandes metrópolis, que continúan profundizando
los gobernantes después de la etapa de privatizaciones.
En el año 1992 el gobierno liberal menemista reemplazó la
ley de promoción minera (que protegía a la pequeña
y mediana empresa) por la ley de inversiones mineras que está vigente
(9), abriendo ‘de par en par’ las puertas del país
a las grandes multinacionales mineras extranjeras, del tal manera
que, pasaron de ser cuatro en ese año a ochenta, en 1999
(10). La legislación, fija entre otros sorprendentes incentivos
y beneficios sin precedentes en el mundo, un tope máximo
para las regalías provinciales del 3% sobre el valor del
mineral que declaran extraer en boca de mina, es decir, las corporaciones
se llevan libremente mas del 97% del mineral.
Se han explorado y están en explotación por las
multinacionales mineras unos 190.000 kilómetros cuadrados
(casi el 7% del territorio continental del país), pero el
gobierno está ofreciendo al mundo la exploración
y explotación del resto de la superficie con potencial minero,
que es un 20% del territorio nacional (11). En total una superficie
casi equivalente a la de Chile.
Por otro lado, con la apertura de la economía llevada adelante
por el actual gobierno, se acelera la extranjerización de
las tierras, ya se han vendido a los extranjeros casi 20 millones
de hectáreas (Ha), un 7 % del territorio nacional, pero
estaría en proceso de venta y extranjerización el
30% del territorio (12).
Estas ventas incluyen propiedades privadas
de argentinos y la entrega de tierras fiscales públicas,
mediante mecanismos implementados por los gobiernos provinciales
y municipales, con la permeabilidad de las autoridades nacionales.
Potenciales conflictos sobre la propiedad
de estas tierras amerita la intervención de tribunales de Justicia y Estados foráneos,
con lo que el país profundiza cada vez más su dependencia.
La entrega que se sigue haciendo de los recursos
naturales estratégicos
a las inversiones extranjeras, se complementa con mas infames traiciones
a los intereses nacionales y populares. Recientemente, una mayoría
de diputados nacionales ha votado la exención del impuesto
a las ganancias para las corporaciones petroleras multinacionales.
Estos privilegios son costos inaceptables, que se transfieren al
pueblo y aparecerán como una peor calidad de vida.
Sin embargo, es habitual que las grandes maniobras
de apertura al capital foráneo, sean presentadas por la propaganda oficialista
como importantes y necesarios logros para el país y grandes
símbolos de ‘progreso’.
Y es solo el comienzo... recordamos que alguien
dijo hace mucho tiempo: ‘Peor que aquellos que nos compran
son aquellos que nos venden...’
Notas:
1) “Inversiones extranjeras directas principales motores
de la mundialización”; OMC, 1996: www.wto.org/spanish/news_s/pres96_s/pr042_s.htm
2) Petras J. “Seis mitos sobre los beneficios de la inversión
extranjera”; 7/7/05; www.rebelion.org / Petras J. “Inversión
exterior: Incentivos perjudiciales”; 18/7/05; www.rebelion.org
3) Galeano E. “Las venas abiertas de América Latina,
Edit. Catálogos, Edic. 2003
4) ”Apertura de la Economía 1993-2005 y Fuerte Inversion
Extranjera” (10 Razones para Invertir en Argentina; pp.43;
documento pdf). Agencia de Desarrollo de Inversiones (ADI), Ministerio
de Economía de la Rep. Argentina: www.inversiones.gov.ar/por_que.htm
5) “Argentina: un país para invertir”, Ministerio
de Planificación Federal, Inversión Pública
y Servicios de la República Argentina; United Nations Industrial
Development Organization: www.unido.org/file-storage/download?file_id=36520
6) www.latinamerican-markets.com/argentina-entre-los-paises-mas-atractivos-para-invertir-en-recursos-naturales
7) Agencia de Desarrollo de Inversiones (ADI), Ministerio de Economía
de la Rep. Argentina; Preguntas Frecuentes: www.inversiones.gov.ar
8) Ver mapa “Argentina invadida”; www.movimientocondor.com.ar
9) Carlos del Frade, “El triunfo de Rivadavia”; 9/10/06:
www.argenpress.info
10) www.inversiones.gov.ar/documentos/mineria_analisis.pdf
11) “Infraestructura Desarrollada y Abundantes Recursos Naturales” (10
Razones para Invertir en Argentina; pp.31; documento pdf); Agencia
de Desarrollo de Inversiones (ADI), Ministerio de Economía
de la Rep. Argentina: www.inversiones.gov.ar/por_que.htm
12) Sanchez G. “La Patagonia vendida”, Edit. Marea,
2006
http://www.argenpress.info/nota.asp?num=035371
|