| Una mirada distinta
Qué hay detrás de los llamados nuevos
dueños de la Patagonia
Multimillonarios extranjeros compraron grandes
extensiones de tierras a costos irrisorios y sin mayores controles
desde el Estado. El futuro de estos inigualables paisajes naturales
preocupa a los argentinos. Un periodista investigó la zona,
se entrevistó con los magnates y volcó sus conclusiones
en La Patagonia vendida, un libro de reciente publicación
Entre las múltiples cuestiones que preocupan
a los argentinos se encuentran las enormes extensiones de tierras
que distintos magnates del globo han adquirido en la Patagonia.
A Douglas Tompkins, por ejemplo, se lo menciona como “el dueño
del agua”. Pero eso no es todo, Ted Turner acumula tierras
buscando la trucha perfecta; Joseph Lewis, tiene la llave del lago
Escondido; y la familia Benetton ha sido repetidamente acusada por
los pobladores originarios de nuestra tierras (los mapuches que,
con razones de sobra, se sienten desplazados).
La presencia de estos ricachones inquieta. Y por eso se multiplican
las preguntas: ¿Qué destino le espera a la Patagonia?
¿Será un mundo fuera del mundo? ¿Será,
acaso, el refugio de extranjeros ricos? ¿Será la reserva
de agua dulce para un futuro sin agua?
Preguntas que muchos se hacen y que de alguna u otra forma intentó
responder Gonzalo Sánchez, quien acaba de presentar su libro
La Patagonia vendida.
* * *
El fantasma de la extranjerización del Sur Argentino no es
nuevo, pero cada tanto se agiganta con algún rumor que le
asigna una nueva tajada de territorio a un propietario de renombre,
que se suma a la lista iniciada por el italiano Luciano Benetton.
“Hay mucha información falsa, tergiversada e inexacta
circulando por internet. Por un lado, está la idea del despojo
de la tierra, de que los extranjeros están comprando toda
la Patagonia; eso no es tan así y admite muchos matices.
Los extranjeros pueden comprar lo que quieran, pero hay muchísimo
territorio fiscal en esa zona que el Estado podría administrar
de una manera más provechosa”, destacó en tal
sentido Sánchez.
“Con un plan adecuado de manejo de la tierra podría
haber lugar para todos, pero al mismo tiempo se podrían cobrar
gravámenes importantes al forastero que quiere venir e instalarse
en el suelo argentino. Los medios de comunicación han cons-truido
esa teoría del despojo, pero no dicen que Turner o Tompkins
le compraron tierra a privados y no al Estado”, analizó.
Decidido a confrontar mito y realidad, el periodista emprendió
hace dos años y medio una investigación que incluyó
un minucioso zafari geográfico y entrevistas con los cuatro
magnates señalados como los mayores compra-dores de territorio
patagónico.
* * *
“No sólo me llamó la atención el hecho
de que estos empresarios multimillonarios estaban comprando cada
vez mayores extensiones de tierra, sino que lo hicieran sin ningún
tipo de traba, dado que no existe marco legal para regular sus operaciones
inmobi-liarias”, señaló Sánchez.
“Al cabo de la investigación, llegué a la conclusión
de que estos personajes no son tan malos, aunque esto tampoco quiere
decir que sean tan buenos”, aseguró.
“Creo que si bien persiguen distintos objetivos, a todos los
fascina lo mismo: instalarse en un lugar único por sus bellezas
naturales y por sus recursos. Les apasiona comprar tierras mara-villosas
a un costo bajísimo y sentirse el primer hombre en una región
prácticamente despoblada”, explicó.
* * *
La Patagonia es argentina sólo por casualidad. La frase que
abre el libro, puesta en boca de un viejo hacendado que le vendió
a un magnate nor-teamericano sus tierras emplazadas en el medio
de un bosque de arra-yanes, ilustra la complejidad de un fenómeno
que ha sido posible, entre otras cosas, por las deficiencias de
la legislación argentina.
“Durante muchos años, los gobiernos locales le dieron
la espalda, mientras viajeros llegados de todo el mundo se asentaban
para poblarla”, indicó.
“Ahora pasa algo parecido: quienes pusieron rumbo sur, son
los hombres más ricos de la tierra y pareciera como que los
argentinos, otra vez, nos acordamos tarde”, acotó.
Sánchez intenta desactivar las versiones según las
cuales algunos de los magnates intentan quitarle control al país
con la excusa de la preservación ambiental.
“Los argentinos somos especialistas en inventar paranoias.
Hoy por hoy, nadie está envasando agua mineral como echaron
a correr algunos rumores. Por otro lado, no creo que expropiar sea
una solución, aunque me parece que la discusión recién
empieza”, concluyó.
http://www.diariohoy.net/notas/verNoticia.phtml/html/268482582/
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