| Revista TXT – 8 de
abril de 2004
Lecciones de historia gay según Osvaldo Bazán
Ni olvido ni perdón
Está a punto de editar Historia de la
homosexualidad en la Argentina, un libro en el que aplica un “detector
de fachos” a siglos de represión, y apuesta a abrir
un debate que impulse, entre otras cosas, la unión civil
a nivel nacional.
por Hernán Brienza
Nada. La homosexualidad no es nada. A esa conclusión
llegó el periodista Osvaldo Bazán después de
escribir las 480 páginas de su Historia de la homosexualidad
en la Argentina. Pero no se trata de una sentencia banal. En realidad,
lo que sí existe –y durante siglos tuvo como implacables
escuderos a la tortura, la marginación y el desprecio–
es la represión que se ejerció contra ella. Este nuevo
libro –el primero en Argentina que abarca la temática
desde la época de la conquista hasta la actualidad–
trata justamente de eso, es un capítulo fundamental del eterno
conflicto entre el poder y las libertades individuales.
“No tiene sentido una historia de la homosexualidad sin una
historia de esa represión y del uso que de la homosexualidad
hizo el poder. El término es relativamente moderno, nace
en 1879, pero el proceso histórico es muy impactante. En
Grecia y Roma no había persecución. La discriminación
comienza con la instauración de la Iglesia Católica
en el Imperio Romano. Primero fue pecado, después enfermedad
y finalmente delito. Primero tuvo a la religión como enemiga
y luego a la ciencia y al Estado. Recién en 1970, a partir
de la creación del concepto de orgullo gay, las propias víctimas
dejan de victimizarse, se plantan y dicen: ‘No somos enfermos,
ustedes no/nos pueden acusar de anormales’. A partir de allí,
se da vuelta la historia”, explica Bazán, sentado en
la mesa de vidrio del comedor de su departamento del Abasto.
Su libro es más que necesario. Por primera vez se edita una
historia integral de la represión a los gays y es justamente
esa mirada, ese clivaje entre libertad y represión, lo que
enriquece el texto. Porque el autor no está parado en antinomias
como colonia o independencia, unitarios o federales, peronistas
o antiperonistas, izquierdas o derechas. La frontera que delimita
la historia argentina, en este caso, es el respeto por las libertades
individuales y las preferencias sexuales.
Bazán comienza su trabajo con la llegada de Cristóbal
Colón a América y la estigmatización que los
españoles hacen de los indios, acusándolos de herejes,
sodomitas y caníbales. Esa su puesta deshumanización,
casualmente la misma que hacía la Inquisición contra
judíos y moros en tierras de Castilla, les permite a los
conquistadores hispanos arrasar y apalear a las comunidades indígenas.
Luego analiza las luchas civiles argentinas entre unitarios y federales
y dedica un capítulo al relato de la crueldad y los métodos
de tortura de la mazorca.
TERRENO ENEMIGO. Pero quienes se llevan las críticas más
implacables son los integrantes de la Generación del 80,
quienes de la mano del higienismo científico intentaron “sanear”
la sociedad. Es en esa época cuando lo que hasta entonces
era sólo un pecado se convierte en delito. Y aunque parezca
mentira lo hace de la mano de un supuesto socialista como José
Ingenieros, y su inefable ayudante, el médico Francisco De
Veyga, quien escribió una frase célebre: “Pido
la secuestración definitiva de toda la escoria sexual, porque
aunque no delinca ahora, nosotros sabemos que va a delinquir tarde
o temprano”.
El libro, escrito con agilidad y dinámica, zigzaguea entre
el ensayo, la crónica y utiliza recursos de la no ficción.
Y se mueve entre todos los sentimientos: el enojo, la compasión,
el humor y la ternura. “No quise hacer un libro escandaloso
ni botón –re lata el autor–; tiene mucha ironía
porque la homosexualidad permite una mirada irónica sobre
la vida, es como un chiste del destino. Y además, no pude
dejar de enternecerme por esas historias tristes de personas que
sufrieron tanto y que ni se imaginaban lo que iba a avanzar la sociedad
años después. Sufrieron por cosas que hoy son impensables.”
Bazán menea la cabeza, quejoso. “Hay gente que sufre
mucho, se cree los argumentos del poder. Todo homosexual nace en
terreno enemigo. El nene judío o el negro tienen como respaldo
a la familia cuando son víctimas de alguna estupidez, el
nenito homosexual, en cambio, recibe la primera agresión
de su propia familia.” Siguiendo el paso de la historia de
la represión, el libro inicia el camino de la oscuridad a
lo festivo. Atraviesa el peronismo, la década del setenta
y la llegada de la democracia, hasta el otorgamiento de la personería
jurídica a la Comunidad Homosexual Argentina. Concluye con
el primer caso de unión civil entre homosexuales y con un
tono marcadamente esperanzado. “Soy optimista, porque no me
imagino una ola restauradora o reaccionaria. No hay espacio por
los cambios culturales que ya se dieron. Hoy es peor que te acusen
de homofóbico que de homosexual. Estos avances son tan fuertes
que es difícil la reacción”, sostiene.
–Su libro es la historia de la represión a la homosexualidad.
¿Por qué el poder querría controlarla?
–En realidad lo usaron como una manera de construir un ene
migo y buscar consenso. La homosexualidad no impide al poder establecerse.
A los que gobernaban no les interesaba la homosexualidad; era una
excusa, una utilización indirecta. Efectivamente, no hay
nada que moleste al poder, lo definitivo es tener el control social,
determinar quién sí y quién no, ser el dueño
de la tranquera.
–Usted sostiene que los peores cien años fueron los
que van de 1860 a 1960. ¿Por qué?
–Porque a la condena de la religión se suman las de
la ciencia y el Estado. Lo que hizo la psicología es casi
tan grave como lo que hizo la religión. Para algunos autores
que abordan la temática homosexual, Freud y Hitler son lo
mismo. El psicoanálisis pensó a la sexualidad desde
lo hétero, eso es lo que consideraron normal. Para ellos,
la homosexualidad es una detención en el tiempo, una enfermedad.
Hasta que en los setenta los médicos dicen: “No es
una enfermedad”. Ese día, millones de personas pasan
a ser sanas, no porque se inventó una vacuna, simplemente
porque cambió la conceptualización. Millones de personas
sufrieron por esa estigmatización y ningún médico
pidió perdón por todo lo que sufrieron.
–¿Se puede establecer un cruce entre ideologías
y represión?
–No. Es indistinto. Los nacionalistas aseguran que con el
comunismo llega la homosexualidad. Las cartas entre Federico Engels
y Carlos Marx tienen un nivel de homofobia muy alto. El liberalismo
también lo utilizó para des calificar, por ejemplo,
a los federales. El único movimiento cercano al mundo gay
fue el anarquismo, un aliado estratégico del primer radicalismo.
Pero para llegar al poder, la UCR se desprende del anarquismo. La
sexualidad trae el tema de la sensibilidad y allí no hay
izquierda ni derecha. Tiene que ver con la forma en que percibís
el mundo. Un militante del PRT decía que se sentía
menos presionado durante la dictadura que durante el gobierno de
Isabel, porque sólo lo perseguían los militares. Durante
el peronismo se sentía patrullado por sus propios compañeros
para ver si era gay o no. En este tema pensaban lo mismo las organizaciones
guerrilleras que los militares; Santucho era lo mismo que Videla.
EL PROGRE QUE GRITÓ PUTO. Bazán se ríe cuando
se le pregunta si Carlos Menem favoreció el respeto por las
minorías y protesta porque dice que es una pregunta con mala
intención. “Menem hizo un uso político de la
homosexualidad cuando le dio la personería jurídica
a la CHA, como una manera de congraciarse con las potencias del
Primer Mundo. Yo no sé si fue exactamente el menemismo, lo
que sí creo es que por la dinámica del fin de siglo
y del comienzo de la globalización hubo un acercamiento a
las realidades de otros países de Occidente don de este tema
está superado. Con ese contacto quedaba más en evidencia
nuestro atraso. Lo que sí está claro es que en materia
de libertades individuales éste es un momento de esplendor.”
Como todo el mundo sabe, Bazán aclaró hace un par
de años que sus preferencias sexuales se inclinaban por los
hombres. Este libro, entonces, es una consecuencia natural en su
vida. Pero no está del todo seguro de que tenga una intención
militante. “El hecho de que yo sea homosexual hace que me
plante de determinada manera ante la realidad. Soy un maravilloso
detector de fachos. Nadie te puede correr como progre, porque todo
progre te termina diciendo en algún momento ‘puto de
mierda’. Yo escribí esto y me jugué entero.
Tengo la esperanza de que el tema se debata más, que sirva
para la unión civil a nivel nacional y sea un aporte desde
el periodismo.”
Pero el libro de Bazán no sólo toca la vida política
y social de Argentina; también habla de la pintura, de la
música y la literatura. Tal vez los capítulos más
interesantes sean esos que se refieren al tango y a su mundo prostibulario,
con personajes como el de la bella Otero, una célebre travesti
de un local de Palermo, o el de Andrés Cepeda, un malevo
que se disputó a cuchillazo limpio el amor de un jopende.
También tiene duras críticas hacia el periodismo.
“Cuando un periodista investiga las coimas en el fútbol
no se sospecha que el periodista sea coimero, cuando un periodista
habla de la homosexualidad, todos se preguntan: ‘¿Éste
no será medio puto?’. En las notas escritas por heterosexuales
siempre hay un dato que te aclara: ‘Mirá que yo no
soy puto’. En el año 1982 hubo 19 muertes por el grupo
parapolicial Cóndor, con ramificaciones nazis, y el periodismo
no investigó nada. Esto te demuestra con qué profundidad
está instalado el pensamiento segregador: si te interesás
por estos temas por algo será.”
Ésas son las últimas palabras que pronuncia Bazán
durante la entrevista. Curioso. Durante casi dos horas se habló
de discriminaciones, represiones y libertades individuales conculcadas.
Pero es inevitable. Cada vez que se habla de derechos humanos, siempre
se vuelve al latiguillo nefasto que adormeció a la sociedad
argentina durante la última dictadura militar. No es gratuito.
Pero la libertad también tiene como campo de batalla las
palabras. Después de leer el imprescindible libro de Bazán,
al “por algo será” sólo se lo puede combatir
con otra frase famosa: “Somos todos homosexuales”.
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