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Revista Veintitrés – 27 de
mayo de 2004
Zona Roja - Libros
HISTORIA DE LA HOMOSEXUALIDAD EN LA ARGENTINA
***** Excelente
por M. I.
Somos como somos
Si, tal como afirma Osvaldo Bazán –en
el epílogo a su ensayo–, “la homosexualidad no
es nada”, el suyo, ¿es un libro sobre nada? Todo lo
contrario: en buena hora Bazán nombra lo que para muchos,
todavía, no merece entidad alguna. En rigor, se trata de
la historia de una proscripción inexorablemente ligada al
modelo de “ser nacional” que aún predomina en
el imaginario social argentino.
A la manera de una arqueología de la subjetividad, Historia
de la homosexualidad en la Argentina se da la mano con otras
historias que definieron su objeto en el estudio crítico
de prácticas (privadas o públicas) que, por alguna
razón, la Historia –con mayúsculas– prefirió
soslayar. Tal vez es ese ademán de desprecio el que motivó
esta y otras crónicas, como la de la vida privada, la del
cuerpo o la de las mujeres.
En este caso, el periodista Osvaldo Bazán hace foco en la
homosexualidad. O, mejor dicho, en los modos en que los homosexuales
fueron abominados, discriminados, reprimidos, ocultados, disimulados,
burlados, objetados, excluidos y sancionados por la cultura dominante
desde la época de la colonia hasta ayer no más.
Sin embargo, la minuciosa indagatoria sirve para constatar que toda
vez que la Iglesia y el Estado (o los intelectuales “orgánicos”
de la Iglesia y el Estado a través de su aparato jurídico
e institucional, o los voceros ocasionales de la Iglesia y el Estado,
cuando no sus auxiliares científicos) se pronunciaron contra
la homosexualidad (para definirla como pecado o práctica
aberrante), dejaron expuesta la voluntad autoritaria en torno a
la cual se forjó el pensamiento hegemónico nacional.
En este sentido, el texto de Bazán no sólo documenta
los procedimientos discriminatorios (apoyados en teorías
de frágil e infame cientificidad) que sufrieron los homosexuales.
Con rigor y en detalle, Historia de la homosexualidad en la
Argentina exhibe la violencia sistemática ejercida sobre
el cuerpo –social e individual– y la manera en que la
comunidad la absorbió, la naturalizó y, en ocasiones,
la celebró. Aunque no resulte afable, en esa historia están
comprometidos treinta y cinco millones de argentinos.
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