Marea Editorial

Carlos Jáuregui / Harvey Milk - Iguales / diferentes

Por Mabel Bellucci

Más de las veces las comparaciones resultan odiosas. Cuando el actor Sean Penn ganó el Oscar por su protagónico en la película Mi nombre es Harvey Milk, estrenada el 28 de octubre de 2008, dirigida por Gus Van Sant, de inmediato se intentó buscar un paralelo entre este personaje y Carlos Jáuregui.

Tal vez, el estadunidense Harvey Bernard Milk (1930-1978) y el argentino Carlos Luis Jáuregui (1957-1996) tuvieron más diferencias que semejanzas. Abrir luces y sombras entre ambos podría ser una posibilidad aunque no resulte grato tentarse por encontrar paralelos. Empecemos por los distingos. Ell*s fueron emergentes sociales y políticos de sus contextos pese a que resultaban incompatibles y difícilmente equiparables entre la periferia del Sur y el imperio del Norte. En cuanto a los entornos históricos en los cuales desplegaron sus militancias, no se aproximaban por cercanía de época ni tampoco por los acontecimientos desatados. En el caso de Estados Unidos dirimía sus conflictos internos frente a los ultrajes de dos cruentas intervenciones bélicas que estallaron durante la Guerra Fría: Corea (1951-1953) y Vietnam (1958-1975). Mientras que en Argentina, desde 1955 a 1976, los diversos proyectos políticos de los sectores dominantes –la gran burguesía agroexportadora y la industrial así como las empresas trasnacionales– otorgaron a las fuerzas armadas un peso propio y una autonomía creciente [1], generando un fenómeno muy específico conocido como poder militar o partido militar. El ejército junto con grupos nacionalistas, católicos y de extrema derecha, representaban el punto culminante de esa violencia y operaron como brazo armado de los bloques dominantes. De esta manera, durante la última dictadura (1976/1983) se fueron sentando las bases para una nueva configuración del Estado, cada vez más distante de su rol benefactor. Desde su inicio, la desaparición forzada de personas se convirtió en la modalidad hegemónica del Terrorismo de Estado, sin olvidar que existieron cientos de miles exiliad*s, prisioner*s polític*s “legales”; centros de detención clandestinos y niñ*s apropiad*s.

Ahora bien, pasemos a sus vidas personales. Carlos estudió en un colegio católico privado y durante su juventud tuvo un fuerte vínculo religioso que practicaba a través de la militancia parroquial y los encuentros cristianos. Más aún: tenía como proyecto ingresar al oficio de seminarista [2]. En cambio, Milk era de tradición judía (el apellido original de la familia era Milch). Otro dato: Carlos asumió una vida sumamente austera, carente de techo propio, con trabajos precarios, si bien ejercía la docencia universitaria como la académica en La Plata y en Buenos Aires; nunca se propuso impulsar proyectos con el objetivo de un enriquecimiento económico. A diferencia, Milk, nació en Woodmere, Nueva York, provenía de sectores comerciantes, y sus actividades laborales se relacionaron de una u otra forma con la circulación del dinero. Se desempeñó en diferentes profesiones: vendedor de seguros; investigador en una compañía de inversiones financieras, ejecutivo de banca. También fue oficial de la marina, profesor, productor teatral. Sus ascensos eran frecuentes, disponía de una habilidad asombrosa en lo suyo y hacía ostentación de su éxito competente.

Alrededor de sus orígenes de clase en algo diferían. Carlos se crió en un barrio de descendientes de italianos en su amplia mayoría, sobre todo constructores que habían hecho algo de dinero y querían para sus hijos una buena educación. Su familia pertenecía a una clase media típica de La Plata y sus padres fueron profesionales pequeñoburgueses con cierta movilidad social, en tanto los de Milk representaban lo opuesto. Nieto de un vendedor lituano que era propietario de las grandes almacenes Milk’s Dry Goods en Bay Shore, Long Island, que llegaron a ser las más importante de su tipo en la región [3]. Harvey y su hermano, Robert, crecieron trabajando en este negocio familiar. Además, su abuelo fue un incesante colaborador de la primera sinagoga del vecindario. En cuanto a sus primeras simpatías políticas dividieron las aguas: Milk, de jovenzuel*, parpadeaba al Partido Republicano; Carlos, en esos años de universidad, se refugió en el mundo docente y académico aunque más tarde se comprometió en la lucha contra la violación de los derechos humanos. En aquellos tiempos los organismos se consolidaban como actor central de la política bajo la exigencia en torno a la “aparición con vida de los detenidos-desaparecidos”. Entre 1982 y 1983 comenzó a participar en las sucesivas manifestaciones antidictatoriales que se llevaban a cabo en Buenos Aires.

Uno era profesor de enseñanza media, especial y superior en Historia. En 1979 egresó de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) en el Departamento de Historia. Estudió francés en la Alianza Francesa y luego realizó cursos regulares de inglés en el Instituto Oxford. El otro asistió al New York State College for Teachers en Albany (ahora la Universidad Estatal de Nueva York en Albany) de 1947 a 1951, especializándose como profesor en matemáticas [4]. Tras graduarse, Milk se alistó en la Armada de los Estados Unidos durante la Guerra de Corea. Sirvió a bordo del buque de rescate de submarinos como oficial de buceo. Posteriormente, fue transferido a San Diego. En 1955 renunció a la Armada con el rango de teniente (grado inferior) [5]. No era casual que, tiempo más tarde, cuando iniciaba su fogosa arenga frente a la multitud de homosexuales, llamara a “reclutarse” en vez en vez de emplear un término menos afín a la jerga militar, como “convocar”. En cambio, tal como dicta el rito de iniciación de la clase media argentina, el joven Carlos, junto a un grupo de compañer*s, realizó un viaje por Europa a lo largo de un año desde el 16 de diciembre de 1980 hasta el 16 de diciembre de 1981. En París se inscribió en la École Pratique des Hautes Études, donde asistió como alumno auditor en el curso en Historia Medieval de una eminencia, el profesor Jacques Le Goff. Su aventura siguió hasta conocer Nueva York entre el 2 de mayo al 25 de junio de 1981. Posiblemente, bajo este contexto, asumió su homosexualidad. Su estadía fuera de Argentina le permitió experimentar vivir solo, alejado de la familia, temas importantes para su ruptura y visibilidad. Así, inspirado por la militancia gay en Francia y Estados Unidos, se sintió convocado de hacer lo mismo en su propia tierra. Decidió regresar a establecerse de forma definitiva y junto a un grupo reducido de activistas constituyeron la Comunidad Homosexual Argentina, más conocida como la CHA. Entre 1984 y 1987 con desvelo cumplió la función de presidente de tal asociación [6].
Por su parte, los aportes de Harvey Milk también fueron innegables en la conquista de derechos democráticos para las personas sexodisidentes. En este marco y, con particular intensidad, el movimiento LGTBI estadounidense fue hegemonizado por gay blancos y de clase media que dirigieron las numerosas organizaciones no gubernamentales surgidas en la lucha contra el HIV/SIDA. Además, se abocaron al lobby parlamentario, aceptando el convite del neoliberalismo para integrarse a una sociedad que dejó de cuestionar y a la conquista de derechos parciales desligados de cualquier perspectiva radical de crítica contra un sistema que se valía de la homofobia y el machismo para seguir dominando [7].

No obstante, hubo otros matices. Milk pudo dialogar, aunque haya sido con un tono tenso y desafiante, con el establishment gay de la época. De alguna manera, a fines de los setenta, ya se vislumbraba el potencial poder político del movimiento gay estadounidense; al punto que su voto logró ser contemplado por los partidos políticos mayoritarios a la hora de las elecciones, situación que no se replicó del mismo modo en la Argentina. En cambio, Carlos pocas veces se lo propuso ni estuvo en su mira. En el Buenos Aires de ese entonces aún pocos personajes públicos afrontaban el riesgo de la visibilidad en el espacio público y político. Por otra parte, hacia 1986 comenzó un acercamiento al Movimiento al Socialismo (MAS), partido trotskista que se caracterizó por su enfoque en la organización obrera y la lucha por el socialismo y el anticapitalismo. Dentro de sus filas abrigaba informalmente a activistas y a simpatizantes homosexuales y levantaba los reclamos y polémicas de las minorías sexuales y el feminismo desde la corriente Alternativa Socialista para la Revolución Social [8]. Luego, en 1993, él y su grupo de amig*s militantes tuvieron acuerdos con el Frente por la Democracia Avanzada (FDA), siendo el primer espacio político en la Argentina en colocar en su agenda las demandas de las minorías sexuales junto con la despenalización y legalización del aborto voluntario.

Quedan en pie los puntos convergentes: más allá de las diferencias, ambos eligieron la militancia como una única inscripción de vida. Tanto un* como otr* hicieron su coming out cuando sus padres habían muerto y se sintieron libres para decidir sobre su visibilidad y, por consiguiente, el accionar político. Si bien Milk desde la adolescencia neoyorkina aceptó su homosexualidad, no obstante, reservó el secreto hasta ser el primer funcionario gay de los Estados Unidos en llevar una ardua embestida por la conquistas de los derechos civiles de su comunidad sexual. Desde el 27 de noviembre de 1978 fue supervisor de San Francisco y el primer político abiertamente homosexual elegido para un cargo público. Carlos atravesó un proceso similar. En La Plata nunca demostró o intentó hablar de sus inclinaciones homosexuales ni con sus compañeros de la universidad o de la infancia. Él abandonó su ciudad de origen y marchó a Buenos Aires, dejando atrás sus experiencias negativas en aquella ciudad que la gente suele llamar “gótica”. Vuelto a la Argentina, en 1981, con la clara convicción de provocar que miles de manifestantes tomaran las calles como había visto en la París del socialista François Mitterrand; que era posible organizarse como comunidad por reivindicaciones precisas y alcanzables. Milk pasó de New York a California, justamente, por su permeabilidad a las expresiones alternativas y de contracultura. Ambos vivían una vertiginosidad ansiosa; mudándose de casa en casa. A los 40 años Milk, por último, decidió dar un giro a toda su vida. Fue cuando en 1972 se mudaría al estado de California. Allí, abrió en Castro Street la tienda Castro Camera, que se convertiría más adelante en la sede central de sus campañas y punto de reunión de sus colaboradores. Este barrio gay, en Eureka Valley, estaba ubicado en las periferias de San Francisco y atraía a los exiliad*s intern*s por su orientación sexual expulsad*s del ejército; del ámbito familiar, laboral y social. Fue así que en 1973, ni siquiera las políticas conservadoras ni su sexualidad fueron obstáculo alguno para presentarse como candidato a supervisor de la ciudad de San Francisco.
 

Quien haya conocido personalmente a Jáuregui sabrá con certeza lo que significó para él el departamento de la calle Paraná 157 primer piso F. Convivió junto con sus compañeros de militancia y amistad casi familiar, Marcelo Ferreyra y César Cigluitti, a lo largo de ocho intensos años. Paraná era algo más que un simple techo. Ahí, junto a Alejandro Modarelli, constituyeron la nueva agrupación Gays por los Derechos Civiles (Gays DC). Dialogaban, discutían, cruzaban experiencias mientras comían los viernes por la noche en las famosas cenas. Era un ágora de organización, capacitación ideológica, estratégica y acción política de la militancia sexodisidente porteña e internacional de todo tipo. Circularon activistas de diferentes orientaciones y nacionalidades, dando lugar a experiencias de alta significación: el proyecto de Unión Civil, querellas penales contra la curia por actos segregacionista con una alta resonancia social, contra el Estado, acciones callejeras, repudio frente al autoritarismo militar, armado de solicitadas, denuncias contra la represión policial a partir de los edictos policiales, así como la exigencias de derogar los códigos contravencionales y de faltas, la Ley de Antecedentes que atentaba contra los homosexuales, maricas, prostitutas y travestis. A ello se sumaba la organización de las Marchas del Orgullo, espacio articulador por excelencia de nuevos campos de intervención pública, y del futuro movimiento LGTTB en la Argentina. En efecto, Carlos tenía la capacidad de conectar personas que de otro modo jamás se hubieran cruzado, generando una red donde lo marginal y lo establecido dialogaban de forma productiva. Se sumaba así a través de un sonoro enfrentamiento mediático, político y jurídico de gran trascendencia.

En verdad, para ambos referentes la articulación de frentes políticos estuvo signada por el sello opositor tanto contra el régimen de turno así como contra las vetustas instituciones, sobre todo aquellas que hacían gala de una abierta homofobia y exclusión. Milk volcó su iniciativa en torno a las comunidades negras, hispanas, asiáticas, de ancianos y lisiados. En tanto, Carlos durante la transición democrática, acompañó a los organismos de derechos humanos; más adelante promovió la creación de grupos de travestis, intervino en el movimiento estudiantil, asistió a las feministas en la lucha por el aborto voluntario, entró en diálogo con las lesbianas no separatistas y hacia fines de 1995, a partir de un sinnúmero de reuniones con grupos sexodisidentes, diseñó una agenda de afinidades en común. Un año más tarde, en la ciudad de Rosario, la colectiva Arco Iris organizó el Primer Encuentro Nacional Lésbico, Gay, Travesti, Transexual, Transgénero, que estampó un antes y un después para llegar a lograr, hacia adelante, un pacto de convivencia a modo de ampliar los márgenes de la comunidad. Así se acrecentó el entramado de lo que fue el enlace inicial de gays y lesbianas al confluir, años más tarde, personas trans y travestis. Ya estamos frente a los primeros rastros de la comunidad GLTTB. Ciertamente, distintos actores se asociaban para transformar proyectos y a través de su praxis política; Carlos llevó hasta las últimas consecuencias lo enunciado por Milk: “Las puertas están abiertas para todos”.

Tanto para Carlos como para Milk la cara al descubierto representó una política de reivindicación al reconocimiento de las diferencias como único modo de comprometer al conjunto de la ciudadanía en impulsar la conquista de derechos civiles e impugnar legalmente la discriminación por orientación sexual para los excluid*s, los suprimid*s y desterrad*s. Ambos se valieron de la creciente popularidad de su militancia para ser referentes de las minorías sexuales, librando feroces batallas contra los distintos tipos de rechazo y odio por la orientación sexual o identidad de género, el machismo hegemónico y la violencia institucional. Estas instancias de participación constituyeron sus modos de intervención política. Milk fue asesinado el 27 de noviembre de 1978 a la edad de 48 años, el 20 de agosto de 1996 Carlos Jáuregui, a los 38 años, moría a causa del sida.
 

***

Este texto es un extracto, realizado por la autora, de su libro Orgullo. Una biografía política de CARLOS JÁUREGUI, Marea Editorial, 2026. El mismo se presentará el 20 de agosto de 2026 a las 18 hs. en El Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI), Rodriguez Peña 356, CABA.

***

 

NOTAS AL PIE


[1] Calveiro, Pilar, Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina, Buenos Aires: Colihue, 1998, p. 7.
[2] Bellucci, Mabel, ORGULLO. Una biografía política de CARLOS JÁUREGUI, Buenos Aires: Marea, 2026.
[3] Sheldon K. Goodman ,“Cuatro tumbas para Harvey Milk”, Club del cementerio, Londres: 1 de febrero de 2018, disponible en: https://cemeteryclub.wordpress.com/2018/02/01/four-graves-for-harvey-milk/.
[4] Cortés, Juan Ignacio, “¿Por qué Harvey Milk es un símbolo para la comunidad LGBTIQ+?”, Buenos Aires: Amnistía Internacional, 30 de junio de 2023, disponible en: https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/blog/historia/articulo/harvey-milk-un-simbolo-para-la-comunidad-lgbti/.
[5] Algunos documentos publicados por la Marina planteaban que fue amenazado con ser sometido a un consejo de guerra por un cargo de “participación en un acto homosexual” con otro militar, y que luego se sometió a un examen psiquiátrico. No obstante, esta noticia presentaba desconcierto frente a su veracidad a la hora de determinar esa baja “deshonrosa”. Lo cierto fue que tales declaraciones fueron cuestionadas por su falta de asidero.
[6] Bellucci, Mabel, ORGULLO, ob. cit.
[7] Fernández, Alexandro , “Harvey Milk, ¿el orgullo domesticado?”, Buenos Aires: La Izquierda Diario, 28 de junio de 2018, p. 1, disponible en: https://www.laizquierdadiario.com/Harvey-Milk-el-orgullo-domesticado?gad_source=1&gad_campaignid=12777004057&gbraid=0AAAAADgc_A-cDV7VKnr_X_oSJvKz739m2&gclid=Cj0KCQjw9obIBhCAARIsAGHm1mT7hk0Eh0o2fhr4xSgGaqWqTXCpfNEKZf5d3EkB2dfzUW2OYtVa6N4aAt0JEALw_wcB.
[8] Bellucci, Mabel, “Daniel Retamar. Pujanza revolucionaria y militancia homosexual”, Moléculas Malucas, febrero de 2022, disponible en: https://www.moleculasmalucas.com/post/daniel-retamar.

Galería