Marea Editorial

Edgardo Esteban: cuando las palabras ayudan a soportar el dolor de Malvinas

El periodista, escritor, guionista y excombatiente publicó su novela más reciente sobre su experiencia en la guerra. "Haedo y Malvinas son mis dos lugares en el mundo", asegura.

“No nos animamos a hablar, / De Constitución a Haedo / en el interior del Citröen 3CV, / camino a casa”. Como la mayoría de los excombatientes de Malvinas, Edgardo Esteban recuerda su regreso de las Islas no como un acontecimiento victorioso, sino como un evento marcado por el dolor de lo vivido y un clima social inundado por la negación e indiferencia de una derrota. La cita anterior corresponde a su poema “Regreso”, perteneciente a su libro Notas en el viento, uno de los siete de su autoría, y sigue: “Escuchamos el silencio del ruido del motor. / Los rojos, amarillos y verdes estallan en la mirada. / Vuelvo: extraño los grises, el viento salado / el olor a humo de la turba”.

Esteban comenta que entró al servicio militar en una suerte de “rebeldía pobre”, ya que decidió inscribirse a partir del mal vínculo que tenía con el marido de su madre. Durante las revisiones médicas podría haber optado por no continuar con el enrolamiento: tenía pie plano, una aparente obstrucción en el ventrículo izquierdo y una madre viuda. Sin embargo, era más grande su deseo por ser parte de los boina roja, es decir, los paracaidistas.

Los que en un principio iban a ser seis meses de entrenamiento, terminaron siendo veinte, y Esteban se iba de baja el 4 de abril de 1982. Ese día, en su casa de Haedo, su madre, con esa “sabiduría de barrio”, le advirtió de los peligros de una guerra, pero a él le entusiasmaba la idea de una aventura en las islas Malvinas, sin imaginar lo que luego debía atravesar. Su rol fue de topógrafo, algo que hoy en día se resuelve en instantes con un GPS.

“Ya no hay muerte / y sin embargo seguís estando”. El 1°de mayo cayó la primera bomba, la primera vez en la que Edgardo Esteban sintió esa sensación que resuena en todo el cuerpo y no se borra más. La aventura, entonces, pasó a ser la guerra de Malvinas que dejó un saldo de 649 combatientes argentinos muertos. "La guerra es un procedimiento por el cual hombres que no se conocen se ven obligados a matarse por hombres que sí se conocen y no se matan", afirma.

Él no es un sobreviviente, no le gusta que le digan así. El trauma resignificó su vida. La posguerra, asegura, fue la parte más dura. Frente a una sociedad y autoridades indiferentes, los excombatientes seguían (y continúan a día de hoy) librando una batalla interior. Nadie tiene la fórmula para exorcizar su dolor. Algunos terminaron con estrés, otros se quitaron la vida. Para Esteban, la manera de liberarse de las cadenas del pasado en las islas fue a través de la escritura.

Su plan inicial al volver de la guerra era ser agrimensor. Sin embargo, su vida tomó un giro cuando volvió como prisionero de guerra en el Canberra: un barco fantasma que la prensa había hundido el 25 de mayo del 82, pero que, evidentemente, era una mentira para alimentar un debilitado espíritu patriótico, creando la ilusión de que la guerra estaba siendo ganada. Enterarse de esa construcción de una verdad ausente fue el punto bisagra para su carrera, y decidió estudiar en el Círculo de Prensa.

“Vuelvo otra vez. / Traigo ese frío lejano. / Volvió el soldadito de Malvinas. / Volvió sin palabras. / Volvió sin eternidad”. Volvió y trajo con él experiencias que se conocen gracias a su escritura. Cuando para muchos excombatientes el antídoto superficial fue el silencio, Esteban sintió la necesidad de poner en papel esos garabatos que llamamos letras y cobrarlas de sentido: dotarlas del significado que trajo sobre su espalda, grabado en el cerebro.

En su novela Iluminados por el fuego, que en 2005 fue llevada a la pantalla grande, buscó retratar la parte humana de la guerra, los pibes que se ponen a jugar al fútbol y su ya mencionada guerra interior. Los soldados fueron personas que soportaron el frío, pasaron hambre y tuvieron que tolerar maltratos de superiores mientras ponían el cuerpo en una guerra que les fue impuesta.

Además, Edgardo Esteban perdió su identificación cuando le arrebataron su cédula militar a bordo del Canberra y la subastaron en Reino Unido por 1.750 libras. Un pedazo de cartón que para muchos puede ser prescindible obstinó a Esteban al punto de lograr recuperarla e inspirar su novela más reciente, La última batalla, porque en definitiva fue parte de su identidad y una representación de lo que vivió.

“Me bajo. / Un perro ladra en la oscuridad de la noche”. Si bien su regreso a Haedo no fue glorioso, Edgardo Esteban aboga por la "malvinización" y una “soberanización” no solo marítima o territorial, sino que a través de la cultura, la educación, los derechos humanos, la economía y comunicación. El propósito es, entonces, construir colectivos en los que Malvinas es parte del sentido de pertenencia y mantener viva la llama de estas dimensiones.