Marea Editorial

Eduardo Mattio - Presentación de Orgullo. Una biografía política de Carlos Jáuregui en Córdoba

Eduardo Mattio*

Las condiciones sociales y políticas bajo las que presentamos esta tercera edición ampliada del libro de Mabel Bellucci, publicado por Marea editorial, sobre Carlos Jáuregui (1957-1996) son notablemente diferentes a las que acontecían cuando aparecieron las dos primeras ediciones —en 2010 en Emecé y en 2020 en Final Abierto—. Este momento grave e incierto que estamos atravesando, no nos despierta mucha confianza en el futuro próximo que nos espera. La hostilidad de la agenda gubernamental libertaria en diversos temas de interés público, y, en particular, para con las disidencias sexo-genéricas, ha alcanzado niveles que creíamos superados y que tiene graves efectos sobre el incremento actual de la violencia y la discriminación contra la población sexo-diversa. Tal estado de cosas arrasa las condiciones necesarias para gozar de una vida digna (en lo personal y en lo colectivo). Celebro entonces que contemos con otra edición de Orgullo, justo casi cuando se están cumpliendo los 69 años del nacimiento de Jáuregui y, apenas un mes antes, los 30 años de su fallecimiento. Por todo esto, es muy oportuno que lo presentemos hoy en El Museo de Antropologías de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba.

Celebro, decía, esta edición porque nos proporciona generosamente un motivo para la esperanza. No cualquier esperanza. Pienso en lo que Cecilia Macón (2017) ha llamado “esperanza contra natura”. Es decir, en una esperanza que no está orientada hacia el futuro, con las expectativas puestas en algún cambio de rumbo milagroso. Estoy pensando más bien en esa esperanza que vuelve hacia atrás, que confía en lo que el pasado nos ha provisto, que atiende a los legados abiertos e inconclusos de las luchas del pasado, a las revueltas colectivas que todavía esperan ser cumplidas y logradas. No se trata de nostalgia, ni tampoco de melancolía. Es la esperanza de que podamos reorientar el curso de las cosas desde lo que los espectros del pasado nos murmuran: otras formas de organización de lo social, de lo económico y de lo político que amplíen la justicia hacia todo lo vivo y lo no vivo.

En ese pasado en el que espero, encuentro, entre otras motivaciones, a la generación de Carlos Jáuregui que el libro de Mabel tan bien nos presenta. Digo “generación” porque pese a su título no se trata estrictamente de una mera biografía personal sino que es también una representación estimulante de toda una época, con sus logros, expectativas y limitaciones. Orgullo logra mostrar la figura de ese líder nato que fue Carlos para sus coetáneos, particularmente, para otrxs activistas y referentes políticos que junto a él dieron forma institucional a las luchas de la diversidad sexo-genérica desde mediados de los 80. Ofrece además una narración de los desafíos sociales y políticos que establecieron los compromisos e inquietudes de la comunidad lgttb local en los años de la restauración democrática y del menemato. Es decir, tensiona esa particular condición de la política argentina, y quizá de la política a secas, en las que ciertos cambios sociales son imposibles sin la emergencia ciertos referentes políticos que imaginan y alientan cambios de envergadura y sin los entramados de lucha colectivos en los que tales liderazgos florecen y se despliegan. Por eso mismo, Orgullo no solo nos acerca a la figura de Carlos sino también a la de sus compañerxs de militancia, esa generación fuertemente atravesada tanto por la lucha contra la violencia institucional de los edictos policiales como por los efectos letales de la pandemia del SIDA de los años 80 y 90 en la barbarie neoliberal de fines del siglo pasado.

Frente a tales desafíos, su activismo y la de su generación supuso la inteligencia política de generar alianzas amplias y sostenidas, no sólo entre las distintas porciones del colectivo lgttb, sino también con actorxs del feminismo, de los organismos de Derechos Humanos, de partidos políticos afines, entre muchos otros vínculos virtuosos. Son esas coaliciones difíciles y conflictivas entre gays, lesbianas, transexuales y travestis —las cuatro patas del movimiento a las que se refería Jáuregui— las que fueron construyendo los contornos amplios y porosos de los que todavía disfruta nuestro colectivo. La mirada estratégica y ecuménica de Carlos fue indispensable para que eso aconteciera. Es convergente el relato de activistas travestis como Lohana Berkins y María Belén Correa respecto de la hospitalidad política recibida de parte de Jáuregui. Es en el marco de esas trabajosas alianzas que contribuyó a torcer y ampliar la trayectoria de las luchas por los Derechos Humanos en la Argentina. Incluir “el libre ejercicio de la sexualidad como derecho humano” supuso extender el alcance cobertor de los derechos, pero también politizar la intimidad —la de la violencia y de la invisibilidad— a la que estábamos condenados los sujetos sexo-diversos. En ese cimiento de visibilidad y reconocimiento fue posible el logro de otras políticas sexuales que se fueron sucediendo, incluso, tras la muerte de Carlos; en esa cantera de derechos es que se hizo posible otro presente —hoy amenazado— para las generaciones que nos vimos beneficiadas por aquella militancia.

Uno de los aspectos que más me gustan de este libro es la presentación polifónica que ofrece de Carlos y de su época. En esa alternancia de testimonios y documentos (muchos de ellos efímeros) en la que se van tejiendo su biografía política y las condiciones sociopolíticas que la hicieron posible, encontramos lagunas, algunos claroscuros que la autora no pretende salvar ni resolver de manera definitiva, como indicando que el referente político es mucho más que lo que podamos conocer de sus compromisos ideológicos y de sus contiendas políticas. Pienso en dos aspectos (seguro que hay más) que si bien son desarrollados en el libro quedan abiertos al juicio crítico de lxs lectorxs. Uno de ellos es su origen católico y la influencia que tal modo de vida haya podido tener en su militancia. No porque haya llevado la ideología cristiana a su activismo, sino porque es posible que algo de ese compromiso vital (y hasta sacrificial) que tenía para con lxs demás se derive quizás de su vinculación juvenil con el catolicismo tercermundista de Medellín y Puebla. Otro de los aspectos que queda abierto es su vinculación con la agenda del SIDA. Como señala Alejandro Modarelli (citado en el libro): “A Carlos le hartaba hablar del tema del SIDA: que lo hiciera otro, él no quería saber nada con eso. Él estaba interesado en el tema de los derechos, no tanto del SIDA... Iba a las marchas del día internacional de lucha contra el SIDA… Pero eso no lo hacía particularmente devoto del tema”. ¿Qué había en ese desinterés o hartazgo por la temática? ¿El afán de no vincular de modo estigmatizante y necesario pandemia y homosexualidad? ¿O era su celo por orientar las luchas sexo-diversas a algo más básico: el reconocimiento de los homosexuales como sujetos de derechos?

Al comienzo señalaba la esperanza que me despierta ese pasado común que Jáuregui y su generación representan: hay algo en esa temporalidad, en algún sentido lejana, que aún nos enriquece y que corre el peligro de perderse. En esos logros iniciales, en esas luchas por el reconocimiento hay un legado que todavía tiene que continuarse y preservarse, que incluso tiene que profundizarse. Orgullo atestigua la trama humana y contextual de aquellos años que demarcó el límite político entre estigma y dignidad, entre crueldad y reconocimiento, entre violencia y derechos. En este momento amargo sobran las razones para ser fieles a la herencia que Carlos y los suyos nos han cedido y encomendado a todxs nosotrxs. ¡Ojalá que estemos a la altura!

¡Muchas gracias!

 

 

* Doctor y Licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Profesor Adjunto de Ética I y de Seminario Metodológico en la Escuela de Filosofía e investigador en el Área de Feminismos, género y sexualidades (FemGeS) del Centro de Investigaciones María Saleme de Burnichon de la Facultad de Filosofía y Humanidades (CIFFyH), UNC. Miembro del Comité Académico del Doctorado en Estudios de Género del Centro de Estudios Avanzados, Facultad de Ciencias Sociales, UNC. Miembro de REDINSEX. Su trabajo académico reciente aborda el cruce entre filosofía práctica, emociones y disidencia sexo-genérica.