Carlos Jáuregui (1957-1996)- fundador y primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), asociación que surgió en los tempranos y democráticos años ochenta- parecería ser el nombre para referenciar un conjunto de políticas más reivindicativas contra la discriminación, la violencia institucional y por la conquista de los derechos civiles. Por una parte, la presidía entre 1984 a 1987, y por otra, la articulaba con los organismos de derechos humanos, como uno de los tantos modos de lograr la visibilidad desafiante que necesitaba. La CHA fue creada bajo la impronta de la defensa de los derechos humanos y como parte integrante de un conjunto mayor de luchas sociales. No obstante, con anterioridad a su creación ya Carlos venía participando, entre 1982 y 1983, en las sucesivas manifestaciones de derechos humanos contra la dictadura cívico militar que se llevaban a cabo en Buenos Aires. No fue así mientras él vivió en La Plata. Este dato lo recuerda Alfredo Triana, su compañero de la universidad:
“En La Plata nunca estuvo vinculado a organismos de Derechos Humanos. Es un proceso que se da en Buenos Aires, y yo me acuerdo de que él me lo contó allá que estaba trabajando con algunos organismos, y a mí me sorprendió, y bien. Fue después de la dictadura. Él era un militante”.1
Mientras Willy Vigo, otro íntimo compañero, agregaba un hecho que fue revelador para orientar su futura militancia en los organismos de derechos humanos:
“En esa travesía por Europa que hicimos juntos, en un otoño de 1980 en Madrid, Carlos se tropezó con un número de El Viejo Topo dedicado por completo a denunciar los horrores cometidos por la dictadura militar en la Argentina. Tengo presente el estremecimiento que le produjo leer aquellos testimonios de sobrevivientes, víctimas del terrorismo de Estado. Con esa lectura se interesó más sobre la existencia de los desaparecidos.”2
A su regreso, luego de un largo recorrido por Europa, comenzó a gestarse en él un compromiso con las causas de los derechos humanos que fue ganando fuerza con el paso del tiempo. Ese involucramiento puede rastrearse en distintas escenas y testimonios de la época.
Una imagen elocuente de su participación es el mural de la Tercera Marcha de la Resistencia, conocida como el Siluetazo, convocada por las Madres de Plaza de Mayo, 21 de septiembre de 1983, confeccionado por Eduardo Gil sobre una de sus fotografías.3 Entre los cientos de personas retratadas se distinguen las figuras de Roberto y Carlos Jáuregui, Hugo Vezzetti, Martha Rosenberg y Blas de Santos, entre otros. Francisco López Bustos, amigo y compañero de aquellos años, recordaba además “que Carlos había participado en la histórica movilización de diciembre de 1983, durante la asunción de Raúl Alfonsín”. 4
Otro episodio revelador tuvo lugar en 1984, cuando el Movimiento Judío por los Derechos Humanos –liderado por el periodista y director del semanario Nueva Presencia, Herman Schiller, junto al rabino estadounidense Marshall Meyer, adalid de la transformación cultural de la comunidad judía latinoamericana– lo invitó a marchar junto a su columna. Jáuregui participó portando un cartel hecho a mano, con consignas que condensaban el clima de época: la denuncia del prejuicio, la represión y el poder de la Iglesia. En los encuentros que ambos compartían, Carlos escuchaba con atención los consejos de Schiller: “creía en la necesidad de construir un frente ideológico amplio con otros sectores afines –prostitutas, presos políticos–, cada uno desde sus propias especificidades, para enfrentar la discriminación y el autoritarismo”. Además, le advertía, en particular, sobre el riesgo de replegarse en guetos. De eso, Jáuregui sabía bien.
En una entrevista que le realizó en la revista mensual Vamos a Andar nº 2 (octubre de 1986), llamada “H. SCHILLER”, su propuesta iba más allá. En esa línea, el periodista señalaba que “Los homosexuales deben dejar de asumir formas vergonzantes. Es necesario sentir orgullo de la propia identidad para salir a pelear por sus derechos. Muchos de ellos que asumen formas vergonzantes cumplen aquello que expresó Albert Memmi, en 1957, en Retrato del colonizado: ‘el colonizado adquiere la psicología del colonizador. Su propio idioma’”.
Para Carlos siempre era importante marchar, hasta podía concurrir solo sin mayores vacilaciones. Eran muy pocos los militantes de su grupo que viesen con tanta claridad que había que estar en la calle, que a partir de esa presencia pública se alcanzaba una visibilidad esencial. Era parte de un nosotros desde el momento en que la ciudadanía se entremezclaba como una marea movilizándose hacia Plaza de Mayo, con o sin estandartes, con agrupaciones o sueltos que miraban desde las veredas o desde las puertas de los bares.
Este recorrido demostraría que la militancia de Carlos no nació de un día para el otro en abril de 1984, cuando se fundó la CHA. Más aún, lo único que disponía a su favor como trayectoria era su carrera como docente universitario y académico. En ese sentido, resulta poco probable que una persona sin un itinerario previo ni un camino ya transitado en la lucha ingresara a una asamblea en pleno debate y, casi sin mediaciones, fuera elegida presidente de una organización en proceso de ser conformada.
Por otra parte, él comenzó a perfilar su vida política durante el tiempo que perduró su estadía en el exterior hacia el final de la dictadura al toparse con acontecimientos que provocaron una mutación y que más tarde lo impulsaron a volcarse a una militancia que no se apoyaba en una trayectoria política previa. En líneas generales, algunos referentes del campo sexual de aquellos años si bien estuvieron comprometidos con el contexto histórico de apertura en nuestro país, no compartieron la experiencia de presenciar movimientos fervorosos homosexuales como se presentaron en las dos grandes polis internacionales: París y Nueva York, tal como atravesó Carlos.
En realidad, a lo largo de estos años se plantearon diferentes suposiciones sobre las razones que llevaron a que fuese elegido presidente de la asociación, basadas por sus condiciones personales o sociales: el ser blanco, rubio, universitario, clase media, no obstante, pocos se detuvieron a considerar los puntos abordados más arriba, pero también aparece otro dato significativo: la decisión de abandonar su carrera pedagógica y académica para abocarse por completo a la militancia callejera y, en simultáneo, construirse como un referente político y fundador de una comunidad a futuro.
El 20 de septiembre de 1984 fue la primera vez que la CHA asistió a una movilización de derechos humanos con su propia bandera y con una columna integrada por cien homosexuales, cuando la CONADEP hizo entrega del Informe Nunca Más al presidente Raúl Alfonsín,5 marcha histórica donde también estuvieron presentes las organizaciones de derechos humanos, agrupaciones de izquierdas, estudiantiles y feministas. Carlos recordaba con suma emoción ese acontecimiento:
“Nosotros, cien aterrorizados homosexuales y lesbianas, nos concentramos en Perú e Hipólito Irigoyen, allí desplegamos nuestras pancartas, una con el nombre de la asociación, otra con la consigna ‘Juicio y castigo a los culpables’. Avanzamos hacia la Plaza de Mayo. Sabíamos que delante nuestro había una multitud, calculada en cincuenta mil personas. Al llegar a la altura del Cabildo nos tomamos las manos, la gente comenzó a abrirse para dar paso a nuestra pequeña columna. Primero miraban asombrados, después los aplausos que, sabíamos, no significaban nada y significaban todo”.6
Días más tarde, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) organizó, en el Centro Cultural San Martín, la jornada “Efectos de la Represión: dimensión de lo psíquico” e invitó a la asociación a participar en los paneles.7 Desde luego, una oportunidad así fue aprovechada al máximo: alrededor de una treintena de sus integrantes intervinieron en la actividad.
Relatos de vida y experiencias militantes de hechos históricos
Nora Cortiñas, una de las principales referentes de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora, quien participó de las Marchas del Orgullo, a partir de 1993 en adelante, testimoniaba lo siguiente:
“Te diría que en realidad, éramos tres o cuatro Madres que apoyábamos las actividades de la CHA y después interveníamos en las Marchas: Renée Epelbaum, Laura Bonaparte, Margarita Gropper y yo. Yo le decía a Margarita “acompañémoslos, están solos. Que sepan que los apoyamos”. No era desde los organismos de derechos humanos, era básicamente desde las Madres. Los organismos nunca participaron activamente salvo HIJOS que estuvieron desde sus orígenes. También los acompañaba Amnistía Internacional, Familiares se incorporaron más tarde. Carlos Jáuregui tenía una relación muy estrecha con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Él estaba contactado con por el profesor y fundador del sindicato docente La Confederación de Trabajadores de la Educación (CTERA), el socialista Alfredo Bravo y, en particular, con Augusto Conte. Se hacían reuniones en la Asamblea y también en el SERPAJ, lo tengo muy claro. Eran reuniones para organizar marchas y actividades culturales. Así fue dándose que cuando había una mesa de derechos humanos también entraban este movimiento. Entonces se fue tomando conciencia que dentro de los derechos humanos había otros derechos, como los de orientación sexual. Ellos también nos buscaban por toda la pelea que había en ese momento por la derogación de los edictos policiales, que eran vergonzosos. Éramos como un apoyo, como un aval por compartir la historia y quizás así serían menos reprimidos, mejor dicho, menos hostigado”.8
La Asociación de Madres, liderada por Hebe de Bonafini, también conservó valiosos recuerdos sobre el compromiso de Carlos con la causa de los derechos humanos: “Yo lo conocí hace muchísimos años en La Plata. Ya en el ‘80 venía con nosotras con la idea de formar algo. Y se agrupaba y charlaba con la gente. Él creo que tenía un trabajo en la universidad pero no se quería abrir tanto porque en ese momento la universidad era un terror, tan llena de fachos. Él estaba con nosotras desde antes del 86. No les puedo precisar fechas. Él se encariñó mucho conmigo. Hay que buscar en el Periódico de las Madres. Estoy segura que él escribió con nosotras. Siempre tenía un volantito hecho a mano no como los que son ahora, que se imprimen. Y te pedía permiso y los repartía. Carlos mucho antes de la creación de la CHA, tenía la concepción de meterle a la gente el tema de la discriminación, contra la cual él luchaba con fervor. Nosotras las Madres firmábamos solas. Para los otros organismos era un tema que los comprometía. Él tampoco quería comprometerte, porque Jáuregui no hablaba sobre la homosexualidad, sino sobre la discriminación, que en ese momento era diferente. Era una persona tan inteligente. Lo tengo todavía presente. Era respetuoso, no presionaba a nadie para que estuviera cerca, para que firme. Al contrario, por eso a mí me daba más bronca cuando los organismos no le querían firmar porque era una injusticia. Nosotras cuando hacíamos un acto lo invitábamos de la misma manera que él nos invitaba a nosotras”.9
Otra presencia que aportó sustantivamente a la CHA y, en particular, a Jáuregui, fue Laura Bonaparte. Si bien se la conoció por ser integrante de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y como observadora de Amnistía Internacional, sin embargo, emprendió otras militancias poco registradas en defensa a las demandas de las minorías sexuales y al aborto voluntario, considerándolos parte de los derechos humanos.10
Ella tanto en su exilio en México como en Argentina durante la transición democrática tuvo un lugar destacado por su temprano e incondicional compromiso con colectivas de lesbianas, maricas y travestis, desde su enriquecedora experiencia feminista, atea y socialista a lo largo de su vida militante. Con fineza de pensamiento, claridad y holgura, hablaba sobre el aborto voluntario y la homosexualidad en épocas que, para un gran número de organismos de Derechos Humanos los homosexuales eran “extraterrestres”.
Una de las políticas fundamentales de la CHA era la de articular y mancomunar los esfuerzos con los organismos de derechos humanos, entendiendo que la homosexualidad integraba parte del mismo campo. Por esta razón, adhería, convocaba y participaba en marchas históricas. Posiblemente, el vínculo entre Laura y Carlos se produjo en plena intervención callejera dado por las rondas y movilizaciones de las Madres. O tal vez, estuvo mediada por Alfredo Bravo. Ambos lo admiraban profundamente: era una de las voces más relevantes en la denuncia de los crímenes de lesa humanidad y en el apoyo a la lucha feminista por el aborto voluntario y el acceso a los métodos anticonceptivos. Sin embargo, fue Eduardo Antonetti, activista por los derechos de la comunidad gay e integrante de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM), quien la conoció y la invitó a compartir las acciones que venían desarrollando. Se la presentó a César Cigluitti y a Marcelo Ferreyra, que de inmediato la adoptaron. Eduardo estaba muy vinculado a Madres-Línea Fundadora a través de Laura Bonaparte y Nora Cortiñas. Su vinculación con Madres lo llevó a tomar vertientes más críticas al optar por ser un militante de todas las causas.
En consecuencia, Laura fue una rara avis, una militante excepcional con relación a la mayoría de los integrantes de los organismos en cuanto a cuestiones que estaban por fuera de la agenda tradicional. En líneas generales, muchos de ellos podían incomodarse frente a la participación de homosexuales en espacios comunes. César Cigliutti evocaba lo vivido:
“A gran parte de los activistas de los organismos en ese momento inicial a quienes nosotros nos acercamos, si les hubieran preguntado por la CHA la respuesta habría sido: ‘Preferimos que no estén’. Carlos tenía una veneración increíble por Hebe de Bonafini. Y a ella, cuando nos veía venir, se la notaba incómoda. ¿Qué te puedo decir? Era razonable. Hasta ese momento no había habido ningún tipo de visibilidad de nuestra parte. En cambio, Laura Bonaparte aportó muchísimo a nuestra formación, con una sensibilidad y un afecto… Aún tengo presente una frase suya que para mí fue reveladora: ¿si uno no tiene derecho a su propio cuerpo a qué tiene derecho? Nunca lo había escuchado. Era increíble. En realidad, no fue una cosa rápida, mediática ni mucho menos. Llevó años de entendimiento para llegar hasta donde llegamos.”11
En un principio, la dirigencia de la CHA optó como regla evitar la confrontación cara a cara con sectores del Poder Ejecutivo. Justamente, si deseaba frenar el accionar policial y, a la vez, derogar las normas represivas, había que impulsar el diálogo. Efectivamente, su política consistía en aliviar tensiones. Al respecto, Carlos manifestaba: “Lo que sí podemos hacer nosotros es formar una comunidad. Eso implica tolerarse mutuamente”.
Al poco tiempo, la CHA presentaban su estrategia de trabajo en el Informe Anual (marzo de 1985), en el cual proponían consultas con los distintos sectores que componían el universo político de entonces. Como era de prever, en un primerísimo lugar estaban las organizaciones de derechos humanos.12 Entrevistaron a casi todas ellas, entregándoles una carpeta informativa sobre la asociación y sus reivindicaciones específicas. Uno de los temas que estaba presente era reclamarles a los organismos que reconocieran como discurso el libre ejercicio de la sexualidad. En ese contexto, Carlos fue un pilar del entramado de estrategias conjuntas puesto que entendía la acción, por un lado, como un modo de visibilizar las demandas gays en el campo de la política y, por el otro, articulaba la lucha específica con la de otros movimientos, básicamente en estos años, con los organismos de derechos humanos y con las agrupaciones feministas.
En la etapa de la transición democrática, un gran número de referentes de los partidos políticos mayoritarios, de centroizquierda y de izquierda formaban parte o adherían a las acciones que llevaban a cabo los organismos con los que Jáuregui estaba en estrecho contacto. Así se explica que él haya entablado un trato personal con Augusto Conte Mac Donell, abogado, político líder del Partido Demócrata Cristiano, de una corriente interna partidaria llamada Humanismo y Liberación junto con otros dirigentes como Carlos Auyero, Enrique de Vedia y Néstor Vicente. Conte asumió como diputado nacional desde 1983 hasta 1987. Fue militante por los Derechos Humanos.13 Néstor Vicente, otro de los políticos que intervino en dicha corriente para luego incorporarse al Partido Intransigente (PI), escribió su biografía llamada Augusto Conte: Padre de la Plaza. En una carta breve pero contundente, redactada por Conte a las autoridades de la asociación, publicada en el Boletín de la CHA n.º 8 (septiembre de 1985) marcaba su posición:
“No habrá verdadera democracia en la Argentina hasta tanto existan sectores a los cuales no se les respeten integralmente sus derechos y sufran actos vejatorios por parte de la policía”.
Carlos admiraba profundamente la labor legislativa de este político. Pese a su corto protagonismo en la Cámara de Diputados, quizá Jáuregui haya pensado que esa línea de gestión podría replicarse en un futuro no lejano. Del mismo modo, fue quien fundamentó la propuesta de modificación del proyecto de ley del Poder Ejecutivo sobre discriminación, tal como apareció publicado en el Boletín de la CHA n. º 9 (octubre de 1985):
“La ley debe combatir los actos discriminatorios en el lugar donde ellos se originan y punir las sanciones de quienes los preparan o incentivan. Debemos recordar que aún se practican actos persecutorios y discriminatorios contra la comunidad homosexual. Ello contradice no solo la letra y el espíritu de nuestra Constitución, sino también el principio de libertad que ha de regir toda convivencia democrática”.
En rigor, Jáuregui además de su cercanía con Conte amplió relaciones con la plana mayor de la APDH.14En esa etapa estaba conformada por el nombrado Alfredo Bravo Graciela Fernández Meijide y Simón Lázara (Partido Socialista Unificado) entre otros tantos de talla. Este último fue el impulsor de la ley 23.950 sancionada en 1991 que determina la derogación de facultad de la corporación policial para detener a las personas por averiguación de antecedentes. Claramente, era una norma legal orientada a proteger a las minorías sexuales contra la discriminación y el autoritarismo institucional.
Del mismo modo, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS)15, a cargo del escritor y abogado, Emilio Mignone, colaboró con la CHA al brindar una contención institucional. Ese ofrecimiento consistía, por un lado, en poner a disposición su servicio legal y, por el otro, comprometer su firma en apoyo a todo tipo de necesidad de la asociación. Que un defensor de los derechos humanos de tal magnitud como era Mignone se haya comprometido con tal intensidad, demostraba la confianza que le proporcionó la conducción de Jáuregui.16
Al ritmo de las luchas, esos vínculos se fortalecieron al compartir juntos inagotables movilizaciones, expresiones callejeras, solicitadas y documentos. No obstante, fue allí donde las dificultades de articulación con los organismos se hicieron visibles. Por ejemplo, el tema de las consignas representó una muralla demasiado alta para escalar: “Juicio y Castigo y Aparición con Vida” no habilitaban otro tipo de reivindicación y, menos aún, una relativa a las minorías sexuales.
De alguna manera, Carlos planteaba la gran dificultad que tenían para que se comprometieran con las demandas gays. Costaba bastante entablar un diálogo más formal. Él se movía con los organismos a través de un trato personal. Los prejuicios de esa época eran una gran barrera, en particular, con las Madres de Plaza de Mayo y Familiares. Era una compañía que ellas sentían que no las ayudaba. Y él se resentía con esa actitud. Siempre decía, “para las Madres nosotros no somos los hijos perfectos que hubieran querido”. Evidentemente, tenía un gran sentido del humor. Se lamentaba del trato que recibían, en un momento donde las Madres eran, y siguen siéndolo, un símbolo significativo en la Argentina de legitimidad de una lucha antidictatorial y democrática.
* Archivista, periodista, ensayista y activista feminista queer. Autora de Orgullo. Una biografía política de Carlos Jáuregui, Marea Editorial, 2026. El libro se presentará el 20 de agosto de 2026 a las 18 horas en el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI), Rodríguez Peña 356, CABA.
1. Entrevista realizada por la autora y por Martín De Grazia, noviembre de 2008.↩︎
2. Ibídem.↩︎
3. Eduardo Gil es artista visual, fotógrafo, curador independiente. Desarrolla una intensa actividad docente. Ha expuesto su obra (fotografía, video, instalaciones, intervenciones urbanas) en más de 200 muestras en América Latina, Europa, Estados Unidos y Asia.↩︎
4. Entrevista realizada por la autora, mayo de 2009.↩︎
5. Jáuregui, Carlos, “La CHA y los Derechos Humanos”, Buenos Aires: Boletín de la CHA, n.º 2, diciembre de 1984.↩︎
6. Jáuregui, Carlos, La homosexualidad en la Argentina, op. cit., p.205.↩︎
7. Ibídem.↩︎
8. Entrevista realizada por la autora, octubre de 2009.Disponible en: https://www.laizquierdadiario.com/Norita-Cortinas-y-orientacion-sexual-Yo-quise-acompanar-tambien-porque-fueron-perseguidos↩︎
9. Entrevista realizada por la autora y con Martín de Grazia, agosto de 2008.↩︎
10. Bellucci, Mabel, “Laura Bonaparte: lesbianas, travestis, maricas y feministas te recuerdan”, Buenos Aires: Moléculas Malucas, mayo de 2021. Disponible en: https://www.moleculasmalucas.com/post/laura-bonaparte-lesbianas-travestis-maricas-y-feministas-te-recuerdan↩︎
11. Entrevista realizada por la autora, mayo de 2010.↩︎
12. Entrevistaron a la APDH, AI, CELS, Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH), Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH), Servicio Paz y Justicia (SERPAJ), Servicio de Asistencia Solidaria Integral al Detenido. Con respecto a Madres de Plaza de Mayo, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas y Abuelas de Plaza de Mayo se les envió una carpeta, adhirieron a sus reclamos y quedaba pendiente una posible reunión. S/R, Informe Anual de la CHA. Buenos Aires, marzo de 1985, pág. 4.↩︎
13. Augusto Conte se suicidó el 17 de febrero de 1992. Carlos lo despidió con esta carta: “Dicen que Augusto Conte ha muerto. No es cierto. Queremos desmentirlo. Hoy por la mañana, vísperas de las elecciones de 1983, defendió los derechos de los gays y las lesbianas. Durante la tarde, en 1985, se entristeció por el rechazo de la Comisión de Asuntos Constitucionales de Diputados de ‘incluir la orientación sexual’ en el proyecto de ley que penaliza la discriminación. Luego, firmó, en 1987, una adhesión para derogar los edictos policiales. Considerando estas actividades, comprenderá Usted que, por la noche, Augusto necesitó descansar. Mañana volverá a estar con nosotros. Le rogamos rectifique la noticia”. C. J. “Conte”, Página/12, 18 de febrero de 1992.↩︎
14. De acuerdo al testimonio de Pampa Mercado “La APDH se fundó por una autoconvocatoria de políticos, intelectuales, sindicalistas y religiosos para hacer frente a la violencia de la banda paraestatal Alianza Anticomunista Argentina, más conocida como Triple A. La primera reunión de la APDH se llevó a cabo en diciembre de 1975 en la Casa de Ejercicios Espirituales que dependía de la Iglesia de la Santa Cruz. Fue convocada por Rosa Pantaleón y asistieron: el obispo de Neuquén Jaime de Nevares, el rabino Marshall Meyer, el obispo Carlos Gatinoni, la doctora Alicia Moreau, Raúl Alfonsín, Oscar Alende, Susana Pérez Gallart, Adolfo Pérez Esquivel y Alfredo Bravo.” (Entrevista realizada por la autora en octubre de 2008).↩︎
15. El CELS fue fundado el 14 de marzo de 1980, por Augusto Conte junto a Alfredo Galleti, Boris Pasik, Emilio Mignone y Federico Westerkamp.↩︎
16. S/R, “La Comunidad Homosexual Argentina”, Grupo Federativo Gay, n.º 2, septiembre de 1984.↩︎