Marea Editorial

LIBROS. Orgullo: Jáuregui en presente, por Mabel Bellucci

Tercera edición de Orgullo: Carlos Jáuregui, una biografía política. Una presentación para volver sobre el activismo sexual argentino y sus resonancias en el presente. Por Lucía Simone

El auditorio del CeDInCI estaba colmado el jueves 20 de agosto, en un nuevo aniversario de la muerte de Carlos Jáuregui, para la presentación de la tercera edición de Orgullo. Carlos Jáuregui, una biografía política, de Mabel Bellucci. La mesa, coordinada por Constanza Brunette, de Editorial Marea, reunió a Bellucci; a Rafael Blanco, investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones Gino Germani; y a Marcelo Ferreyra, histórico activista de la diversidad sexual y cofundador, junto a Jáuregui, de Gays por los Derechos Civiles. María Belén Correa, activista trans y fundadora del Archivo de la Memoria Trans, participó conectada desde Alemania, mientras que la activista feminista y por los derechos sexuales Alejandra Sardá envió desde Uruguay una carta que fue leída durante el encuentro.

Pero si algo atravesó la presentación fue la imposibilidad de pensar a Jáuregui únicamente como una figura del pasado. Primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), fundador de Gays por los Derechos Civiles y una de las figuras decisivas del movimiento de la diversidad sexual en Argentina, su biografía apareció una y otra vez como una intervención sobre el presente y, también, como una forma de preguntarse qué significa militar hoy.

Mabel, Mabela, se ubicó allí desde un lugar particular. Archivista, investigadora y activista queer, al explicar el proceso que la llevó a revisar nuevamente el libro, afirmó: “Por más que siempre escribamos y pongamos nuestro nombre y apellido, siempre la producción intelectual es una producción colectiva”.

Esa posición atraviesa también su relación con Jáuregui. Recordó los tres años en que militó junto a él: tiempos de acciones callejeras, reparto de preservativos, intervenciones en la zona roja y una militancia profundamente política que no renunciaba a la diversión. Al hablar de las causas anti imperialistas y anti coloniales que recupera en esta nueva edición —entre ellas, el compromiso de Jáuregui con la caus Palestina— explicitó además su propio lugar: “yo me asumo como socialista”.

La nueva edición parte justamente de esa voluntad de volver a mirar. Bellucci retoma el libro desde las preguntas y debates del presente, revisando qué aspectos de Jáuregui habían quedado menos explorados y qué nuevas lecturas podía aportar sobre su trayectoria política y militante.

Uno de los desplazamientos de esta tercera edición consiste en incorporar más elementos de su vida personal y de su formación. No para producir una intimidad anecdótica, sino para comprender mejor una decisión política. Carlos tenía formación como historiador, experiencia docente, recorridos académicos en La Plata y Buenos Aires y viajes de estudio a París y Nueva York. Podría haber desarrollado -destaca Mabel- una carrera académica promisoria. Eligió otra cosa: renunció a esa posibilidad para dedicarse enteramente al activismo.

Ese movimiento entre producción intelectual y militancia atraviesa, de modos distintos, tanto al biografiado como a su biógrafa. En Bellucci, la investigación no aparece separada de una toma de posición política; en Jáuregui, las herramientas del historiador se vuelven parte de una práctica militante. Belén Correa recordó precisamente esa característica: su insistencia en que cada hecho político debía inscribirse dentro de una historia, desde el recorrido de una marcha hasta la decisión de hacer salir una bandera desde el Monumento a la Bandera en Rosario.

Rafael Blanco destacó que esta tercera edición amplía especialmente tres zonas: el VIH/SIDA, la construcción de la visibilidad y el orgullo. También subrayó la incorporación de fragmentos del diario personal de Jáuregui, que permiten acercarse a una sensibilidad difícil de recuperar solamente a través de documentos y testimonios de terceros. Para “Rafa”, el libro sigue funcionando como un “artefacto político”: una herramienta para devolver espesor histórico a palabras y prácticas que hoy pueden aparecer naturalizadas.

En la carta enviada desde Uruguay, Alejandra Sardá llevó esa pregunta directamente al presente. Propuso pensar qué puede aportar hoy la experiencia de Jáuregui frente a un mundo que describió como violento y desesperanzado. Su respuesta fue recuperar una militancia audaz, irreverente, capaz de abrir puertas para otros, pero también discutir cierta épica sacrificial del activismo: “que también sobrevivir y vivir bien sea parte de nuestra rebeldía y de nuestro activismo”.

Marcelo Ferreyra retomó brevemente otra de las persistencias que recorre el libro: la necesidad de continuar la lucha contra la discriminación, incluso —o especialmente— en contextos adversos.
Bellucci volvió, finalmente, sobre algunos de los materiales que incorpora esta edición: el impacto de la histórica tapa de Siete Días, los debates dentro del activismo frente a la epidemia de VIH/SIDA, la figura de Roberto “Robi” Jáuregui, una extensa entrevista de Carlos publicada en la revista Acontecimiento y distintos textos inéditos aportados por Ferreyra.

Más que cerrar una biografía, la tercera edición parece volver a abrirla. Bellucci escribe desde los archivos, pero también desde la experiencia militante y desde un presente que obliga a formular nuevamente viejas preguntas. En ese cruce, Jáuregui deja de ser únicamente una figura para recordar. Se convierte otra vez en alguien con quien discutir.

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