Marea Editorial

Margarita García Robayo: "En muchos contemporáneos veo un vuelco hacia cierto conservadurismo"

La escritora colombiana que reside en Buenos Aires recopila en "Primera persona" escritos periodísticos sobre la maternidad, su oficio como escritora y las tramas construidas en su infancia.

Primera persona reúne textos de la escritora Margarita García Robayo que indagan en los roles que la definen a diario -hija, madre, esposa, escritora, amiga- para pensarse desde el conflicto y la tensión entre los mandatos y el deseo, dando lugar a una mirada punzante y honesta construida a partir de su vínculo vital con la escritura. 

García Robayo (Colombia, 1980) dialogó con Télam sobre estos ensayos, publicados por Marea en su colección Ficciones reales, y aseguró que "al momento de escribir, el desafío es siempre preguntarse, indagar, llegar al fondo de lo que se intenta decir con la mayor honestidad posible". 
La autora de las novelas Hasta que pase un huracán, Lo que aprendí y Tiempo muerto, quien reside en Buenos Aires desde hace más de 10 años, recopila en este libro escritos periodísticos sobre la maternidad, su oficio como escritora y las tramas construidas en su infancia. 

- Télam: Los textos que componen el libro fueron artículos que escribió a pedido o a partir de la consignas de una revista. ¿Qué temas o núcleos comunes encontró como narradora? 
- Margarita García Robayo: Fue muy revelador porque me di cuenta de que, más allá de la premisa de cada texto, en cada uno prevalecen mis preocupaciones esenciales, las cosas que miro del mundo y lo que me interesa narrar. Suelen ser temas puntuales, atravesados por la búsqueda de un sentido de pertenencia que nunca termina de forjarse ni definirse. La idea de compilar los artículos fue de una editora en Colombia, pero eran muchos y al principio me costaba encontrar algo que los amalgamara. Bastó empezar a releerlos para darme cuenta de que tenían una unidad conceptual muy clara, que tenía que ver con esa indagación permanente por el sentido de las cosas. 
- T: ¿Qué desafíos encuentra al escribir crónicas o ensayos que se diferencien con el momento de escribir ficción?
- M.G.R.: Hay un nivel de exposición mucho mayor, pero sobre todo porque el registro presupone una identificación plena entre narrador y autor. En muchas de mis ficciones yo parto también de una experiencia personal, pero el pacto de lectura es otro. De todas formas, cuando me siento a escribir no suelo hacer distinciones entre qué es ficción y qué no, porque nunca nada es estrictamente lo uno o lo otro. El género ensayo me parece especialmente atractivo, sin embargo, porque justamente plantea la indagación como método. 
- T: Al leer, tanto la hija como la escritora, la madre, la amante, la amiga y la esposa están en movimiento, construyéndose sin dejar de lado el conflicto, y parece ser el momento de soledad un tesoro que las va ayudando a reflexionar y repensarse.
- M.G.R.: Es algo que puedo identificar en mi vida real, más allá del libro. Como si la sucesión de cosas que llenan los días fuera una suerte de cascada persistente o de tentáculos que te aprietan y te ahogan hasta que, de un momento a otro, te sueltan y te ves sola, al borde de la hipoxia; y ese mareo y esa soledad imaginaria, porque las cosas que te rodean siguen ahí, la sucesión no se detiene, te sirve como filtro para reflexionar acerca de ese entorno. De repente se apagó el mundo y por fin te escuchas a ti misma. 
- T: En un artículo escribe: "pareciera que las nuevas generaciones buscan furiosamente matar a sus padres, sus batallas y conquistas, para volver a parecerse a sus abuelos". 
- M.G.R.: Mi generación es hija de padres que fueron jóvenes en una época en la que la rebeldía era el deber ser. Si tu madre batalló por la píldora anticonceptiva y triunfó, tu batalla ha de ser o bien superadora o bien contrapuesta. Yo lo que veo en muchos contemporáneos, supongo que a falta de ambiciones más grandilocuentes o a lo mejor en un afán por no parecerse a sus padres, es un vuelco hacia cierto tipo de conservadurismo en lo que respecta a la conformación de vínculos: les importa casarse, tener una propiedad, criar hijos y mascotas. Y para algunos eso parece ser lo verdaderamente revolucionario.
- T: Al momento de hablar de literatura y del oficio de la escritura asegura que la curiosidad no puede legislarse pero sí inculcarse. ¿Qué elementos funcionan como disparadores para usted, en ese sentido?
- M.G.R.: Para mí funcionó la lectura, todo tipo de lectura, no solo la canónica, la marginal o la de buena reputación. Leía lo que tuviera a mano porque un poco me fue inculcado y un poco funcionaba como un escape. Pero no creo que sea lo único que te despierta ganas de saber, supongo que hay que estar atenta y ver qué tipo de cosas pinchan ese dispositivo. Puede ser una charla ajena de sobremesa, puede ser un video de Youtube. Cuando digo curiosidad me refiero a cualquier cosa que te genere le necesidad de saber más, de completar lo incompleto.

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