Marea Editorial

Revisión del libro


Aparecido en agosto de 2020, La larga noche de los lápices, relatos de una sobreviviente constituye el primerlibro de Emilce Moler publicado por la editorial Marea. Repartido en 28 capítulos cortos el texto propone elrelato autobiográfico de un pasado que ha sido narrado en numerosas oportunidades a través de testimonios,actos y entrevistas. La escritura como recurso aporta un nuevo soporte que, como señala la autora, se distanciadel nerviosismo de los micrófonos y las multitudes para dar lugar a la pausa, a la reflexión y a los recuerdosque son compartidos con sus lectores y lectoras.La presencia de múltiples temporalidades en cada capítulo propone un recorrido dinámico que entrelazaacontecimientos del pasado y el presente atravesados por objetos, olores y sonidos. La militancia tempranaen la Unión de Estudiantes Secundarios; la detención- desaparición y el traslado al penal de Villa Devotose articulan con la apertura democrática y la marca de un pasado que acompañará la búsqueda de verdad yjusticia en contextos de impunidad o de reparación. El primer tiempo, el de la militancia juvenil en los 70,recupera la mirada de una joven que se encuentra en los márgenes de una decisión importante: asumir elcompromiso de la militancia política. La autora describe las tensiones de una vida que se transforma ante lapresencia de actividades políticas en fábricas y escuelas de La Plata. Profundizar, exiliar, aflojar son debatesque Emilce narra como parte de un proceso complejo en el que la exposición del cuerpo involucra una redafectiva de familiares y compañerxs en un contexto de radicalización de la violencia.En segundo lugar, el momento de la detención - desaparición y su “blanqueo” a disposición del Poder Ejecutivo Nacional con traslado al penal de Villa Devoto. En esta experiencia la autora repone laincertidumbre y el miedo del encierro aunque, también, reconstruye el encuentro con experiencias políticasde mujeres de distintas provincias del país. Devoto es para Emilce, el lento ritmo de una detenida quetranscurre entre la espera, la pausa sin rebeliones ni acontecimientos destacables aunque con pequeñasresistencias a través de aprendizajes, vínculos y cartas amorosas que esquivan el control de la autoridad.En tercer lugar, la libertad vigilada durante la dictadura, la apertura democrática y el testimonio en el juicioa las Juntas. En este apartado se destaca la compleja reinserción a la vida social que la autora atraviesa desdeun exilio forzado en Mar del Plata. La vigilancia permanente y el seguimiento de las actividades operan comodispositivos de control que condicionan la integración en ámbitos educativos, laborales y en la formación denuevos vínculos. La despolitización como mecanismo de reinserción se tensiona ante la apertura democráticay el desafío que señala Emilce de recuperar la iniciativa política y testimoniar, junto a su padre, en el juicioa las juntas militares.Por último, de la resistencia a los indultos en la década del ‘90 emerge paulatinamente, en Emilce, lafigura de sobreviviente. En este reconocimiento que interpela su identidad y que propone una nueva manerade percibir la experiencia, Emilce toma la palabra para disputar los sentidos de las narrativas consagradas,expresadas en el libo y la película “La noche de los lápices”, y denunciar las políticas de impunidad. Durante elgobierno de Néstor Kirchner, con la derogación de las leyes de impunidad y la reapertura de los juicios, Emilcereconoce una nueva dimensión en su discurso enfocado en la construcción de puentes con las juventudesentre las luchas del pasado y los futuros deseados.En paralelo, estas referencias temporales se articulan con materialidades, sonidos y espacios que Emilceutiliza como soporte para habitar el pasado. El cuaderno de tapas rojas que acompañó su estadía en Devoto,la elección de la vestimenta adecuada para una actividad política o el televisor de la infancia en la que Emilcey su familia miraban las novelas, presentan marcas materiales que invitan al lector o lectora a recorrer, no sólola historia política, sino a reconstruir la estética juvenil, los consumos tecnológicos, las prácticas culturales deuna época. En cuanto al espacio, el peso de un exilio forzado en Mar del Plata deja huella sobre la experienciade la infancia y la juventud en la ciudad de La Plata. En esta distancia obligada se pueden observar los procesosde atribución de sentido que Emilce elabora sobre los micros en los que pega obleas de Montoneros o el frentede una escuela en la que reparten y arrojan volantes políticos. Esos lugares, producidos y apropiados por laautora, se integran en la narrativa como puntos de referencia constituidos por sus intervenciones. Por último, la melodía de una zamba, la intermitencia de una radio para aplacar el sonido de la tortura, por ejemplo, secuelan en el texto como marcas sonoras que ocupan un lugar y que producen efectos sobre la autora que sereplican en el tiempo.Si La Noche de los Lápices, como sostiene Sandra Raggio (2017), es un modo de narrar determinadoshechos, reunidos bajo un nombre que los singulariza en acontecimiento; esta autobiografía propone otrosrecorridos sobre ese pasado a partir de un relato que aborda el dolor sin banalizar el terror, el compromisopolítico de una generación, la vida cotidiana de los sentimientos y que reivindica la palabra como prácticapara denunciar, reparar y transmitir. Como desea Emilce, este libro ofrece una caja de herramientas para elintercambio con las nuevas generaciones con la mirada puesta en el futuro.