Hay una foto. Es la única. Y también, la última.
En la imagen, tomada durante la presentación en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires del libro Desprivatizando lo privado, de Mabel Bellucci, Cecilia Lipszyc y María Ginés, Carlos Jauregui —camisa roja, pantalones negros y los inconfundibles anteojos de marco grueso— aparece en uno de los laterales de la mesa. Bellucci está en el extremo opuesto. En el medio se ve al semiólogo Héctor Schmucler, a la psicoanalista Eva Giberti y a la entonces diputada nacional Graciela Fernández Meijide. Son los últimos días de julio de 1996. Semanas después, el martes 20 de agosto, Jáuregui moriría.
“Carlos hizo una presentación hermosísima. Relacionó la homosexualidad con el aborto, por la clandestinidad de los cuerpos. Nos fuimos a cenar y nos quedamos hasta la madrugada hablando, entre otras cosas, de la crítica feroz que había hecho el Toto Schmucler al libro. Después, no lo vi más. Nunca le pedí esa ponencia. No pensé que iba a morir tan rápido”, cuenta Bellucci.
Treinta años después, esa única foto que Mabel conserva de Jáuregui, en uno de los estantes de su biblioteca personal —en el mismo departamento que compartieron durante el verano del 95—, tiene algo de epílogo involuntario. Es, además, una puerta de entrada a Orgullo, la biografía política de Carlos Jáuregui que acaba de volver a escribir, por tercera vez.
Orgullo reconstruye la vida personal y la militancia política de Jáuregui durante los años 80 y 90: desde la razzia en el boliche Balvanera que dio origen a la Comunidad Homosexual Argentina, en abril de 1984, hasta la fundación de Gays por los Derechos Civiles, en 1991, y las primeras Marchas del Orgullo porteñas, realizadas desde el 3 de julio de 1992. La primera edición apareció en 2010; la segunda, ampliada, en 2020. Ahora, a treinta años de la muerte de Jáuregui, vuelve a las librerías, revisada y mucho más extensa, como parte de la colección “Historia Urgente” de Marea Editorial.
“Yo siempre me quedé con ganas de seguir escribiendo. En julio del 2024 estaba en un congreso en la universidad de Santa Catarina, en Florianópolis, y asistí a un taller de homosexualidades. Un hombre que había comprado el libro en Buenos Aires me reconoció, se me acercó y me presentó a todos. Quedé muy sorprendida. Si un libro publicado hacía más de una década seguía circulando, entonces todavía tenía actualidad. Así fue que decidí volver a escribirlo”, dice Bellucci.
Lo que la autora encontró al revisar el material fue que faltaba mucho. Escribió entonces unas seiscientas páginas que, en su versión final, se acortaron a poco más de la mitad. No se trató de corregir la primera ni la segunda edición para acercarla a una supuesta versión definitiva. Bellucci no cree en esa idea.
La flamante edición de Orgullo incorpora temas, testimonios y nuevo material de archivo.
Trabaja en profundidad la epidemia del VIH, no solamente como parte de los últimos años de Jáuregui sino como experiencia política de toda una generación. Y en ese marco reconstruye las discusiones entre las agrupaciones sobre la manera de visibilizar el tema; qué significaba, por ejemplo, convertirlo en un problema de salud pública. Allí aparece también la figura del hermano de Carlos, Roberto, primera persona homosexual en visibilizar su estado serológico en la Argentina, a quien Bellucci dedica un amplio capítulo.
En los anexos se presentan textos inéditos de Jáuregui aportados por Marcelo Ferreyra, a cargo del epílogo del libro. También hay un artículo sobre la solicitada en solidaridad con Palestina publicada en Página/12 en enero de 1988, y otro que analiza el número de la revista Siete Días del 23 de mayo de 1984, en cuya tapa se ve a Jáuregui abrazando a Raúl Soria bajo el título “El riesgo de ser homosexual en Argentina”.
“Esa edición logró romper el manto de silencio en torno a la persecución y discriminación de los homosexuales. Es un capítulo central de la visibilidad en el Río de la Plata”, señala Bellucci.
Aparece también un material particularmente significativo, una entrevista a Jáuregui realizada por Raúl Cerdeiras publicada en 1994 en el número 7 de la revista Acontecimiento. “Es la entrevista más extensa que le hicieron a Carlos y es especialmente interesante porque no son declaraciones sobre la coyuntura inmediata, como muchas otras que él daba a todo tipo de medios, aún los más sensacionalistas, sino que desarrolla posiciones teóricas sobre el movimiento gay y lésbico, habla de sus experiencias en París y Nueva York en los primeros 80, y también de teoría queer”, explica Bellucci.
Se trata de un material que permite recuperar otra dimensión de Jáuregui. No solamente al activista que aparecía en los medios, que negociaba, discutía y articulaba con otros, también el hombre que pensaba en la construcción de un proyecto.
Para Bellucci, ese proyecto era la comunidad.
“Carlos no llegó a ver consolidado aquello que había contribuido a construir. Su objetivo era articular a todas las minorías, a pesar de las diferencias, las disputas y las tensiones”.
Tal vez por eso uno de los conceptos que más se repite en la conversación con la autora, y que en el libro tiene su propio apartado, sea “entrismo”.
Bellucci la usa para contar una práctica militante: entrar en espacios ajenos, incomodar, abrir una puerta para que aparezcan otros. “Carlos nunca iba solo a ningún lado”, enfatiza Bellucci. “Si lo invitaban a la televisión, llevaba a otro gay, a una lesbiana, a una trava. No estaba interesado en hablar en nombre de los demás sino en hacer que los demás pudieran hablar”.
Para la autora, esta es una de las características políticas más singulares de Jáuregui: la capacidad para construir alianzas sin apropiarse de las demandas de otros. “Cuando las travas traían sus problemáticas, Carlos no pretendía absorberlas en una organización mayor. Proponía un diálogo conjunto desde sus propias agrupaciones”.
Carlos Jauregui hizo de las coaliciones una práctica política. Y esa idea es quizás una de las razones por las que Orgullo vuelve a publicarse a tres décadas de su muerte. Porque Bellucci no propone mirar a Jáuregui para encontrar una respuesta prefabricada al presente. Cuando se le pregunta dónde estaría parado hoy el activista, se niega a imaginarlo. No quiere atribuirle posiciones que no puede conocer. Habla, en cambio, de lo que sí puede recuperarse: una experiencia.
“En el atrás de este libro están las luchas de los años ochenta y noventa, la democracia recuperada, las alianzas con el movimiento de derechos humanos, los feminismos, las disputas internas, el VIH y el Sida, las primeras apariciones públicas de las travestis, la construcción de una comunidad que todavía no tenía todas las letras que después tendría. Y hacia adelante está el volver a mirar, para no olvidar, los caminos ya transitados. Hay que volver al archivo de las militancias porque allí hay experiencias acumuladas, formas de hacer política que es necesario recuperar.”
Así, a treinta años de su muerte, Jáuregui no vuelve solamente como una figura de la memoria. Vuelve como una experiencia política que todavía tiene preguntas para hacerle al presente: cómo pensar, cómo escuchar, cómo articular, cómo construir allí donde parece imposible.
Y Orgullo, como un archivo vivo y punto de partida para construir futuro.
“La historia no es un pasado sino una dimensión activa del presente”, escribe Bellucci en el prólogo de esta nueva edición.
Orgullo. Una biografía política de Carlos Jauregui, de Mabel Bellucci. Colección Historia Urgente. Marea Editorial. Presentación: jueves 20 de agosto 18h en el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI), Rodríguez Peña 356, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Participan: Marcelo Ferreyra, Alejandra Sardá y María Belén Correa, junto a la autora. Coordina: Constanza Brunet.