Marea Editorial

“Hay que evitar caer en las extorsiones del contrabando del dolor”

El sociólogo presenta una compilación de artículos de intelectuales, militantes y periodistas israelíes que rechazan la brutalidad del gobierno de Netanyahu a la vez que condenan sin matices la violencia criminal de Hamás Por Bárbara Schijman

“Este libro es producto de la conmoción que me produjo lo acontecido el 7 de octubre de 2023 después de la horrenda y criminal masacre perpetrada por Hamás y todo lo que siguió después. La fecha del 7 de octubre es el día de los masacrados por Hamás y los secuestrados que se convirtieron en rehenes. Pero también es el comienzo de la más grande tragedia palestina en términos de víctimas y destrucción”, dice el sociólogo Guillermo Levy, compilador de Sobre los escombros de Gaza. Del ataque de Hamás a la destrucción planificada. Voces israelíes contra la guerra (Editorial Marea, 2025).

El libro, de reciente aparición y que será presentado el próximo lunes 15, reúne intelectuales, militantes y periodistas israelíes que “rechazan la brutalidad del gobierno de Netanyahu, la ocupación perpetua y el racismo institucional que han convertido a Gaza en tierra arrasada; pero también condenan sin matices la violencia criminal de Hamás y su fanatismo teocrático”, explica.

Entre las voces que componen el libro hay relatos de sobrevivientes del 7 de octubre; miembros de kibutz arrasados; crónicas de artistas palestinas y judías-israelíes que capturan en obras plásticas el duelo por los niños y niñas asesinados en Gaza y el dolor en la espera de la vuelta de los secuestrados; fotógrafos que documentan la crueldad de la ocupación; análisis económicos e históricos que recorren Gaza y Cisjordania; una radiografía de la derecha israelí; y “resistencias que buscan ser visibilizadas para rescatar un judaísmo humanista y universalista que no acepta la destrucción ni la matanza en nombre del judaísmo”.

Levy es profesor de la carrera de Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y capacitador docente en la temática de genocidio y sus abordajes didácticos. Dirigió diversos proyectos de investigación, entre ellos, el relevamiento nacional “Escuela y Memoria”, realizado entre la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y el Ministerio de Educación, durante 2015. Es compilador, junto con Daniel Feierstein, del libro Hasta que la muerte nos separe. Poder y prácticas sociales genocidas en América Latina (2004); y autor y editor del libro de entrevistas Del país sitiado a la democracia. Diálogos a los 30 años (2013). Escribió, además, De militares y empresarios a políticos y CEOS. Reflexiones a 40 años del golpe de 1976 (2016); La caída. De la ilusión al derrumbe de Cambiemos (Marea, 2020); y Ensayos urgentes. Para pensar la Argentina que asoma (Marea, 2025).

-¿Cómo surge el libro y cómo seleccionó a sus autores?

-Es un libro de compilación de trabajos que surgió con la idea de visibilizar voces de Israel identificadas con lo que en Israel se llama “el campo de la paz” y absolutamente críticas a lo que está haciendo el gobierno de Israel en Gaza y Cisjordania. Mucha de esta gente conduce espacios de militancia importantes en Israel. La obra tiene la originalidad de darle voz a un Israel diferente al que aparece en los medios, más vinculado a una posición no solo a favor del gobierno, sino también de esta guerra de destrucción en Gaza y expulsión por goteo de los palestinos de Cisjordania. La presencia argentina en el libro es grande: de los diez textos de israelíes que contiene este libro, ocho son de personas que emigraron a Israel desde la Argentina en la década de los setenta, la inmensa mayoría, con muchísimos ideales sionistas y humanistas. Solo dos textos son de israelíes de nacimiento. Son personas que se fueron del país en la época de la dictadura y algunas inclusive antes. Sentí que era necesario buscar un lugar que no sea especulando por miedo a qué me van a decir y qué no me van a decir si digo una cosa o la otra.

-¿En términos de la posición binaria que suele aparecer en el debate?

-Los textos, todos, rompen las posiciones binarias; eso busqué con el libro. En Israel eso es muy difícil por toda la historia y por toda la formación de la identidad de Israel, por lo menos para una gran parte de los israelíes.

-¿Cómo resolvió esa complejidad?

-No es solamente una cuestión de calificación. Digo que es guerra y es genocidio. Hamás es un poder político y militar con implantación territorial y capacidades militares y logísticas superiores a las de muchos Estados nacionales -al menos hasta el 7 de octubre-, pero esta guerra tiene otros objetivos, que no tienen que ver solo con la limitación o la disminución del poder militar de Hamás, sino con la venganza, la recolonización, la destrucción planificada y la limpieza étnica; una cantidad de cosas que ubico en el marco de un genocidio e infanticidio también. Lo más importante del libro son las personas que hablan, que no piensan todas igual. Entre los autores está Pedro Goldfarb, docente y víctima del 7 de octubre, que pasó varias horas escondido mientras Hamás destruía su casa y asesinaba a sus vecinos y amigos. Semanas más tarde sus alumnos le dijeron: “Después de vivir lo de Hamás, suponemos que ya no piensa lo que pensaba antes”. Él respondió: “Al revés, ahora soy más de izquierda que antes”. Hay convicciones que reafirmó después de la masacre que sufrió. En el libro se intenta denunciar la doble extorsión.

-¿A qué se refiere con “extorsión”?

-Si uno dice que lo que Israel hizo en Gaza es genocidio, no puede hablar de Hamás ni del 7 de octubre. Y si uno habla de la masacre del 7 de octubre, no puede decir nada de lo que hizo Israel después. Lo que planteo es que hay que decir todo sin construir banalización ni teoría de los dos demonios ni dejarse acorralar. Lo que hizo Israel es un genocidio y le doy la particularidad del infanticidio también.

-¿Cómo surge esta categoría de infanticidio?

-Surge a partir de la cantidad de chicos muertos y de advertir que no hay ningún niño en Gaza que no esté absolutamente marcado por la experiencia traumática de esta destrucción. O sea, el que no murió, el que no perdió una pierna, un hermano, los padres... Hay 4000 chicos que no tienen padre o madre, o que perdieron a los dos; hay más de 1000 que no tienen una extremidad. Es una experiencia absolutamente traumática para toda una generación de niños que están paridos en la política a partir de la experiencia de lo que vino después del 7 de octubre. Entonces, me parece que ahí hay una particularidad. Ahora, no se puede dejar de señalar que Hamás expresa algo totalmente retrógrado y que no tiene nada de emancipatorio para su propio pueblo ni tiene algún componente para que la izquierda internacional lo levante. Si bien el palestino es un pueblo oprimido, y víctima de estos ochenta años, estos grupos tienen proyectos absolutamente teocráticos y retrógrados, y no tienen ningún tipo de cuidado hacia su propia población, porque el ataque del 7 de octubre no iba a terminar de otra manera que con una masacre como la que siguió con el gobierno más de derecha de la historia de Israel.

-Hay quienes sostienen -incluso cierta dirigencia de la derecha de Israel- que el crecimiento de Hamás durante el siglo XXI es en parte producto de una estrategia política de ese país. Esta idea también aparece en la obra. ¿De qué manera contribuyó a ese fortalecimiento?

-No hay manera de que los palestinos tengan perspectiva con una conducción como la de Hamás. Israel, sobre todo bajo los gobiernos de Netanyahu, ha jugado a la división del mundo palestino. Por un lado, señala que hay un sector más secular y negociador, pero que es corrupto y lo debilitan, impidiendo mostrar a la población palestina que hay una alternativa al sometimiento. Por otro lado, está Hamás, que obviamente no tiene ningún interés en propuestas de solución como la de dos Estados pero que durante estos años le sirvió a Israel para mostrar “que no hay con quien hablar”. Para Hamás, esa tierra es islámica y no hay lugar para los judíos. Su programa es abiertamente eliminacionista. Así como los talibanes le sirvieron a los norteamericanos contra los soviéticos en Afganistán, el Hamás le fue útil a la derecha israelí. Por lo menos hasta el 7 de octubre.

-El libro está dedicado a dos personas que “representan esta tragedia iniciada el 7 de octubre”. Una de ellas, Hind Rajab, una niña de cinco años. ¿Por qué dice que le recuerda a Ana Frank?

-Hind Rajab es conocida porque su historia se convirtió en película. Tenía cinco años cuando su voz en árabe se hizo viral, después de pedir ayuda desde el auto en el que estaba, junto a su familia muerta. Sus gritos pidiendo auxilio lograron que se acercara una ambulancia con paramédicos, que también fue atacada. A los pocos días, todos fueron encontrados muertos. La grabación del audio de esta niña sobrevivió en la memoria de muchos y, más tarde, se hizo una película sobre su historia, que refleja la de tantos niños y niñas. Por eso en un momento dado, digo -como una provocación-, que es como la Ana Frank, la niña que deja su testimonio del horror.

-¿Por qué una provocación?

-Provocación para las “conciencias sensibles” que solo ven víctimas inocentes de un lado o de un color y también diferenciación respecto de la comparación que muchos hacen con el genocidio nazi. Esto no es el genocidio nazi; esto es otra cosa. Esa comparación es buena si uno se pregunta qué quiere tomar. Hay cosas interesantes para ser pensadas en la comparación, pero deben ser pensadas con seriedad, sin contrabando político, sin contrabando ideológico, sin caer en una instrumentalización del dolor.

-¿Qué sería caer en ello?

-Decir: “Las víctimas de Auschwitz ahora son los que matan niños palestinos” es una aberración. Primero, porque no son las víctimas; las pocas víctimas que están vivas tienen más de 90 años y no participaron de esto; sus hijos, nietos y bisnietos no son más del 20% de los judios israelíes. No sabemos si hay alguna posición diferenciada de ellos en relación a la mayoría de los israelíes que uno supone que apoyan en general el belicismo del gobierno. Nadie relevó eso. Me parece que es una utilización de lo mismo que hace Israel cuando dice: “Nosotros somos las víctimas y podemos volver a ser las víctimas de un nuevo Holocausto”. Por eso digo que hay que evitar caer en las extorsiones del contrabando del dolor. Sin dudas, el libro me interpela en mi identidad judía. Se ha derechizado tanto el mundo, tanto Israel y la identidad judía, en el marco de estos tiempos, que me pareció imperioso rescatar un judaísmo humanista, un judaísmo universalista, un judaísmo que no acepta la destrucción ni la matanza de niños en nombre del judaísmo. Para muchísimos el judaísmo no tiene que ver con esto. En un punto, quienes escriben en el libro son un poco profetas de estos días, expresan esa voz judía que viene de un judaísmo diferente al que intenta expresarse en el gobierno de Israel y en muchas conducciones comunitarias judías fuera de Israel. A veces me pregunto qué dirían ciertos nombres de la historia de lo que estamos viviendo.

-¿En quiénes piensa, por ejemplo?

-Los héroes que resistieron al Gueto de Varsovia, ¿qué dirían sobre la guerra de Gaza? ¿Primo Levi? ¿Hannah Arendt? ¿Albert Einstein? ¿Emanuel Levinas? Seguramente se sorprenderían ante las acciones de quienes hoy gobiernan Israel, acciones que no tienen nada que ver con la resistencia de los judíos en Europa ni con el rico legado cultural del mundo ídish. ¿Qué dirían de todo esto? ¿Diríamos tan abiertamente que ser judío significa apoyar sin cuestionamientos cada acción de Israel y que criticarla, incluso hablar de genocidio, es prácticamente ser un antisemita o un acto de traición? ¿Alguien puede señalar a Goldfarb de antisemita? Perdió a muchos de sus amigos en el ataque del 7 de octubre y estuvo en un búnker siete horas esperando que los de Hamás no lo encontraran. ¿Qué se le puede decir a este tipo? ¿Que está en contra de los judíos o de Israel por que después del horror dice que ahora es más de izquierda que antes?

-¿Qué lectura hace de ese tipo de posiciones?

-Me parece que esa presión es una forma de extorsión, muy propia del fascismo contemporáneo, y que es necesario denunciar. ¿De verdad hay quienes piensan que a Netanyahu habría que condenar y meter preso por un caso de corrupción? ¿Nadie va a decir que sus acciones y las de su gabinete constituyen crímenes de lesa humanidad? Es necesario poner las cosas donde tienen que estar. En lugar de que lo haga La Haya, sería un gesto para la democracia israelí frente a los palestinos decir: “Nosotros vamos a jugar acá”. Todavía no hay una fuerza suficiente para que eso ocurra, pero al menos que una minoría lo ponga en agenda. Este libro va en esa dirección. Los autores protestan y levantan la voz en el territorio, pero también la mayoría lo hace desde una identidad judía por la que consideran vale la pena luchar. En el fondo, creo que necesité hacer una especie de reivindicación de Israel con el libro también.

-¿Por qué habla de “reivindicación”?

-No del Israel de Netanyahu, sino de mostrar que acá hubo otro proyecto de Israel y un montón de gente que militó y que milita en contra de la ocupación y el supremacismo. Quiero dar visibilidad a eso, también, para los que hacen generalizaciones permanentes. A mí también me molesta cuando dicen “Israel fascista”. Por eso quise hacer este libro con estas voces. Porque Israel no es todo lo mismo por más de que las voces que se reflejan en el libro hoy son minoría. Es como una confesión en el marco de mi formación judía y sionista de toda la vida, decir: “Necesito poder rescatar algo de Israel en todo este caos”. Y encontré a estos militantes; lo que ellos representan también es Israel y también es lo judío. El libro les va a molestar a quienes sostienen lógicas binarias de una pobreza ética e intelectual que me subleva. Se puede decir que acá hay genocidio e infanticidio y repudiar absolutamente sin matices el 7 de octubre desde una mirada judía humanista y desde una concepción claramente de izquierda. Decir, al mismo tiempo, que alguien tiene que pagar por esto. La democracia israelí se va a poder salvar el día que pongan en el banquillo de los acusados a estos tipos por los crímenes contra los civiles palestinos, no por actos de corrupción.

Guillermo Levy presentará el libro “Sobre los escombros de Gaza” junto a Camila Baron, Ariel Feldman y Ricardo Aronskind, con la moderación de Sergio Rabec. El lunes 15 de diciembre, a las 18, en Lavalleja 180, CABA. Organizan Sholem Buenos Aires y Marea Editorial. Actividad gratuita con inscripción previa: https://surl.lt/drolyw