“Dentro de la prosa el cuento es el género más exigente y lúcido, por muchos motivos. Cortázar lo explica muy bien, sobre todo cuando lo asemeja a una esfera donde nada sobra y nada falta”, dice Luisa Valenzuela durante la entrevista a propósito de su reciente libro Cambio de armas y otros cuentos políticos. De pronto, resulta inevitable preguntarse si esta nota no debió comenzar justamente con lo que Julio Cortázar opinaba sobre los cuentos de una de las autoras fundamentales -en el más cabal sentido de la palabra– de nuestro país: “Los libros de Luisa Valenzuela son nuestro presente, pero contienen también mucho de nuestro futuro; leerla es participar en una búsqueda de identidad latinoamericana que contiene por adelantado su enriquecimiento. Leerla es tocar de lleno nuestra realidad”.
Hay destinos literarios y seres que parecen venir al mundo con la literatura encima. “Mi madre, Luisa Mercedes Levinson, Lisa, fue una gran cuentista y me crié leyendo cuentos. Y con un cuento entré en la literatura al escribir Hesse canto, a los diecisiete años, publicado año después en la revista Ficción y luego levemente pulido y retitulado Ciudad ajena”.