Esta mujer es mía y me la quedo y si quiero la salvo y salvarla no quiero, solo tenerla para mí hasta sus últimas consecuencias. Por ella dejo las condecoraciones y entorchados en la puerta, me desgarro las vestiduras, me desnudo y disuelvo, y solo yo puedo apretarla. Y disolverla.
A 50 años del inicio de la última dictadura argentina, Marea recupera uno de los libros más importantes de Luisa Valenzuela: una colección de relatos que no solo narró el horror, sino que se atrevió a hacerlo mientras el horror estaba ocurriendo.
Mucho antes de que pudieramos nombrar con precisión los crímenes del terrorismo de Estado, Valenzuela escribió historias casi proféticas, atravesadas por el miedo, el control, la violencia y la desaparición sin abandonar nunca la complejidad ni la ambición estética que la convirtieron en una de las escritoras icónicas argentinas.
El flagelo derramado sobre el cuerpo de las mujeres alcanza su propio lenguaje dándole voz a la experiencia íntima del terror; por eso esta obra sigue resultando tan perturbadora como necesaria.
Hoy, cuando cobran poder los discursos que relativizan o reivindican los peores capítulos de nuestra historia, Cambio de armas embiste con toda su fuerza.
Porque acá siguen pasando cosas raras…
Los libros de Luisa Valenzuela son nuestro presente, pero contienen también mucho de nuestro futuro; leerla es participar en una búsqueda de identidad latinoamericana que contiene por adelantado su enriquecimiento. Leerla es tocar de lleno nuestra realidad.
— JULIO CORTÁZAR
Lo extraordinario de las novelas de Valenzuela es que el origen de sus ficciones es la realidad más inmediata y palpable de la Argentina durante su época más oscura.
— CARLOS FUENTES
Luisa Valenzuela en su tarea literaria lleva publicados casi cuarenta libros entre novelas, ensayos, volúmenes de cuentos y de microrrelatos por los cuales ha recibido numerosas distinciones, como la Medalla Machado de Asis de la Academia Brasilera de Letras, la beca Guggenheim, el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (2017) y el Premio Carlos Fuentes (2019). Su vida periodística también ha sido igualmente productiva. Comenzó de muy joven escribiendo notas para las revistas Atlántida y El Hogar. En Francia, entre 1958 y 1961, fue corresponsal ocasional del diario El Mundo y del Suplemento Gráfico de La Nación. Fue la primera periodista nombrada redactora en dicho diario, con cuya Revista La Nación siguió colaborando por años. La lista de medios en los que publicó es extensa y abarca desde Tía Vicenta o Autoclub hasta el New York Times y el Village Voice, pasando por Crisis, La Opinión y Página/12. A principios de los años setenta fue redactora estrella de la revista Gente y, luego, fue columnista de El Cronista Cultural, La Nación Revista, y diario Perfil. Tras un largo intervalo, en 2020 retomó el periodismo en las columnas de El Cohete a la Luna.
Con Marea, ha publicado La mirada horizontal (2021), una compilación de sus mejores textos periodísticos, y Los tiempos detenidos (2022).