Marea Editorial

Nueva edición de La mamacoca, novela póstuma de Libertad Demitrópulos

Críticas del criticado (tercera entrega) Por Santiago Alonso

Se puede argumentar que existen dos tendencias opuestas en la literatura. Una que pone el acento en el tema, la historia, el argumento, aquéllo que se desea contar, el contenido, el qué. Y otra que tiene como principal objetivo la forma, el cómo, de qué modo se cuenta, se dramatiza o se poetiza. Algunas/os críticas/os explican que en esta segunda tendencia el tema es el lenguaje. Entre estos dos polos existen millares de obras que tienden más hacia uno o hacia otro o toman de ambos abrevaderos.

Podría decirse, asimismo, que el cuento clásico y la primera etapa de la novela realista del siglo XIX (Balzac, Dickens, Stevenson, etc.) son obras donde el/la protagonista está totalmente caracterizado/a, sus avatares están claramente narrados y conducen a un final concreto, que de algún modo, cierra la historia y satisface al/la lector/lectora que detesta los finales abiertos.

La mamacoca y Río de congojas, las dos novelas de Libertad Demitrópulos que tuve la suerte de leer, pertenecen a este segundo grupo. En primer lugar, es necesario destacar el interesante trabajo que realizó la autora con el narrador ¿o la narradora? Quien, además de narrar la historia en tercera persona, se dirige a uno de los personajes principales: Saúl Sombra o S. S. A quien Florencia Abbate -autora del prólogo- vincula al nefasto presidente de nuestro país en ese entonces, Demitrópulos escribió esta novela en 1994 y se publicó póstumamente en 2013. Ese recurso literario de dirigirse a un usted, creando así un interlocutor directo, el narcotraficante que se torna Gobernador, crea un diálogo íntimo, aunque sin tutearse, entre la persona que narra y quien escucha su narración: “Para hablar con usted”.

En segundo lugar, es destacable el trabajo lingüístico llevado a cabo en esta novela por Demitrópulos. Lo poético de su narración nos deslumbra una y otra vez: “arrastrarse como gato pisando las escaleras del aire, las negruras”, “su firma como el dibujo de un sueño interrumpido”, “la selva engañosa del silencio”, “Los caminantes marchan adivinándose la marea de sus cuerpos”, “miran la noche estirada por una ligera lluvia”, etc. Asimismo, debe reconocerse el uso de nombres y otras palabras regionales, como chalchalero (zorzal) o acuyico (bolo de coca que se forma en la boca al mascar la misma) y el uso de casticismos que, en muchos casos, son habituales en el noroeste argentino, como amancebada. Por otro lado, está muy presente la utilización de recursos poéticos y narrativos que dan al texto una innegable complejidad de matices y sentidos que se superponen.

Después, claro, está la historia y los personajes que le dan vida. La narración se va desarrollando en capas que se entretejen y personajes que se van encontrando, muchas veces hasta la muerte. Uno de los temas de la novela es la venganza de Justina, después la Loba, nieta del narcotraficante Justo Pastor, asesinado por su contrincante en el negocio de la cocaína, el símbolo del mal, a quien no le importa entregar a su propio hijo a los fuegos del infierno: S. S. o Saúl Sombra. En este personaje se muestran las redes de este poder absoluto, aunque regional, que empieza con un prostíbulo, pasa a una red de prostíbulos, luego al tráfico de cocaína y maneja los medios, los bancos, los jueces, los políticos y, finalmente, se entroniza como Gobernador de la provincia.

A su alrededor, aparecen otros personajes que son sus servidores y aliados o que intentan ser sus oponentes. Entre estos últimos, figura la hermosa monja alemana Annelise Stoker, quien se interna en el Impenetrable y crea una misión con los habitantes originarios del lugar, que contiene una cooperativa, una escuela, etc. Ella, que además rechaza el amor de S. S., es perseguida y encarcelada por este.

Entre la gran variedad de personajes que despliega la novela, es necesario destacar al periodista Julián Domínguez, que escribe en un pasquín llamado El Tábano y que comienza su labor para denunciar los delitos de S. S. al escuchar las palabras de Annelise, cuando es liberada por quien la metiera presa e invitada a la Gobernación por esa misma persona. Pero, al llegar a sus puertas, en lugar de entrar, lo denuncia frente a los periodistas que la esperaban. Todos estos eran servidores de S. S., menos Julián Domínguez. Su investigación continúa con la entrevista a la Badaja, una hermosa mujer que fuera amante de Justo Pastor, a quien se la arrebató S. S. y que dejará atrás su pasado corrupto para unirse a la monja. Finalmente, el periodista se conectará con la Loba.

Ella, Justina Pastor, luego la Loba, en su afán de vengar a su abuelo se torna narcotraficante y, después, acepta el ofrecimiento de S. S. para ocupar su lugar en el búnker del Impenetrable, desde donde maneja el tráfico de cocaína. Ya que, Saúl ahora quiere ser un honesto Gobernador. En su refugio del Impenetrable, S. S. construyó una estatua de su ídolo Elvis Presley. Luego de mucho tiempo de estar allí, la Loba decide dinamitarlo y en su interior encuentra los papeles y el libro de S. S. con todas sus memorias.

Por otro lado, como una nota al pie dentro de la narración principal, la autora toma a dos bandidos rurales correntinos del siglo XX, Isidro Velázquez y Vicente Gauna, y los ficcionaliza dentro de su novela como justicieros de las personas más desplazadas de la sociedad frente a los poderosos que los oprimen.

El final es abierto. En este, la Loba “Abre el bolso y le hace entrega de los papeles y del libro de S. S.” al periodista Julián Domínguez y le dice: “Hay mucho para contar”.