Marea Editorial

"El lado Norita de la vida": la historia de una luchadora por los derechos humanos en su propia voz

A partir de una serie de encuentros y entrevistas, el autor realiza un recorrido por la vida de la Madre de Plaza de Mayo, en la que ella reflexiona sobre su vida y cómo ésta cambió a partir de la desaparición de su hijo

Por Pablo Melicchio

El deseo es el motor de la vida. Y hay deseos que se tornan virales, que insisten, que aparecen cada día, incluso en los sueños, y que si uno no intenta realizarlos, pueden causarnos una toxicidad irremediable. Desde hace varios años deseaba hacer un libro sobre Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Vivimos a cuatro cuadras de distancia y esa vecindad, que incluía cruzarla por las calles de Castelar, potenciaba mi deseo. Por respeto, o más bien por timidez, no hacía más que saludarla, darle un beso, un abrazo, dos palabras. Y en las marchas o manifestaciones, por no profanar lo sagrado que implica cada lucha, la contemplaba a la distancia, fantaseando con el libro. Hasta que Hebe Martínez, su prima y puente para esta historia, le acercó mi novela Las voces de abajo.

 

Norita no solo leyó mi libro, sino que además, ya en el living de su casa, me hizo una emotiva devolución y una reseña escrita y firmada que guardo como un diamante precioso. Ese día fue la previa, el punto de partida de un vínculo que se fortaleció con el tiempo; ese tiempo que puede o no crear las condiciones para la intimidad. Siguieron otros encuentros en los que alargábamos las jornadas hablando de nuestras vidas y de problemáticas que a los dos nos conmovían: la pobreza y el hambre, las drogas, la violencia de género, la precarización laboral y el desempleo, la educación, la legalización del aborto… debo reconocer que fui un alumno privilegiado frente a una maestra particular y amorosa que me conducía pacientemente por la historia del país. Una maestra de la ética y de los derechos humanos que en cada encuentro iba narrándome sucesos históricos en los que ella había sido protagonista. Norita fue, y por suerte continúa siendo, un manual vivo de la historia reciente.

"¿Cómo registrarlo todo? ¿Cómo hacer para que lo que me transmite no quede solo en mi memoria finita y vulnerable, como toda memoria?", me preguntaba cada vez que partía de su casa. Fue entonces cuando una tarde ganó la audacia, el deseo salió de mi boca y le propuse hacer el libro. Para mi sorpresa, Norita me dijo enseguida que sí, pero luego aclaró: "que sea un libro psicológico". Un libro psicológico, implicaba, justamente, lo que yo deseaba escribir. Un libro que hable de ella y con ella. Preguntas. Respuestas. Conversaciones. Asociaciones libres. Silencios. Ir junto a ella, a la par y hasta el fondo de la mujer, de la madre, de la Madre de Plaza de Mayo, y regresar con sus recuerdos y ponerlos por escrito, para que el libro sea una forma de resistencia contra el olvido. Ser un partero de ideas, como un Sócrates en el conurbano. Propiciar un clima para que las reflexiones vayan hilvanándose, como sucede en el espacio de una terapia. Un libro que no sea de informaciones y de datos que puedan rastrearse en las redes.

Sentados frente a frente, en un clima de afecto, de distensión y de confianza, la memoria fue ganándole al olvido y llegaron los recuerdos, las ideas, los sueños, las pesadillas. Entre mates, galletas de avena y pasas de uva y los teléfonos irrumpiendo como niños con hambre, nos movilizó la condición humana y quedó evidente su manera de ser y de estar en el mundo: El lado Norita de la vida. El resultado es un libro conmovedor, que rescata la voz y el pensamiento de Norita, producto del desafío de la escucha y de "hacer caminar la palabra", como bien señala Adolfo Pérez Esquivel, el Premio Nobel de la Paz, en el profundo y emotivo prólogo con el que nos acompañó.

 

El ritual del llamado telefónico. La confirmación de nuestros encuentros en medio de su agenda móvil y superpoblada. Caminar las cuatro cuadras que separan nuestras casas. Y diez largas jornadas de trabajo, que fueron de lo periférico a lo profundo, entre alegrías y angustias, con todo lo vivido y, como no podía ser de otro modo, atravesados por las eventualidades de un país que no permite el descanso, mucho menos para una guerrera como Norita. En la soledad de mi casa, desgrabar lo registrado y escribir, darle forma al libro deseado. Noches de insomnio, dialogando con su voz, con mis propios fantasmas, con la historia de Norita y la del país, con lo vivido, los sufrido y lo soñado, para incluir también, entre nuestras conversaciones, algunos ensayos que hablen de la crueldad, de la locura, de los Jueves de las Madres, del duelo, disparadores para seguir pensando, pensándonos, ahora y siempre.

"Estoy con Pablo, el psicoanalista que está haciendo el libro, pero no es mi psicólogo…", aclaró en más de una ocasión, mirándome con picardía, mientras hablaba con algún interlocutor por teléfono; yo, con los vicios propios de la profesión, cuando cortaba le decía: "No aclares, Norita, que oscurecés". Y sonreíamos los dos. No fui ni soy su psicólogo, pero el libro es, como ella propuso, psicológico, o más bien psicoanalítico. Un libro singular, que rescata la voz de la protagonista, que toma en serio la palabra, los sentidos de lo que se dice, que habla de y con Norita, que se sumerge en su mundo y en su interioridad para rescatar las vivencias y el pensamiento de una mujer que es y será parte fundamental de la historia. Conversaciones con Nora Cortiñas, que condensa casi noventa años, que es una de las referentes más importantes de nuestro pueblo y que el 15 de abril de 1977, cuando secuestraron a su hijo Gustavo de la estación de Castelar, vio su vida dividirse en dos ante la tragedia que la llevó a salir y a convertirse finalmente en Madre de Plaza de Mayo.

Norita: diminutivo paradójico para nombrar a una mujer inmensamente fuerte que logró ser resiliente, y esa es la gran metáfora del libro, su perla, su enseñanza: cómo transformar el dolor en lucha. Ella nos enseña, con su ejemplo de vida, sus actos y palabras, que hay una fuerza vital, la del amor y la entrega por el otro, que puede más que cualquier dolor, incluso el de tener un hijo desaparecido.

 

Los encuentros fueron en su hogar, en su vida cotidiana, entre sus cosas, en una casa repleta de objetos que son extensiones de su memoria; memoria de los lugares transitados, del amor que despierta entre la gente esta mujer profunda en su pequeñez, como un haiku, como la muestra de un perfume, elixir de lucha y resistencia. Norita relata en las páginas del libro su día a día y su incansable lucha por alcanzar un mundo más justo y solidario. Por eso este libro es un manifiesto y un modo de militancia, dialogando con la historia viva, haciendo memoria y reflexionando con su protagonista, para que desde ese pensar no permitamos que retornen los horrores padecidos en el pasado. Las Madres de Plaza de Mayo son las precursoras de una lucha que hoy continúan otras mujeres y otros hombres. Norita es una revolucionaria que se compromete con los seres dolientes, con las personas maltratadas, que está y estará en todos los lugares donde haya alguna injusticia para denunciar. La que dejó el hogar, las presiones del patriarcado, el miedo, y salió a enfrentar al poder dictatorial en busca de su hijo. Y aunque su hijo aún no apareció, ella le infunde vida sosteniendo cada día los ideales por los que su primogénito luchó también. Nora Morales de Cortiñas parió a Gustavo y a Marcelo; Gustavo parió a Norita, la Madre de Plaza de Mayo.

El arte nos puede salvar, lo atestigüé en más de una ocasión. En estos días recibí cartas, mensajes de lectores que me cuentan sus dolencias, que reconocen que muchas veces ingresan en la más profunda desesperación, pero que este libro, me confiesan, las y los invita a retomar la lucha, a no bajar los brazos, a seguir, a pesar del dolor. Porque la vida, nos guste o no, viene con dolores y sin certezas. Porque la vida es, muchas veces, demasiado compleja. Es entonces cuando urge la búsqueda de algunos sentidos, poner el foco en personas que puedan ser nuestras guías, que con sus ejemplos de vida nos enseñen a transformar el dolor en lucha. Es por eso que el libro, al igual que Norita, ya está en la calle, interpelando a los lectores.